Las identidades en proceso de formación.

El otro día en clase, a través de la técnica de seminarios, nos tocó el texto referente a las identidades en proceso de formación. Para mí fue una rememoración de tal concepto, puesto que la cuarta entrada de mi blog ha estado dedicada a este tema. Aún así, debo destacar que esta publicación ha dejado en el tintero muchos aspectos que gracias a María Adelina Castañeda Salgado he descubierto, por lo que considero necesario volver a tratar la identidad docente en compaginación con mi entrada ya elaborada.

El texto ha tratar comienza haciendo hincapié en que la construcción de la identidad del maestro es importante para acudir al recuerdo y así poder reflexionar Identidad Profesional y Personal!sobre la propia historia, teniendo en cuenta el relato de otros profesionales para fortalecer una forma positiva de vivir la profesión. Se destaca así la definición de la identidad docente afirmando que “(…) la identidad no es estable ni permanente, sino que se construye y se reconstruye, en el curso de la vida personal y profesional. Se configura mediante formas de relación y estrategias de identificación que son variables en el curso de la historia individual y colectiva”.  Lo que nos está queriendo decir es que la identidad docente no algo estático en el tiempo sino que debe ir actualizándose y llenándose, a través de las experiencias que se vayan viviendo, las prácticas y los modos de aprendizaje, con las percepciones de unos mismos y las percepciones de los demás. Ésta se irá enriqueciendo a medida que los docentes vayan comportando diferentes modos de comportarse, de actuar en los grupos sociales, de las creencias que se van experimentando… Tal concepto vendría dar respuesta a ¿Quién soy yo? Quién soy en las diferentes etapas de la vida y en función del contexto en el que muevo.

En el documento se alude a la identidad como un proceso completo en el que individuo se constituye a lo largo de su vida en múltiples pertenencias internalizadas a través de un proceso de individualización marcado por las subjetividades de cada uno. Atendiendo a las subjetividades como algo no alejado de lo objetivo.

Ante las subjetividades se plantea dos tipos de relación que estructuran las formas de identificación: una de ellas sería la “biográfica para todos” y “relación para todos”, siendo una de tipo comunitario y otra de tipo societario en la que los individuos se identifican a partir de sus funciones, de sus obligaciones y de los papeles asumidos. Por otro lado, estaría la biográfica para sí” y “la relación para sí”, destacando que es una conciencia reflexiva y del compromiso con los otros. Esto está íntimamente ligado con los aspectos que también se mencionan en el texto sobre la interioridad y exterioridad. La interioridad unida a la biográfica y relación para sí, ya que sería más bien una reflexión propia, y la exterioridad como biográfica y relación con las otras basadas más en las normas sociales.

¿Quién eres tú?Después de aludir a la definición de identidad docente, me voy a centrar en uno de los aspectos que señala María Adelina, que es el elemento de la heteroformación y de la autoformación. Más concretamente las emplea para dignificar que la formación docente desarrolla estos dos componentes, y bien es cierto pues una buena formación del docente debe tener dos factores básicos: por un lado un proceso de preparación consciente generado por la persona misma, y por otro lado la formación que se organiza y desarrolla desde la idea de interpretar y reinterpretar el significado de una experiencia. Pienso que aquí entraría en juego la construcción de la identidad no sólo de manera individual sino en de forma conjunta en relación con otros profesionales, pues una experiencia vivida y manifestada siempre se contribuye en el seno de dos personas. Pues es mucho más enriquecedor un proceso mutuo en que los docentes puedan relatar sus historias y así compartirlas con sus iguales, aprendiendo de lo vivido y fomentando nuestro espíritu con las opiniones de nuestros semejantes. Es decir, la construcción de la identidad docente involucra planos individuales, personales y colectivos, porque no es construida independiente y aisladamente si no en un escenario y contexto social más amplio en el que el sujeto actúa.

Pasando a los rasgos de identidad en el quehacer docente, se diferencian en positivos y negativas. Así podemos hablar de una identidad positiva, la cual estaría relacionada con el desarrollo de unas prácticas educativa que sean pedagógicas, en el sentido de que el docente quiere aumentar su saber y desenvolverse en los términos de aprender a aprender y aprender a enseñar.  Se referiría a la motivación del docente para actualizarse, para innovar y para aumentar su conciencia crítica aparejada a la adquisición de los conocimientos. Y por otro lado, la identidad negativa vinculada con una manera más superficial al tener que acatar unas normas y unas relaciones de poder, en las que estarían presentes las restricciones de la autonomía y de la  libertad impuestas por un sistema educativo cerrado y poco flexible.

En consonancia con esto, la identidad negativa estaría ligada a la identidad adquirida que se menciona en el documento, pues no sería un hecho generado por nosotros sino que sería un hecho más bien impuesto por algo externo. Y la identidad positiva con la identidad heredada, la que nosotros mismos deseamos y forzamos con nuestras experiencias tanto futuras como pasadas. En las cuales entraría la situación que los docentes vivieron como alumnos teniendo presente las diferencias entre los individuos, sus singularidades y las posibilidades del contexto en el que estaban inmersos.

Por todo ello, se puede recalcar que el desarrollo de la identidad docente está unido al autoconcepto y autodesarrollo personal, en el que se produce un intercambio creativo y permanente entre el ser y el estar. Lo que implicaría un proceso con una trayectoria rigurosa que se apoye en la reflexión y en el conocimiento de uno mismo, además de su interacción con el medio. Es un contraste entre las realidades y comportamiento de los demás, y sería el diálogo la imagen que quizás más incida en nuestro avance subjetivo y autónomo, pues necesitamos de otras personas para comprendernos.

Aquí podríamos recoger la cita de Medina (1998) que plantea lo siguiente: “la identidad personal se consolida cuando cada docente descubre sus ideas básicas y emerge en las creencias implícitas acerca de sí mismo, y de su situación con los colegas y con los demás miembros de la comunidad educativa. Las concepciones y las autopercepciones que constituyen a los docentes en torno a su tarea educativa son esenciales para lograr una identidad personal y, especialmente, profesional”.

Así la eficacia pedagógica y responsabilidad social son las bases desde las cuales se ha de contribuir al desarrollo de la identidad profesional de los docentes, pues la práctica formativa requiere de profesionales que sean creativas y que estén capacitados para evidenciar un conocimiento profesional sólido.

En este sentido la identidad profesional del docente puede ahondarse desde tres perspectivas básicas que son:

  • La referencia del ser, que sería la identidad actual del docente.
  • La referencia del hacer, que sería su práctica y sus tareas.
  • Y la referencia del deber ser, que haría referencia a los retos, deberes y funciones que son necesarios asumir, en relación con la demandas del contexto.

Para rematar sólo quiero hacer alusión a un marco imprescindible de la función docente, que es que definición de la identidad de la profesión docente debe acotar las características de la profesión, elaborar un código básico y una carta donde se incluyan los derechos y deberes que conduzcan a un modelo de autorregulación profesional. En ella se debe regular tanto el derecho a la libertad y autonomía.

Bibliografía utilizada

Castañeda Salgado, Mª A (2013). Identidades en proceso de formación. Cuadernos de Pedagogía. Nº 436, 14-17.