¿Como será mi primer día como asesor?

Aquí os dejo una reflexión sobre cómo me gustaría que fuera mi primer día como asesor en un centro educativo. Espero que os guste. Un saludo. 

 

Hoy es día 10 de septiembre del año 2014, es un día muy especial desde que me he despertado, ya que hoy es el día en el que comienzo mi trabajo de asesor en un centro educativo; por fin todo el esfuerzo realizado a lo largo de estos años ha dado sus frutos y el año pasado conseguí entrar en el cuerpo de funcionarios de educación. Evidentemente me encuentro entusiasmado a la par que algo nervioso por no saber lo que dará de si el día de hoy. Varios interrogantes ocupan mis pensamientos ¿Lo haré bien?, ¿daré lo que se espera de mi?, ¿podré ayudar al alumnado y a los docentes en lo que me requieran? ¿Erraré? ¿Cómo actuaré ante diversas situaciones que se me planteen? ¿Cómo llevaré a cabo las ideas que tengo en mente? ¿Será fácil establecer la colaboración de la comunidad educativa?... Estas y muchas otras preguntas me inundan el entendimiento, me desconciertan; de ahí que mi nerviosismo aflore en el momento de coger la taza de café del desayuno o cuando un olor a quemado se adueña de la cocina por olvidarme de las tostadas. Estos son unos meros ejemplos de cómo me siento, evidentemente entusiasmado e ilusionado por comenzar mi trabajo, pero en parte nervioso y atemorizado por no saber con qué me voy a encontrar en el día a día. Acto seguido, cojo las llaves del coche y conduzco hasta el colegio al que fui destinado. Durante el trayecto veo niños yendo a sus colegios con sus padres, veo todo tipo de situaciones educativas que me hacen reflexionar sobre lo que en breves viviré en mis carnes.

 

Al entrar por la puerta principal del colegio capta mi atención un olor a papel, a trabajo, a ilusión… Al llegar, veo a varios compañeros docentes con los que entablo tímidas conversaciones relacionadas con el apoyo mutuo y la colaboración, con el desearnos buena suerte, con miradas de aprobación y de ¿posible amistad? Se verá en el futuro. Recorro los pasillos centrales del colegio y veo a los niños, algunos de ellos con los ojos entrecerrados debido al sueño provocado por el cuento que algún pariente les contó hasta tarde, otros muy despiertos y llenos de vida sin parar de correr, enérgicos, algunos parecen estar ausentes, ensimismados en sus mundos, debido a ¿problemas en casa, falta de afecto; o simplemente a su extrema timidez?, otros parecen perdidos sin saber a donde ir, debe ser su primer día en el colegio, muchos de ellos se encuentran con compañeros de cursos pasados y entablan conversaciones... Sólo precisé de unos minutos de paseo por los pasillos para ver todas estas situaciones diversas, para comenzar a entender la complejidad del asesoramiento tanto con los alumnos como con tus compañeros docentes, no puedo pensar en otra cosa en este instante que no sea comenzar a trabajar.

 

Finalmente llego al departamento de orientación, dejo mis cosas en la mesa y enciendo el ordenador, empiezo a organizar mi jornada y a adecentar un poco el despacho colocando ciertos elementos que hagan más apacible mi espacio de trabajo, que me den confort y al mismo tiempo energía para trabajar día a día. Acto seguido me reúno con el equipo directivo y me ponen al día del trabajo a realizar para el curso y de cómo se hacen las cosas en el centro. Se que implicará mucho esfuerzo y no se conseguirá al instante pero he de tratar de establecer pautas colaborativas a la hora de asesorar.

 

Al entrar en la sala de profesores denoto ciertas miradas que simplemente reflejan el pensamiento de “es el nuevo orientador, espero que no nos cargue a hacer tests como el anterior” otros sin embargo me dan la bienvenida y sus miradas me indican que en sus pensamientos radica la idea de “ espero que podamos llevar a cabo proyectos innovadores para la mejora de la escuela”, etc. Al igual que pasaba con los alumnos, en los profesores también veo una gran disparidad de reacciones, de impresiones, de sensaciones; algunas positivas otras no tanto pero todas significativas e imprescindibles para poder saber cómo he de trabajar con cada profesional manteniendo la paz y el equilibrio del centro.

 

Media jornada me basta para saber que el trabajo del asesor no es fácil. En media mañana ya he atendido a varios alumnos del último curso que querían cierta información sobre algunas materias, a varios profesores que querían hablar conmigo sobre algún alumno o sobre el desarrollo de alguna planificación y algún familiar para tratar ciertos temas más serios y personales de su hijo.

 

En el momento del café, quedo con varios de los profesores más amables y simpáticos y establecemos conversaciones amenas sobre temas educativos, sobre el resultado del fútbol el fin de semana pasado, sobre la política, etc.; pero mi mente no está centrada en esas conversaciones, sino que sólo piensa en las reuniones que tendré que concertar para la semana, la elaboración de ciertos planes y proyectos con el equipo directivo, etc. Solo puedo pensar en cómo asesorar de la mejor forma posible en cada situación, en cada contexto y en cada momento.

 

Al salir del colegio y volver a casa solo puedo pensar en lo vivido en mi primer día de trabajo y lo que creo en verdad es que ha sido maravilloso, pero requerirá de un gran esfuerzo  el realizar de forma óptima mi quehacer. No sé lo que me deparará el mañana, solo sé lo que puedo y debo hacer en mi trabajo, mi camino comienza y tengo que luchar por él, tengo que luchar por el asesoramiento.