Profesionalización Docente

     Desde que empezó la impartición de esta materia, hemos repetido una y otra vez las palabras “profesión” y “profesionalización”, pero ¿Cuál es el valor realmente de estas dos palabras? ¿A qué nos referimos? Este es un debate teórico que se está realizando en los últimos, tanto por autores españoles como, sobre todo, por autores anglosajones. Pues bien, la aclaración de su significado se complica si nos referimos a las actividades del profesorado.

    Para comenzar a indagar sobre este tema, veo necesario aclarar estos  conceptos, asique qué mejor que ir al Diccionario de Ciencias de la Educación (1983). En este el término “profesión” viene definido como “Una ocupación que conlleva normalmente, una preparación relativamente larga y especializada en la educación superior y que se rige por su propio código”. Según J.M Esteve, R. Barrios entre otros  (1999)  Reúnen las siguientes características:

  • Formación específica, dirigida y sancionada en su validez                                  
  • Seguimiento de determinadas reglas
  • Aceptación y cumplimiento de un determinado código ético
  • Cumplimiento de un servicio social                                                                                                                                                       

     Por lo tanto el término profesión aunque siempre se refiere a las condiciones sociolaborales, depende en cierto modo de las estructuras sociales o laborales del momento. Si nos referimos al concepto de “profesionalización” y volviendo al recurso del diccionario, podemos decir que se entiende como un proceso de socialización profesional constante tanto en la preparación inicial para una ocupación definida, como en un proceso continuo de búsqueda y perfeccionamiento personal y laboral. En términos generales, siempre la profesionalidad implica unas características  específicas en la persona (cuerpo teórico, dominio de determinadas destrezas, competencias para enseñar, etc.) debidas a la formación y a la experiencia de la persona. Recalco esto ya que me recuerda a mi opinión fundamentada en otras ocasiones, acerca las exigencias de formación de profesorado por parte del gobierno. En numerosas ocasiones cuando pensamos en cómo se trata el tema de la formación del profesorado, llegamos a conocer cómo se fundamenta excesivamente en la realización de cursillos teóricos, pero se olvidan de la práctica, del conocer de lleno cómo se debe actuar ante las nuevas necesidades sociales. Debemos pues pensar en una concepción alternativa a lo que se refiere la formación del profesorado, bajo mi opinión, ahora el profesor desempeña una labor más dinámica, sensible y flexible en los cambios sociales.

     El otro día con el capítulo “¿La vida sigue igual?” de Jordi Évole me conmovió la Directora del Colegio de Barcelona el “Ciutat Meridiana”. Ésta, hablaba de que el tema de los recortes había influido notoriamente en la alimentación de los alumnos, y que seguramente la única comida que realizaban en la escuela (subvencionada por entidades privadas), sería de muchos niños/as, la única completa. Tanto esta profesional, como otros muchos profesores apoyaban la causa, aunque el Estado no le aportase ninguna partida económica para ello. Este es un claro ejemplo, de compromiso con la ciudadanía y con la educación. 



     Casos como este, por desgracia se pueden ver sobre todo en las escuelas públicas donde creo que es muy diferente las adversidades a las que se muestra un profesor/a, en contraste a uno/a que ejerza en las instituciones concertadas o privadas. Siendo esta idea fundamentada a raíz de realizar mis prácticas en una escuela concertada. Donde comprobé que las mayores preocupaciones de los profesionales de la educación, era cómo hacer que el alumnado estudiase, mientras que en la pública de lo que se preocupan (afirmación basada en que siempre estudie en instituciones públicas) es de poder darles esa educación adecuada, y no solo de esto, sino de cómo se ve en el video anterior, colaborar en su desarrollo personal íntegro. Para nada con esta afirmación, quiero desvalorizar la función del profesorado en centros no públicos, sino expresar que sus funciones y necesidades de formación no son iguales, por el mero hecho de que se enfrentan a realidades distintas.

     J.M Esteve y R. Barrios  (1999) afirman que “La formación del profesorado es parte del desarrollo profesional del profesorado, pero no todo desarrollo profesional forma parte de la formación”, esta cita ha llamado potencialmente mi atención. Estos mismos autores y otros siete (realizan la obra conjuntamente) aclaran que si se analiza la vida profesional del profesorado encontramos que su desarrollo profesional varía en función de:


Salario
Situación laboral y carrera docente
Contexto de Trabajo
Situación de clima laboral
Formación

     

     Factores los cuales varían en función del momento histórico en el que nos situemos, ya que las características, los tipos y funciones específicas del profesorado varían conjuntamente con los cambios sociales. Y en relación a esto, y a la profesionalización total del docente, surge el tema de la necesidad de una educación permanente o formación permanente, utilizada muchas veces distintamente, me urge clarificar estos conceptos. Los mismos autores citados anteriormente afirman que la educación permanente incluye todos los procesos de culturalización, (iniciales, adultos, etc) mientras que la formación permanente se acerca más a un perfeccionamiento de conocimientos ya adquiridos. Aún interpretando las diferencias entre conceptos, conocemos como ambos hacen referencia a la necesidad de actualización constante de los conocimientos. De hecho la formación profesional del profesorado tiene como finalidad mejorar las competencias y habilidades (profesionales y humanas), para adecuarse a los cambios sociales. Además ahora que estamos acabando la carrera, deberíamos ser un poco más conscientes de que esto solo ha sido el inicio de una formación constante, ya que el hecho de acabar una carrera universitaria no implica necesariamente que vayamos a encontrar trabajo específicamente relacionado con nuestros estudios, sino que posiblemente tengamos que adaptarnos a un nuevo rol profesional (adaptarnos a las necesidades y cambios sociales), hasta llegar a lo que realmente ideamos.


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     Para adentrarnos un poco más en el tema de la formación profesional docente es necesario adentrarse en las prácticas que se ponen a disposición del profesorado, en el libro de C.Tójar (1997) encontramos en la Universidad de Málaga un innovador proyecto de formación, el llamado proyecto “Teleeducación”. Éste trata de aplicar la telemática a la docencia de un curso universitario de contenido empresarial, concretamente dirigido a aquellos docentes que impartieran la asignatura “Política Económica de la Empresa” en la carrera de ADE. Su finalidad era acercar, tanto a los profesores como al alumnado, al uso correcto de las Tecnologías de la Información.

   Concretamente la experiencia se basaba en que  las relaciones alumno/profesor iban a desarrollarse exclusivamente por vía telemática (e-mail) con disponibilidad de las veinticuatro horas del día. Cada semana planteaba el profesor un tema a desarrollar por el alumno, éste buscaba en la red la información necesaria para la elaboración del trabajo y le consultaba las fuentes al profesorado, éste les guiaba en sus búsquedas además de fomentar en el alumnado el pensamiento crítico ante la información que buscaban. Muy importante destacar que el profesorado durante la duración de esta experiencia estaba recibiendo formación continua en  TICs por parte de pedagogos y así saber gestionar adecuadamente la tarea. Finalmente el estudio demostró que las tasas de satisfacción con el proyecto tanto por el profesorado como por el alumnado, fueron buenas.

    Este proyecto es un claro ejemplo de esfuerzo por actualizar el conocimiento docente, para innovar y adaptarse a los cambios del momento. Pero ¿Qué razones mueven realmente al profesorado a realizar innovación educativa? En el ámbito universitario la respuesta, antes de la LOMLOU (Ley Orgánica de Universidades 2007), podría ser por vocación. Sin embargo, esta ley citada, sugiere la formación del profesorado como un obligación «... las universidades impulsarán la realización de programas dirigidos a la renovación metodológica de la enseñanza universitaria para el cumplimiento de los objetivos de calidad del Espacio Europeo de Educación Superior».

    Sin embargo cuando en la formación interviene la palabra obligación, va emparejado a la baja motivación. De hecho una vez, realizando yo mismas unas Jornadas de Innovación Educativa, me encontré con un viejo profesor mío. Él me decía que estaba prácticamente obligado a asistir, pues en su colegio se precisaba demostrar la insistencia en la formación del profesorado y así poder optar, al sello de calidad educativa en la escuela. Realmente, yo diría que la asistencia a esas jornadas no le sirvió de nada, ya que se pasó leyendo un libro en su E-book, la mayor parte del tiempo. ¿Es esto realmente productivo? Yo creo que al igual que hablamos de la necesidad de motivar al alumnado, también precisamos de la motivación de la docencia. Y para mí, no hay mayor clave para ello como el convencimiento de que dicha formación realmente satisfaga sus inquietudes y dificultades a la hora de impartir clase. 

     Me refiero a que no solo debe ser responsabilidad del profesor formarse, sino de cualquier Gobierno a asegurarse que esa formación realmente les va a ser relevante. Personalmente creo que ello, es difícil cuando basamos la formación solamente en conferencias, asique (conjuntamente a estas) deberíamos invertir la aprovechar la formación de profesionales de la educación (como los pedagogos) para realizar atenciones individualizadas al profesorado, de manera que se puedan conocer realmente las inquietudes de este colectivo, de manera que la formación del profesorado se interpretaría como:


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                                       Fuente:http://www.copoe.org/con-vivencia/imagenes/clip_image002.jp

   

    Otra alternativa para realmente hacer efectivo el tema de la formación del profesorado, es aprender de las llamadas  “Comunidades de Aprendizaje”, donde un conjunto de personas (profesionales o no) aprenden unas de otras. Concretamente Ramón Flecha y Lídia Pulgvent (2011) afirman que se trata de un sistema de transformación de los centros educativos. Está dirigido a escuelas de primaria y secundaria y  tiene como objetivos la superación del fracaso escolar y la eliminación de conflictos. Con esto último se hace referencia a la formación del profesorado, en cuanto hay necesidad de que este sepa responder a los conflictos que se dan hoy en día en la escuela. Esto me recuerda a lo que tenemos estudiado sobre el autor Paulo Freire, (uno de los pedagogos más importantes de este siglo), cuando hablaba de la importancia del diálogo en la Comunidad Educativa, ya que directamente o indirectamente esta influye en el aprendizaje del niño/a. Y ya para finalizar, aquí os dejo un vídeo que ilustra estas ideas.

 


Fuentes:

Barrios, J., Esteve, J.M. et al. (1999) Formación y actualización para la función pedagógica. Madrid: Editorial Síntesis, S.A.

Tójar, J.C. (1997) Innovación educativa y formación del profesorado. Proyectos sobre la mejora de la Práctica Docente en la Universidad. Málaga: ICE/Universidad de Málaga.

http://www.ub.edu/esbrina/docs/proj-tic/paper_malaga.pdf (Consultado el día 4/11/2013)

http://www.uji.es/bin/serveis/use/amb/formacio/PFPDI14ES.pdf (Consultado el día 4/11/2013)

(Consultado el día 4/11/2013)

http://estudios.umh.es/files/2013/06/Programa-de-Innovaci%C3%B3n-Docente-y-Excelencia-Educativa_.pdf (Consultado el día 4/11/2012)

http://www.comunidadesdeaprendizaje.net/pdf/flecha_puigvert_02.pdf (Consultado el día 5/11/2013)