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Inteligencia emocional: la importancia de educar en las emociones

Al reflexionar en mi anterior entrada sobre cómo enseñar en la Sociedad del conocimiento, de Andy Heargraves, toqué un tema al que no le concedí la suma importancia que se merece en mi discurso. Concretamente, me refiero, a la hora de hablar de educar teniendo en cuenta todo lo que tiene que ver con las emociones y, en sí, con la inteligencia emocional, término propuesto por Daniel Goleman.

            En este sentido, me parece interesante realizar mis reflexiones, profundizando más sobre este tema y, para ello, he partido del texto de Pere Darder (2009) en el cual se nos habla de la función indispensable que tienen las emociones tanto en la formación personal como en la educación en su conjunto. En el mismo, se nos constata que la presencia y la influencia de las emociones están en todos los ámbitos de la vida de las personas y que la incidencia sobre las mismas mejora la satisfacción y la eficacia personal social y de la convivencia, así como la adquisición e interiorización del conocimiento.

            A este respecto, tenemos que ver y es preciso concebir a las emociones no como algo inamovible y permanente, basado en la propia cultura o en la socialización que hemos tenido a lo largo de nuestros años, sino como algo que se puede educar y reorientar para la mejora de nuestra vida personal y profesional.

            Añadiéndole valor a esta premisa de educar las emociones, es interesante hacer mención aquí a la complejidad en la que estamos inmersos en nuestra sociedad actual y en la que una sociedad completamente abierta presiona fuertemente sobre la personas generándoles inseguridad, malestar, desajustes psicológicos y conflictividad en sus relaciones. Por estas razones, es  imperante la necesidad de que la educación no sólo atienda a la adquisición de competencias puramente académicas o científicas, sino que tenga en cuenta además de los valores para una convivencia democrática, basada en la equidad y la atención a la diversidad, una importante atención a la dimensión personal ( el conocimiento y aceptación de uno mismo y del otro, empatía, autoestima, resolución de conflictos, solidaridad...).

            Todos hemos tratado a lo largo de nuestra formación en Pedagogía, la importancia de educar en valores y en las emociones pero ¿qué son las emociones? ¿a qué nos referimos con inteligencia emocional?. Este texto resolvió perfectamente mis dudas haciendo referencia a que «las emociones se caracterizan como la valoración de uno mismo, de los otros y de la realidad, en función de la vinculación afectiva (me gusta- no me gusta) que se establece.» (Darder, 2009: 188). Además, como sabemos, las emociones son mecanismos de regulación y adaptación para vivir. Ya que son por nuestras propias emociones por las que nos guiamos al tomar decisiones, al regular nuestra conducta e incluso a cambiar personalmente y profesionalmente. Por otro lado, se especifica que el término «inteligencia emocional expresa la capacidad de conducir la propia vida (dimensión intrapersonal) y establecer relaciones constructivas con los demás (dimensión interpersonal)». Todo ello indica que educando las emociones y teniendo en cuenta a la inteligencia emocional, podemos cambiar nuestra forma de vivir de forma más fructífera porque conocemos a nuestras propias emociones y, por lo tanto, a nosotros mismos. Es decir, personalmente, apuesto por tratar ya desde las edades más tempranas la inteligencia emocional ya que, justamente, gracias a la misma podemos manejar nuestras propias emociones y establecer relaciones con los demás de forma que el individuo se comporte de manera asertiva (hablando de forma directa, adecuada y respetando siempre al otro).

            Debo decir, a este respecto que, como sabemos, en nuestro sistema educativo, se ha olvidado la importancia de las emociones en el desarrollo del niño, primando sólo los contenidos teóricos y olvidándonos de que las emociones condicionan todas y cada una de las tareas que desarrollamos todos los días, siendo el desarrollo de la reeducación de las emociones fundamental desde las etapas más infantiles. Por ejemplo, si nos encontramos mal emocionalmente, desmotivados, seguramente no nos apetezca hacer ningún ejercicio o actividad y, por lo tanto, conseguiremos no tener éxito en una tarea que nos habíamos propuesto inicialmente. En este sentido, cuando educando las emociones desde las etapas más tempranas, posteriormente conseguimos controlarlas generando bienestar en el individuo y teniendo relaciones fructíferas con los demás frente al incipiente conflicto que existe actualmente en la propia identidad personal y en las relaciones con los otros, es donde situaríamos a la inteligencia emocional.


imageEs importante especificar que el estudio de las emociones, no es algo causal, sino que está siendo estudiado empíricamente por diversos ámbitos especializados con expertos científicos. A este respecto, actualmente, existen dos campos científicos que llevan actualmente su estudio, como son: las neurociencias y la Teoría de las Inteligencias Múltiples (Gadner, 1995). Por un lado, las neurociencias documentan las conexiones y dependencias entre pensar, sentir y actuar y, por otro lado, la Teoría de las Inteligencias Múltiples (centrada, después de su estudio, en constatar que en el cerebro hay conexiones que se encargan de diferentes aprendizajes: el lenguaje, la música, las matemáticas, las emociones...) se encarga de constatar la existencia del cambio emocional.

Después de esta pequeña reflexión acerca de las emociones, creo que es importante concretar específicamente la necesidad de educar en las emociones en nuestras escuelas como parte transversal del currículo. Es decir, que en nuestras aulas, la formación que reciban los alumnos integren pensamiento, emoción y acción. Con esto, es con lo que estamos refiriendo con el término “educación integral o integrada”, es decir, la personas deben educarse como un todo (atendiendo a todas las perspectivas y aprendizajes que constituyen el cerebro y de las cuales habla la Teoría de las Inteligencias Múltiples) y, las emociones, como sabemos, forman parte de la unidad de ese todo, por lo que no podemos olvidarnos de educarlas también en el individuo. Por lo tanto, debemos priorizar ya desde las edades tempranas una formación personal del alumnado, y de los agentes educativos (profesores y padres) para que éstos puedan desarrollar sus dimensiones afectivas y, así, poder hacer frente a la complejidad de todos los cambios que se suceden a lo largo de la vida de las personas y que el individuo debe asumir evitando el conflicto (depresiones, angustias...) con uno mismo.

En cuanto a la Educación Integral del alumnado, incidiendo en la inteligencia emocional a la que hacía referencia anteriormente, es importante que padres y profesores incidan en diferentes perspectivas que abarcan dicha perspectiva de educar las emociones del alumnado. En este sentido, sitúo varias perspectivas que estos agentes educativos han de tener en cuenta al educar a hijos/alumnos:

En primer lugar, se debe tener en cuenta el “saber convivir”, ya que éste es más importante en el desarrollo personal y social del propio individuo que saber de memoria unos contenidos preestablecidos. Además el aprendizaje desde esta perspectiva promueve en el individuo la empatía con la diversidad, atendiendo a las necesidades del otro y comprendiéndolas, atendiendo y comprendiendo los cambios que se sucedan en la vida del otro, además de tener en cuenta el liderazgo social.

En segundo lugar, tener como premisa principal en el aula y en casa el “Trabajar en equipo, cooperativamente”: así el docente tendrá que tratar con técnicas de trabajo cooperativo en el aula, hacer normas de convivencia compartidas por todos los alumnado mediante consenso (normas de grupo que promueven el respeto mutuo y nos hacen pertenecer a un grupo en concreto que comparte esas normas), ya que sentirnos parte de un grupo como sabemos, nos da sentimiento de pertenencia y, por lo tanto, motivación en la tarea y personalmente.

Por otro lado, atender a la “Competencia cultural y artística”: teniendo en cuenta a la estética (estando a gusto con uno mismo, concibiendo el propio autoconcepto y, autorregulando las propias emociones)

Además, debemos considerar a dos agentes principales del propio individuo como son la autoestima y el autocontrol. Por una parte, la “autoestima”: se refiere a la propia identidad personal, a conocer mis posibilidades, a saber hasta donde soy capaz, ya que si me conozco, ello me generará autoestima (me acepto a mi mismo tal y como soy). Por ello, una premisa principal para ello es que hay que educar al niño generando esto en el alza. Los educadores deben lanzar mensajes: tú vales, eres capaz, tú lo logras, has demostrado que puedes: ello genera autoestima y esfuerzo, posibilidad de logro.

Por otra parte, con relación al “autocontrol”, es importante constatar que éste a veces nunca se llega a lograr, por lo que los educadores deben poner unas normas o unos límites. Es decir, que la persona sea consciente de hasta dónde puede llegar y hasta dónde no. Por ello, hay una dimensión básica que hay que estimar fuertemente, como es la “educación ética” en las aulas, es decir, que el niño sea consciente de saber lo que está bien y lo que está mal, siempre con espíritu crítico. Pero dicho espíritu crítico se cosecha en el alumno, por lo que se debe marcar siempre un diálogo con el individuo, para que éste sea capaz de comprender las cosas que no se pueden por diversas razones, ya que muchas veces no las entienden. Además hay que entregarles a los niños posibilidades de decisión a su nivel (ellos pueden decidir sobre cosas cotidianas, como dejar margen de horas para volver, decidir a dónde quieren ir, etc.), lo que les llevará en el futuro a una mayor autonomía y espíritu crítico de la persona. En cuanto a los mensajes que deben tener los educadores siempre deben ser  “mensajes yo”: (desde mis sentimientos): Yo pienso, yo opino, yo estoy seguro. Esto implica que existe una expectativa positiva hacia el mensaje, ya que éste nunca es agresivo, lo que genera confianza, unión y respeto.

Pero ante todas estas pautas, dentro de la materia la cual nos ocupa como es Formación y Desarrollo del Profesorado, creo importante centrar mi análisis también en la importancia de la educación de las emociones del profesorado, ya que sin esta educación será imposible educar adecuadamente a sus alumnos en el aula. Además, se considera que la educación emocional determina que la orientación del aprendizaje y las relaciones profesor-alumno tengan un signo positivo. En este sentido, parto de la premisa de que si no conocemos las emociones de uno mismo, difícilmente podremos educar las del resto con las que esté implicado. A este respecto, seguiré el texto que nos ofrece Darder (2009) el cual sitúa como fundamental incluir la educación de las emociones para iniciar la formación del profesorado. Para ello, sitúa cuatro premisas básicas en las que se debe basar dicha formación:

  1. Vivir las propias emociones: La singularidad hace que cada uno viva las suyas propias. De este modo es vital que partamos de la que experimentamos personalmente. Dichas emociones me informan sobre cómo puedo responder a las situaciones vividas. Vivir las emociones me permite saber cómo me influyen, inquietan o mediatizan mi vida. La resistencia a vivirlas procede de la desconfianza sobre lo que puedan depararme. Con frecuencia generan culpa porque no diferenciamos entre tener una emoción y actuar según ellas. Se nos ha inculcado que nos arrastran a la acción antes de darnos cuenta de su propia existencia. La atención sobre uno mismo, a través de la calma frente a la acción, permite interrumpir el paso del sentir al hacer.

  2. imageConocer las propias emociones
    : Los efectos negativos de las emociones, con frecuencia nos han alejado de la reflexión de las mismas. Por ello, conocer las causas, los hechos que las originan, las sensibilidades que despiertan, los procesos que desencadenan, aparte de enriquecer nuestra vida, es indispensable para descubrir nuestras reacciones primarias. Conocer las causas nos conduce al descubrimiento de las necesidades vitales básicas o de las expectativas de futuro. Así, el análisis continuado de mis emociones nos conduce a la revisión de los esquemas emocionales (respuestas emocionales adquiridas) y hacerlos congruentes con el proyecto vital.
  3. Regularlas e integrarlas: Controlar las emociones sugiere destacar el carácter negativo de las emociones, sugiere reprimir. Sin embargo, regular significa introducir una pausa entre el sentir y el hacer, para recuperar la calma y la serenidad y reorientarlas. La reorientación consiste en integrarlas, acomodarlas y utilizarlas en función del propio proyecto vital (“lo que quiero hacer con mi vida”). La evolución hacia la madurez humana depende de mi incorporación habitual de este proceso. Abrir nuevos horizontes, replantear correlaciones existentes o posibles se nos ofrecerá como un camino para superar nuevos retos. Todos estos aspectos inciden en la autoestima (valorarse, sentirse capaz), a la que me he referido anteriormente, la cual debe ser la base sobre la cual afrontar la vida y los retos que nos plantea.
  4. Convivir y realizar proyectos conjuntos: A esta dimensión me he referido específicamente anteriormente.image Para remarcar esta visión, el autor nos cita cómo la empatía es una de las capacidades fundamentales de la Inteligencia Emocional. Por lo tanto, la comprensión de las emociones de los otros, puede dar lugar a posiciones distintas que se traducen en utilizarlas para beneficio propio llegando a la aceptación del otro que nos lleva a la cooperación y a la solidaridad. Además, también son vitales las competencias propias de la dimensión interpersonal orientadas al establecimiento de la convivencia (diálogo, respeto mutuo, asertividad...) y que facilitan el trabajo en común. Además, en el aula, con respeto al profesor, al formar al mismo hay que explicarle la vital importancia de la acogida, la escucha y el diálogo como punto de partida para el establecimiento de la relación personal. Hay que remarcar que son las relaciones constructivas y de respeto mutuo las que generan convencimiento y sentido mutuo de la colaboración en convivencia y el trabajo conjunto. Por lo tanto, los profesores deben convencer de que su actuación es fruto del deseo de contribuir a la formación del alumnado, a ayudarles a que se sientan satisfechos y a que puedan conocer, entender y dominar la realidad en beneficio propio y de los demás. En este sentido, deben impulsar la participación del alumno en su propia formación y promover que el grupo-clase organice su funcionamiento, a través de la dinámica de grupos ya que aparte de mejorar la convivencia y el rendimiento, contribuye al crecimiento personal y social del colectivo.

 

Después de este análisis profundo y reflexivo por mi parte, creo que es importante analizar la necesidad de educar en las emociones del alumnado. Si no tenemos en cuenta las mismas, nos estaremos olvidando de una parte fundamental del desarrollo del alumnado, personal y social. Leyes como la Ley para la mejora de la Calidad Educativa (LOMCE) se olvidan de aspectos tan primordiales en la educación de los niños, vitales para su desarrollo y que se debieran concebir desde edades muy tempranas. Porque no debemos olvidarnos que lo importante son los valores, la implicación con el otro o la empatía, el reconocimiento a uno mismo y a su propio proyecto personal, a tener autoestima y a poder convivir en un mundo tan globalizado y complejo como el que nos toca estar al frente todos los días. Por ello, si no tenemos en cuenta las emociones, nuestras emociones, nunca seremos capaces de albergar los verdaderos valores que se deben concretar en sociedades cambiantes y llenas de competitividad.

A continuación, os dejo unos vídeos muy interesantes, que he utilizado tanto en la realización de esta entrada como para aproximarme a un conocimiento más exhaustivo de diferentes técnicas o estudios relacionados con las emociones.

 

 

 

Bibliografía

Darder, P. (2009). La función indispensable de las emociones en la formación personal y en la educación. En De Puelles, M. (2009) (Coord.). Profesión y Vocación docente. Presente y futuro. Madrid: Biblioteca Nueva.

Webgrafía

 (Consultado el 28/10/2013)

 (Consultado el 28/10/2013)

 (Consultado el 29/10/2013)