El profesor, hoy

Como hemos ido viendo a lo largo de nuestra carrera, la educación necesita un cambio que debe hacerse ver en la mejora de los resultados de nuestros alumnos. Pero, ¿cómo podemos realizar ese cambio? La mayoría de las personas que no son profesionales de la educación, hablan y opinan sin conocer cómo funciona nuestro sistema educativo, lo cual no es del todo correcto, ya que como bien dice Nóvoa en su artículo “El profesor, hoy”, el hecho de hablar de educación debería realizarse con modestia y humildad. Hemos visto, como políticos realizaban reformas educativas sin tener idea de cómo debería realmente funcionar la educación.

 

Como bien dice el artículo, debería volver a organizarse “la formación docente en base a tres criterios: comprender a la persona en su diversidad y en su singularidad, primar el trabajo colectivo y las rutinas de diálogo, y hacer una propuesta prudente sobre que merece la pena enseñar y cómo debe hacerse”. A continuación, haré un pequeño resumen de lo que el autor del artículo propone exponiendo mi propia reflexión.

 

Criterios sobre los que se debe reorganizar la formación docente

  • La persona en su diversidad y singularidad: Nóvoa echa de menos una Teoría sobre la persona-alumno. Ha existido desde siempre un montón de alumnos en las aulas con características muy diversas. Hay alumnos que les cuesta más o menos captar los conocimientos y hay algunos que simplemente no quieren captarlos.

 

Si es cierto que un alumno no va a aprender si no pone de su parte, pero para ello los docentes deben hacer algo que es esencial para su profesión. Motivar y hacer más atractivos los contenidos a transmitir, utilizar nuevos recursos e innovar.

 

Pero, ¿que hay de la persona en su diversidad durante la formación del profesorado? Hemos visto a lo largo de la materia que la profesión afecta a lo personal y viceversa. Son dos dimensiones que están realmente ligadas. Sabemos, incluso por nuestras vivencias que cuando un profesor tiene un problema personal afecta incluso hasta en la forma de dar la clase; así como los problemas en dicha profesión afecta a lo personal, por ejemplo (y aunque no sea un problema), cuando los profesores deben dedicar su tiempo libre a la corrección de exámenes, trabajos, preparación de clases…

 

  • Primar el trabajo colectivo (coparticipación)

Hemos comentado en la entrada anterior, que actualmente a los niños se les brinda mucho más amor y protección que disciplina. A eso quiere referirse también Nóvoa cuando redacta: “Esta sensibilidad de educadores y pedagogos es una buena noticia, pero no deja de plantear problemas y dificultades (…)”. El primer problema que manifiesta el autor es el de la infantilización de la escuela. Según la RAE, el término “infantilizar” significa “conferir a algo o a alguien cualidades infantiles”. Yo no estoy del todo de acuerdo con el autor en este tema. Sí es cierto, que los docentes deben formar a los alumnos para que estos lleguen a ser personas adultas, coherentes y autónomas. Pero por otro lado, los niños son niños. Como es totalmente lógico si les ponemos un ejemplo (acerca de algo que estemos explicando en ese momento), lo hacemos con algo que les sea más cercano, seguramente lo entenderán mejor e incluso le prestarán mayor atención.

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Otra de los problemas que remarca es la comunitarización. Lo que se debe aprender en las escuelas es a saber defenderse en la vida real, aprender a vivir en sociedad. En esto estoy de acuerdo, pero repito que los niños son niños y para ellos el afecto es muy importante, sobre todo para los más pequeños.

Pero, ¿cómo incide la coparticipación en la formación del profesor? Según  Nóvoa, en dos aspectos:

  1. La escuela como el lugar de formación del profesorado”. En el centro educativo no solo aprenden los alumnos, si no que la experiencia del profesor va otorgándole también determinado conocimiento al respecto de su profesión. En él, muchos docente ponen en común vivencias que les harán reflexionar y darse apoyo mutuo.
  2. 2.    “Necesidad de una teoría del colectivo”. Como ya he comentado en el aspecto anterior, a los docentes les falta apoyo mutuo e incluso de otras instituciones, porque ayudando y colaborando todos juntos, todos podemos aprender más y mejor.

 

  • Prudencia sobre qué merece la pena enseñar y como debe hacerse

Al inicio de la entrada, decía que todo el mundo habla de educación sin saber. Simplemente critica sin aportar ninguna solución, o si lo hace, es totalmente incorrecta, y por eso decimos que para poder hablar de la educación, hay que hacerlo de forma prudente. Nóvoa plantea dos preguntas, las cuales, se hace muchos de los profesionales de la educación. Primero, ¿Qué merece la pena enseñar? Su respuesta es “(…) todo lo que integra a un individuo en un espacio de cultura y sentidos.(…) todo lo que promueve la adquisición del conocimiento (…) y todo lo que hace la vida mas decente”. Y como debe enseñarse? Y éste mismo se responde que sin emociones, los razonamientos no son posibles.

Y volvemos con el tema de la formación docente. Nadie sabrá lo que es enseñar cuando no se ha entrado nunca en un aula. En la enseñanza, se necesita de una decisión para la situación y además no solo se enseñan conocimientos si no también valores que los alumnos deberán adquirir para la vida en sociedad.