El profesor, hoy

Tras la lectura del artículo Nóvoa, A. (2007). El profesor, hoy. En Cuadernos de Pedagogía, nº374, pp. 21-25. resulta interesante destacar diversos puntos que en él se trabajan. Este artículo, como en un principio dice, trata de reformula la función docente hacia una perspectiva que trabaje todos los componentes que son imprescindibles en la actualidad para realizar una labor adecuada a las necesidades actuales.

Su autor es António Sampaio da Novoa es un psicólogo y profesor del Instituto de la Educación de la Universidad de Lisboa.


Como vimos ya en múltiples ocasiones, las condiciones actuales de cambios y crisis llevan al sistema educativo a un punto en el que se observa una necesidad imperante de adaptarse y dar respuesta a la realidad educativa y social en la que se desarrolla (bien sea por los cambios sociales como por los avances que el sistema presenta al progresar en su investigación). Los docentes, como siempre decimos, necesitan formarse adecuadamente y de manera continua para tener un repertorio más amplio de competencias y habilidades en el trabajo con los alumnos, y por consiguiente con la sociedad.

Este autor destaca la importancia de trabajar en tres ámbitos específicos, que a pesar de ya estar inmersos en la labor docente, en muchas ocasiones no se trabajan ya que no se ha avanzado en estas líneas. En el siguiente esquema se trata de clarificar los tres pilares en los que propone nuevos métodos de formación docente.

  Persona, coparticipación, prudencia

 

Como se observa, en cuanto a la persona se pretende atender de manera más integral a los alumnos (desde una teoría sobre la persona-alumno), para evitar las situaciones en las cuales solo se tenían en cuenta trabajo individual en detrimento del trabajo en todo el grupo, o en las que no se tenían en cuenta ciertas individualidades y estos alumnos quedaban a merced de su propia comprensión o no de los contenidos. Para la formación de los formadores, es esencial nunca olvidar que los docentes no son máquinas que una vez que entran en el aula dejan atrás su vida personal. Esto ya lo hemos observado en multitud de actividades, ya que en todo momento el docente no está libre de sus propios sesgos, valores, emociones, problemas, etc. Por ello, el autor propone el trabajo en las Historias o Narraciones de vida, ya que son parte fundamental para la reflexión y el análisis de las características individuales de las personas, lo que llevará a los docentes a un mayor empoderamiento (empowerment) sobre su trabajo. En nuestra propia experiencia, con las historias previas con los docentes pudimos avanzar sobre nuestro propio análisis y conocer mejor nuestras propias experiencias.


En cuanto a la coparticipación se trata de dar respuesta a las diferencias, tratando de no reducir al sistema educativo ni a la infantilización (aceptación de las culturas infantil o juvenil) ni a la comunitarización (aprender más en base a las normas de convivencia en sociedad que al hecho de convivir en sí).  Los docentes, para tratar de trabajar en este ámbito deben ser capaces de logran un tejido profesional enriquecido, que logre trabajar las competencias colectivas, para avanzar en el conocimiento de la profesión. Todo esto, como dice el autor, se resumen en una teoría del colectivo, del conocimiento compartido y de la ética compartida.


El sistema educativo mantiene unas estructuras estables, y es necesario mantener una prudencia a la hora de tomar decisiones, ya que no deben ser tomadas a la ligera, sobre todo las relacionadas con ¿qué enseñar? y ¿cómo enseñar? El autor destaca la importancia de enseñar todo lo que libere y nos haga más decentes y hacerlo de la manera e se integre lo racional y lo emocional. En la formación de los docentes, el autor destaca la importancia de no trabajar solo la trasposición didáctica, o la transformación de los saberes (paso de saberes, a currículo formal, a currículo real, para finalmente producirse aprendizajes). Este pretende que se trabaje también desde la perspectiva de la trasposición deliberativa, ya que el acto de enseñar se compone de decisiones en la situación, con respuestas inmediatas, y a su vez, este acto, está constantemente impregnado de “saberes” y también de “valores”. Por ello, no se debe olvidar el componente ético en todos los procesos educativos.

 

Por todo lo dicho, el autor destaca estos tres pilares en la formación del profesorado y en su trabajo como docentes. La compaginación de estos tres hace que, como él dice, “el profesor tiene un aspecto científico […] pero también tiene un aspecto de artista”, o, como dice Daniel Hameline “los profesores tienen una parte de geómetras y otra de saltimbanquis”. Compaginar todo esto no siempre resulta fácil, pero deben ser componentes esenciales a analizar desde la formación del profesorado.

Personalmente me resulta muy interesante este artículo, ya que integra cuestiones ya trabajadas, como son la atención a la diversidad y el trabajo en el contexto actual; la necesidad de cambio y adaptación constante de los docentes; la dimensión personal en la labor docente; el uso de las historias previas; necesidad del trabajo cooperativo y conocimiento compartido; etc. Pero además, avanza en los anteriormente mencionados, ampliando conceptos como la teoría persona-alumno; la necesidad de un empoderamiento de los docentes para su labor; las corrientes de infantilización y comunitarización, anteriormente desconocidas; y sobre todo la necesidad de prudencia en la labor y la formación del docente.

 

 

Bibliografía y Webgrafía:

Nóvoa, A. (2007). El profesor, hoy. En Cuadernos de Pedagogía, nº374, pp. 21-25.

http://pt.wikipedia.org/wiki/Ant%C3%B3nio_de_Sampaio_da_N%C3%B3voa (Consultado el 11/11/2013)