El I+D de la especie humana.Reflexión

Quiero compartir con vosotros un artículo publicado recientemente por Eduard Punset, con mi reflexión final acerca de lo expuesto, espero que invite a vuestra reflexión:

 

``El I+D de la especie humana

Autor: Eduard Punset 17 noviembre 2013

Ningún otro animal pasa por un periodo de inmadurez tan largo como lo hacemos los humanos. Si algo nos caracteriza, es lo desnudos que llegamos al mundo, y no me refiero a la ausencia de ropa.

Aterrizamos en el planeta Tierra equipados con un kit básico de emociones e instintos, pero poca cosa más. Mientras que a las pocas horas de salir del cascarón un pollito es capaz de abastecerse de comida por sí solo, nosotros, los humanos, apenas aprendemos a alimentarnos por nuestra cuenta pasados uno o dos años desde que nacemos.

Somos la especie que más tiempo invierte en el aprendizaje de sus hijos, casi dos décadas hasta la superación de la adolescencia. ¿Qué hacen durante este tiempo los bebés, niños y adolescentes? Sin duda, dar rienda suelta a su imaginación, saciar su curiosidad, crear, descubrir, inventar, ensayar, innovar. Según la psicóloga californiana Alison Gopnik, «los bebés son como el departamento de I+D de la especie humana». Los niños, al igual que los científicos e investigadores, hacen lluvias de ideas, plantean ideas sencillas y descubren cosas.

El medio es el juego, la diversión, y eso es la clave para un aprendizaje eficaz. Yo mismo constaté con mis alumnos que, si no combinas el conocimiento con el entretenimiento, fracasas en tu misión pedagógica. Sin esa mezcla no hay aprendizaje y menos aún creatividad. Esto deberían aprenderlo aquellos padres que, demasiado obcecados por las formas, insisten en poner cortapisas a la imaginación de sus hijos.

 

Hace unos años, Ken Robinson me explicó una historia fascinante. Bart, un niño de seis años, descubrió que podía caminar sobre las manos con igual facilidad que con los pies. Le gustaba pasearse por ahí haciendo el pino, y con el tiempo –y con el apoyo de su madre– supo profundizar en ello con pasión y sacó partido a lo que, para muchos, era una mamarrachada infantil.

Bart Conner, que ya tiene 55 años, puede presumir hoy de ser uno de los gimnastas estadounidenses con más trofeos a sus espaldas, y su éxito se lo debe a descubrir lo que Robinson denomina «su elemento» y a haberle dedicado con pasión horas y más horas.

El sistema educativo actual, herencia de una caduca sociedad industrial, aparta a niños y jóvenes de su elemento. «No es un déficit de atención, es que no me interesa», rezaba la camiseta de un joven estadounidense.

Las escuelas siguen sin dar alas a su creatividad, a sus pasiones, y continúan machacando sus emociones básicas y universales. Insisto: las necesidades de la sociedad han cambiado, pero la enseñanza continúa encorsetada en las antiguas competencias. Los estudiantes de hoy son todos nativos digitales, tienen acceso inmediato a la información, pero, al contrario de lo que sucedía en mi generación, nadie los guía para aprovechar ese alud de datos. Van perdidos.

La mayoría de los niños ya no juegan en la calle –el tráfico y la vida mayoritariamente urbana lo hacen imposible– y andan atosigados con mil y una actividades extraescolares para que sus padres puedan acabar su jornada laboral. Además, la edad con que los jóvenes se dan de bruces con el sexo y las drogas se anticipa en detrimento de valores y de respeto hacia los demás. Y todavía hay quién pone en duda la necesidad urgente de incorporar en los currículos competencias como las habilidades sociales, la gestión de las emociones o el aprendizaje de la creatividad.

Mientras esto no suceda, al menos fuera de las aulas, dejen a sus hijos descubrir cuál es su elemento, lanzarse de cabeza a él, practicarlo con pasión y dedicarle las horas necesarias para llegar a dominarlo. Les harán falta unas diez mil.’’

 

 

Tras leer y reflexionar acerca de este artículo publicado por Eduard Punset he de admitir que no puedo estar más de acuerdo con él. No hace falta ser un entendido para percatarse de que este modelo de sociedad está repercutiendo intensamente en la formación inicial y continua de las nuevas generaciones, los nativos digitales también los llaman. Mientras en el mundo educativo nos llenamos las bocas de esta clase de términos , relacionados todos con la renovación, competencias tecnológicas, Tics…, si nos remitimos a la escuela, vemos como la tendencia al conservadurismo  metodológico en el proceso enseñanza-aprendizaje permanece vigente, anclándonos en una serie de valores emociones que como bien cataloga Punset  son ’’ básicas y universales’’ , tratando de buscar un perfil de ciudadano, un experimento científico que forme el ``ser humano tipo’’ . Como bien sabemos, nadie nace con una vocación debajo del brazo y tampoco se puede escoger de una lista restringida, es por eso que el proceso formativo, tanto el relacionado con la escuela (currículo) como el que no, debe colaborar en la búsqueda del camino de cada individuo.

Todo niño/a en su edad más temprana tiene latente una serie de habilidades, destrezas, intereses totalmente puros, y es aquí donde se debe tratar ese aspecto vocativo. Desde la perspectiva familiar y desde la escuela, actuando como guías y evaluando las distintas respuestas a  todo este proceso que incluye distintos aspectos como son la imaginación,  el saciar su curiosidad, la creación, el descubrimiento, la invención,  el ensayo, la innovación… debemos interpretar en relación sus distintas reacciones, inculcando eso sí, una serie de valores y de normas para construir los cimientos sobre los que evolucionará el propio individuo.

Desde la escuela y en el ámbito del docente pienso que se debería tratar este tema desde una idea clave: la opción de escoger. Pienso que desde los primeros pasos se debe incidir en esta idea, la posibilidad de elección, en cualquier ámbito que se trabaje se debe tener en consideración el hecho de que un niño/a, bebé pueda tener la opción de elegir desde sus primeras decisiones, algo que puede llevar a muchas conclusiones por parte del docente y que sin duda fomentará distintas destrezas en la personalidad del individuo además de promover la potestad del individuo para elegir la opción que más le convenga, tratando así la desistematización de decisiones, una situación muy latente en los jóvenes de hoy en día. Está idea la intentaré tratar más en profundidad en siguientes entradas al blog.

En definitiva, y como llevo resaltando en todo mi trabajo en el e-portafolios el valor de la inercia humana en el tema vocativo, todos debemos tener un proceso en el que dejemos a nuestros instintos y emociones más puras salir a la luz, y el docente y la familia deben de ser los encargados de perfilar este proceso apoyando el valor de la autonomía del individuo. Es al individuo libre al que debemos formar, no nos equivoquemos.

 

Webgrafía: Eduardpunset.es

Comentarios

  • Álvaro Conde Debén

    Completamente de acuerdo tanto con el artículo como con tu reflexión Adrián, pienso que debe primar más el individuo en todo el proceso educativo, en su formación. Debemos formar personas autónomas que decidan que futuro tomar, "fomentar" las vocaciones, es decir, cooperar con los alumnos (como formadores) para que alcancen sus objetivos. 

  • Adrian Bernardez Pintos

    Exacto compadre, debemos ampliar el abanico curricular para que esas vocaciones florezcan y tomen el camino que el individuo escoja. El individuo debe fluir en el proceso de aprendizaje y el maestro orientarlo. Gracias Álvaro