Análisis de los documentos correspondientes a Cuardenos de Pedagogía

Como vengo destacando en mis entradas anteriores, la docencia vive una época de grandes incertidumbres en su profesión, pero mantiene la esencia de que es una profesión que se aplica con el corazón y la razón. Y estos dos aspectos, son claves para la elección de la profesión, ya que ser maestro es un oficio marcado por saberes, vocación, motivación, influencias y experiencias. Por todo ello, veo interesante comentar todos los artículos aportados por la profesora esta semana, que comentan el valor de la docencia a través de diferentes autores. Cada uno de los artículos nos permite ir formando una visión crítica de la profesión, lo cual es fundamental para procurar mejorar los contras y aprobechar los pros del ejercicio de la enseñanza. Pero antes de nada, quiero compartir con vosotros este vídeo.

            Al igual que hace referencia el vídeo, es importante destacar el tema de la vocación, término que ha sufrido su evolución y transformación. Como afirma Dubet (2007) la vocación del maestro fue, durante mucho tiempo, comparable a la de ser sacerdote “Los profesores de Primaria franceses estaban formados como una especie de sacerdotes civiles capaces de sacrificarse por su vocación y por la República”. Esta idea se encuadra en un total compromiso personal con la enseñanza, sin embargo en la actualidad el propio Dubet, afirma que existe una nueva versión de la vocación. Un vocación “menos heroica y más protestante”, a tal afirmación podemos intercarlar en el término vocación, el de responsabilidad. Donde hay casos que se preocupan de realizar correctamente su función docente, pero que no necesariamente sienten pasión por la profesión.

    image        En relación a la vocación tenemos la identidad del profesor interpretada como un proceso formativo continuo. La formación docente toma el sentido de un proceso permanente cuando somos conscientes de que responde a necesidades sociales cambiantes a lo largo del tiempo y en función de los diferentes contextos. Por lo que la identidad no es estable ni permanente sino que se construye y reconstruye, en el curso de la vida personal y profesional. Las estrategias del docente, para enfrentarse a la enseñanza varían en función de diferentes factores y en esa variabilidad se incluye la identida cambiante. Uno de los aspectos que más me llamó la atención, fue hacernos pensar en las repercusiones que nuestras experiencias tienen en nuestra personalidad. Como afirma Dubar (2002) existen diferentes tipos de relación que estructuran las formas de identificación docente.


Biografía para los otros  Que es un tipo comunitario y en la que los individuos se inscriben en un linaje generacional de pertenencia a un grupo local y a una cultura heredada.

Relación para los otros que es de tipo societario, en la que los individuos se identifican a partir de sus funciones, obligaciones y papeles asumidos dentro de un sistema instituido y jerarquizado en instituciones como la familia, la escuela, los grupos profesionales o el estado.

Relación para sí que resulta de una conciencia reflexiva del compromiso con un proyecto que tiene un sentido subjetivo y de identificación con otros, los pares o los que comparten ese mismo proyecto.

Biográfica para sí que implica el cuestionamiento de las identidades atribuidas, con el fin de hacerse reconocer por los otros en identidades personales o sociales reivindicadas por los propios sujetos.

           
          Por lo cual se puede entender que la identidad, es un conjunto de personalidad y de influencias sociales. De ahí que las experiencias que se tuvieron en el sistema educativo o en otros ámbitos, repercutan en las actitudes y acciones, a la hora de desempeñar el papel docente. Y es la formación inicial o permanente, teórica o práctica, la que forma esa identidad, asique analicemos la Universidad como aquel contexto en el cual el docente tiene el primer contacto con su realidad profesional.

            En la universidad la persona, adquiere el fundamento teórico imprescindible para la puesta en práctica de cualquier acción docente. El problema viene cuando en esta no se da respuesta a los múltiples retos a los que, en la realidad, el docente se  enfrentará. De hecho cuando asistimos a las aulas como estudiantes, siempre esperamos llevarnos aquellas técnicas, estrategias o claves que nos conduzcan en nuestro futuro ámbito laboral, sin embargo esto no es del todo satisfecho por parte de la actual carrera de Magisterio, donde aprenden contenido, pero no trabajan estrategias para la enseñanza. No hasta que tienen su primer contacto con el mundo laboral, y ese primer contacto se establece en las prácticas. Como afirma Herraiz García (2013), “Las experiencias recordadas y valoradas de manera más positiva eran aquellas que tenían un sentido vivencialmente práctico”. La clave a mi modo de ver, es que esas prácticas te permiten que vincules los conocimiento “adquiridos” a las realidades que se van a encontrar en el mundo laboral. Aunque el ser docente aprende realmente a desempeñar en la práctica su labor y a adaptarse a las exigencias del sistema, la formación inicial es muy esencial para tener claro al menos, que dicha adaptación será imprescindible, y no solo al comienzo de ejercer la profesión si no a lo largo de toda la profesión. Sin embargo sí que creo que hay una distancia excesiva entre la formación y la realidad educativa,  y por ello, es una necesidad replantear dichos estudios adaptándolos lo más posible a las situaciones externas reales. Siendo conscientes de que esa realidad es cambiante, la adaptación sería constante.

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            Un ejemplo de ello es cuando Josh Rucker (2007)  considera a la educación un “mundo volátil”. Este autor afirma que en la educación nada es constante, lo que convierte la propia información inicial en algo volátil. “La educación es un mundo incierto, que nos impide saber qué acontecerá mañana, por lo que tenemos que asegurar desarrollar la capacidad para seguir aprendiendo a lo largo, y a lo ancho, de la vida”. Y no siempre se ha hecho bien este aspecto, todo lo contrario acarreamos una historia formativa no muy lógica. Como afirma Sancho Gil (2013), cuando se consideró a la educación primaria y secundaria obligatoria, se precisó de un notable aumento del profesorado. A este fenómeno se le sumó la jubilación de un importante número de docentes que entraron en la profesión en los años 70 (Ley General de Educación), y todo ello hizo que se contratará a licenciados universitarios sin formación pedagógica específica a estos niveles primarios de la educación. Lo cual causó un “boom” en la demanda para realizar la carrera de Magisterio, movidos por intereses (a mi pensar) más económicos que vocacionales.

     
       Ahora se puede comprobar la factura que acarreó este fenómeno, muchos profesores no se sienten identificados con su profesión, y no se sienten responsables de la situación del sistema educativo, como decía Gimeno, su mayor objetivo “a mí que me jubilen”. En verdad, la escuela actual requiere una concepción del aprendizaje que no fue asentada en las mentes de este tipo de profesorado, y esto es un problema ya que a día de hoy nos debemos basar en la indagación del conocimiento y coordinación de las actuaciones profesionales, para que el saber transmitido de resultado. También es digno de destacar, que existen muy buenos profesores capaces de adaptarse a las exigencias sociales y educativas.  Este aspecto, mismo se puede comprobar cuando un docente novel va a realizar sus prácticas a un colegio, normalmente y como es natural se apoyan en las actuaciones y sugerencias de aquellos profesores veteranos. Por lo que, depende de la actitud de estos, el desarrollo de las capacidades docentes de la persona novel. Así afirma Fernández Lorea (2013) “Las relaciones que los maestros noveles establecen con sus colegas más experimentados contribuyen de manera significativa a su formación y general un flujo constante en el que tiene lugar la constitución de su identidad docente”.

            Finalmente me gustaría destacar una idea muy interesante que se viene dando a lo largo de estos cinco artículos analizados, la idea del constructivismo social (Germen,2009). Esta teoría afirma que el conocimiento se forma a través de fenómenos sociales. Por lo cual, bajo asumimos que nos constituimos a partir de las relaciones con los otros y las negociamos con nuestras expectativas y nuestros ideales en función del  contexto cultural, político y social en el que nos situemos. Por lo que en función del número de experiencias como docente, se tendrán más o menos formada la identidad profesional.

        Con todo ello lo que está claro es que en los comienzos de esta profesión la confianza al preguntarse si se realizará bien una tarea tan importante, se tambalea, asique la  colaboración entre profesor nobel y veterano, es esencial en cuanto a que creo que es una de las claves para generar o regenerar, la autoestima y confianza en la persona, que da sus comienzos en el sistema educativo. Sabiendo de primeras, dice Fernández Lorea (2013), que se trata de una profesión como tantas otras, que se aprende equivocándose.


 Fuentes:

Castañeda Salgado, M. (2013) “Identidades en proceso de formación”. En Cuadernos de Pedagogía. Nº 436, 14-17.

Fernández, L. (2013) “La docencia, una experiencia compartida”. En Cuadernos de Pedagogía. Nº436, 58-61.

Herraiz García, F. (2013) “Formación inicial: entre la teoría y la práctica”. En Cuadernos de Pedagogía. Nº436, 46-49.

Martínez Pérez, S. (2013) “La elección de ser docente”. En Cuadernos de Pedagogía. Nº 436, 22-25.

Sancho Gil, J. (2013) “Aprender a ser maestra: perplejidades y paradojas”. En Cuadernos de Pedagogía. Nº436, 18-21.

(Consultado el día 17/11/2013)