El primer día pasa volando!

Y llegué por fin a mi nuevo lugar de trabajo. Evidentemente nerviosa pues después de tanto tiempo, después de tantas clases, después de todo… allí estaba, ante la puerta del colegio donde iba a ser la psicopedagoga. Era raro, un colegio sin niños siempre es algo extraño, pero antes de que llegaran tenía que hacer mucho trabajo. Conocer a mis compañeros, conocer mi espacio de trabajo, los niños del colegio, las distintas problemáticas ocurridas el año anterior… El objetivo de mi primera semana en el colegio, sin niños, era hacer una breve evaluación sobre las necesidades más inminentes y poder planificar, al menos un poco, como abordarlas. Para ello tenía que hablar con todos los profesores, algunos de ellos ya estaban en la sala de profesores, tomando café y contándose el verano. Qué lástima que no me sonara ninguna cara, yo durante la primera hora fui presentándome a todos apoyada por mi gran sonrisa! Finalmente, después de todas las presentaciones, formales e informales, llegué a mi despacho. Bbbbbfffff, ¿y por dónde empiezo? Lo primero orientarme en el espacio, saber qué hay entre estas cuatro paredes y entender el orden que las rige. Ver de qué materiales dispongo, ir mientras pensando en cómo los puedo utilizar, ir conociendo los distintos casos, etc. El primer día no da para mucho más. Entre unas cosas y otras no me dio tiempo a prácticamente nada: limpiar, organizar y conocer a mis nuevos compañeros. Pero estoy contenta, creo que esto va ser una gran experiencia!