La autonomía y desautorización del profesorado

En esta entrada abordo el tema de la autonomía del profesorado, pues constituye una de las características de este colectivo que tratamos en clase y sobre la cúal me parece interesante profundizar. Además vinculo este concepto con el de autoridad, al igual que introduzco de manera transversal una reflexión sobre la vinculación entre teoría y práctica, cuestión controvertida que dió lugar a debate en la pasada clase.
 
El profesorado esta constantemente siendo desautorizado, se le está impidiendo constituírse y construirse por sí mismo. Siempre se habla de que el profesor tiene que ser una autoridad en el aula, pero esa autoridad no obedece a un ejercicio propio fruto de la autonomía personal y profesional, sino que normalmente, es algo impuesto desde fuera por las administraciones y diferentes agentes sociales.
En este sentido, lo verdaderamente importante sería que los docentes desarrollaran su propia autoridad. Concepto este no referido a imponerse en relación a los alumnos, ni de someterse o reproducir los mandatos de las autoridades, sino la construcción de una autoridad propia basada en la propia práctica profesional, teniendo la posibilidad de desempeñar su profesión en base a metodologías que sean de su propia autoría.
 
Pera la realidad es que se produce una separación entre el saber y el hacer, fruto de una división social de trabajo entre los teóricos que se considera que tienen la posesión del conocimiento válido, frente a los docentes que se limitan a actuar como agentes pasivos transmisores de información previamente validada.
 
Así lo que se genera es una creencia social, con respecto a la profesionalización docente. Así, se piensa que el conocimiento legítimo inevitablemente es aquel que viene desde fuera del sistema educativo, aunque personalmente creo que este tiene una validez cuestionable puesto que no recoge los interesantes matices que están presentes en la experiencia práctica.
Esto genera en los docentes una falta de confianza en sí mismos pudiendo llegar a creer que ellos no cuentan con conocimientos suficientes; esto se suma a que el  conocimiento práctico e intuitivo, el que se construye desde la experiencia y en la experiencia, no se considera como conocimiento.

Autonomía intelectual
 
Me gustaría  tratar ahora de profundizar en los conceptos de autonomía, autoría y reconocimiento del profesorado.
El concepto de autonomía intelectual, implicaría que el docente se tenga que volver a cuestionar todo, lo que se supone que otros, de “manera certera” ya han analizado, reflexionado y cuestionado antes, por él. En este sentido, algunos docentes optan por acomodarse a lo que los teóricos establecen, bien por considerar que el de estos es el único planteamiento posible, y por lo tanto depositan toda su confianza y fe ciega en ellos, o bien como parte de una actitud de conformismo.
 
En este sentido considero que la autonomía del docente depende o es consecuencia del concepto o forma en la que se entienda la educación en sí; si se entiende esta como un simple instrumento de instrucción y de rellenar la cabeza de los alumnos de conceptos preestablecidos o de si por el contrario se entiende que la educación es un proceso contínuo, participativo donde nunca nada está hecho, sino que los conocimientos se van ampliando, modificando y reconstruyendo progresivamente. Solo si se entiende la educación como esto último el docente podrá desenvolver su autonomía, pues el proceso educativo requiere de una constante indagación, descubrimiento, aprender en base a los errores o equivocaciones cometidos.
 
De esta forma tal y como afirma José Contreras Domingo, “la autonomía intelectual supone abrirse a una radicalidad” supone que el docente se atreva a pensarlo y replantear todo de nuevo. Bajo mi punto de vista, algunos docentes tienden a refugiarse en lo que diríamos “políticamente correcto” o en lo que las administraciones esperan de ellos, porque esta situación les da seguridad. Pero lo cierto es que el ámbito de la educación al igual que la propia vida precisamente por lo que se caracteriza es por la inseguridad, inseguridad o el conflicto con el que tienen que aprender a convivir los profesores, tal y como comenté en la entrada en la que reflexioné sobre el documento de Jimeno.
 
De esta forma, y al respecto de uno de los aspectos mencionados anteriormente, y que salió a luz en la última clase de la materia que es la relación entre teoría y práctica; aceptar el posicionamiento dicho anteriormente implica que el conocimiento y la experiencia puedan ligarse, supone dejar de ver la crisis y el conflicto como algo negativo, enfrentarse a ellos arriesgándose incluso a que alguno de los aspectos negativos le salpiquen, para conseguir el objetivo de entender la realidad ya que sin poner nada de su parte será imposible, y en ello también entra que el profesorado haga autocrítica respecto de lo que hacen y como lo hacen.
 
Para Contreras eso es en definitiva la autonomía, “el deseo de aceptar enfrentarse con la realidad y, al hacerlo,estar dispuestos a pensarlo todo de nuevo y a pensarnos a nosotros como personas que no es distinto que como profesionales-, estar dispuestos a pensarnos de nuevo”.
Bajo mi punto de vista, esto implica que el docente se haga a sí mismo una serie de preguntas ¿que quiero enseñar?, ¿como lo puedo transmitir?, ¿que intereses tienen mis alumnos? ¿de que manera se conectan las ideas que quiero transmitir con la realidad?, entre otras. Por obvio que a nosotros nos pueda parecer, muchos docentes no se plantean tales cuestiones, sino que se quedan en la superfie de “yo soy profesor de matemáticas, tengo que enseñar matemáticas”.
 
La desautorización cultural
 
 
También subyace el concepto de la desautorización cultural del profesorado. Esto se refiere a que la administración espera del  profesorado que transmita una serie de contenidos, por lo que su consideración social pasa a ser la de un mero transmisor o emisor de información, sin que este tenga que tener en consideración otro tipo  de factores, imagen del profesorado que es reproducida por los propios medios de comunicación. 
 
En este sentido, en el contexto de la educación donde el profesor debería de ser uno de los personajes principales, este no es más que una simple paloma mensajera, profesionales que no deben pensar, ni decidir ni elaborar.
Así, se manifiesta de nuevo la falta de vinculación entre el “saber” y el “saber hacer” que invade a la sociedad en su conjunto y que pienso que ha sido transmitido de generación en generación a través de una formación básica pobre, en lo que se refiere a conexiones directas entre conocimientos y experiencias de vida, es decir “una formación normalmente disciplinar,fragmentada, parcial, que deja fuera la experiencia, que deja fuera el en sí mismo, desconectado de los acontecimientos y de las experiencias presentes, sin admitir la creación o el cuestionamiento”. Se trata de una formación que nos ha formado tanto a nosotros como a los propios profesores como receptores de una cultura y valores determinados, por lo que ni siquiera tomamos conciencia de lo que esta significa o de lo que podría ser mejorable, simplemente nos adaptamos a ella, aunque por veces no nos guste; bien por comodidad o por desconocimiento.
 
Uno de los factores de desautorización del profesor es precisamente el currículo. Así, aunque se tiende a pensar que este es un instumento que le permite al docente ejercer un control sobre el alumno, también constituye un elemento de control sobre el propio docente. Esta cuestión provoca que el profesor tenga que seguir de forma estricta un programa elaborado por otros ajenos a las características de los alumnos y del entorno en el que este va a llevar a cabo su acción educativa, e implica que los profesores se le reconozcan competencias en distintas o en una disciplina científica pero no autoridad en el saber.
 

Haciendo una reflexión como alumna, muchas veces nos quejamos de que tenemos que aprendernos al pie de la letra unos  contenidos básicos que dicta un programa para poder pasar de manera exitosa al siguiente curso. En el caso de los profesores sucede lo  mismo, tienen que transmitir esos contenidos del programa de una manera u de otra, aunque no estén deacuerdo con ellos, por considerar que de ello depende su supervivencia como profesionales.

En este sentido dentro de la formación del profesorado debemos hacerles desenvolver la autoridad científica, ya que un buen profesor no se forja solo con conocimientos; por lo que en este sentido la experiencia profesional tendrá mucho que ver, y permitirá ir construyendo con el tiempo una identidad docente propia, casi sin que el profesor se de cuenta, lo que le hará desenvolverse libremente como profesional.    

      imageEn este sentido, se pueden propiciar canales de formación reglada para el profesorado, formación que no es suficiente para su desarrollo profesional, de ahí la importancia que juegan las propias experiencias vitales, terreno donde la administración pública no puede hacer nada al respecto, pues serán los profesores los que ahora sí, tengan plena autonomía sobre sus vidas, por lo que empezando por ahí todos los profesores podrán aspirar a  un correcto desempeño y satisfacción profesional. 
Algunos de los medios que podrían contribuír a esta formación pueden ser los foros culturales, foros de debates o preparación de encuentros entre compañeros de profesión; donde puedan compartir experiencias, métodos de enseñanza, miedos o inseguridades que se le puedan presentar.
 
Será de vital importancia que el docente no separe su forma de ser y de comportarse de su profesión, pues son lo que son, y no tienen porque ser lo que los demás quieren que sean. Esto le permitirá al docente mostrarse natural, por lo que tendrá una mayor confianza en sí mismo como profesor, confianza y seguridad que es importante que transmita a sus alumnos. En este sentido el profesor debe recuperar la autoridad, entendida esta como reconocimiento de sí mismo que repercutirá en un reconocimiento por parte de los demás, cuestión que no se dará si el docente adopta una actitud de pasividad y conformismo respecto a la educación.
 
Todo esto llevaría al concepto de autonomía política, referido este a la necesidad de los profesores de hablar, de expresar sus deseos, aspiraciones, dificultades con las que se encuentran, presentación de propuestas de mejora,etc. Si bien es cierto, que se van a encontrar con muchas trabas a nivel institucional, mi punto de vista al respecto reside en la necesidad de actuar a nivel micro, valiéndose de pequeñas acciones o manifestaciones que puedan desenvolver en los centros u organismos en los que se desarrollan profesionalmente, y que poco a poco si se logra una colaboración conjunta del colectivo de profesores poder alcanzar mejoras en la calidad de su profesionalización, de la educación y de la sociedad en general.