La identidad docente (II)

En la anterior entrada ya se explicó que la formación de la identidad docente es un proceso continuo, que abarca toda la trayectoria profesional del individuo.  Es una construcción dinámica y continua, a la vez social e individual, resultado de diversos procesos de socialización entendidos como procesos biográficos y relacionales, vinculados a un contexto (socio-histórico y profesional) particular en el cual esos procesos se inscriben.

En el texto de María Adelina Castañeda se describen dos tipos de identidad: la positiva y la negativa. La primera se relaciona con el cumplimiento de las expectativas previas que llevaron a la persona a elegir esa profesión. Este hecho implica una mayor predisposición del sujeto para seguir formándose para mejorar y ser un buen profesional dispuesto siempre a aprender cosas nuevas. Muestra una gran preocupación por lo qué hace y cómo lo hace, así como por sus alumnos.

Por otro lado, una identidad negativa suele ser el resultado de un desempeño profesional en el que el profesor se ve imposibilitado para cuestionar su saber y elaborar su experiencia debido a una relación de poder que les convierten en ejecutores de normas externas y reproductores de saberes y actividades.

Uno de los momentos más importante es en el que el profesor se incorpora al sistema educativo por primera vez, pues esta experiencia influirá en su modo de ejercer su profesión el futuro.

Una formación basada en la experiencia y en la subjetividad a través de relatos docentes, dónde se analicen hechos de la actividad profesional constituye  un pilar clave para alcanzar el desarrollo de una de una identidad docente positiva.

La práctica docente representa la primera experiencia de trabajo que permitiría fomentar y desarrollar la reflexión entre pares. Estas son una excelente ocasión para aprender a enseñar, pero para que ese aprendizaje sea constructivo, personal, y no una mera repetición de lo observado, es necesario que los estudiantes sean capaces de analizar críticamente los modelos de enseñanza que observan. Para ello debería enseñárseles a los estudiantes a aprender y a comprender, a analizar y a reflexionar sobre la enseñanza.

Ya que al llegar al contexto de prácticas traen consigo una serie de creencias e imágenes sobre la enseñanza que influyen en la forma como enfrentan la compleja tarea en

el aula. Estas creencias no cambian por sí solas; las experiencias académicas tienen una influencia sobre ellas, y las experiencias prácticas en general contribuyen a confirmar dichas creencias.

Pero la mera introducción de actividades que teóricamente propician la reflexión –redacción de diarios, biografía, análisis de la propia práctica a través de observación de compañeros, o grabaciones de vídeo– no aseguran por sí solas un cambio significativo en las concepciones, ni mucho menos en las prácticas de los futuros profesores. La reflexión no aparece espontáneamente; se provoca, se suscita; se aviva en la inquietud del estudiante (Vaillant, 2007:14-15).

A lo largo de la vida profesional un mecanismo clave para la construcción de la identidad es el relato, pues suponen una lectura que hace el docente de los contextos en los que vive y los modos de enfrentarse a ellos.

El intercambio de experiencias entre profesionales es un buen método de aprendizaje que enriquecerá sin dudas el desempeño de la labor docente. Por ello la creación de redes es un aspecto clave que sin duda ayuda a transformar el concepto de formación y fortalecerá la identidad docente positiva.

Compartir ayuda a reflexionar sobre la propia práctica educativa y permite a los demás verse reflejados en ella, analizar su actuación a nivel emocional e identificar los puntos fuertes y débiles de la misma. Intercambiar opiniones, proyectos educativos, plantear dudas, pedir consejo, ect.; resulta hoy en día más sencillo que nunca gracias a las plataformas digitales que la red pone a nuestra disposición. En definitiva, aprender de nuestra experiencia y de la de los demás ayuda a adaptarnos a las nuevas demandas sociales, desarrollar una práctica educativa óptima y por lo tanto aumentar la satisfacción profesional, construyéndose una identidad docente positiva necesaria para seguir progresando hacia la mejora.

Aquí os dejo un vídeo en el que un profesor aporta su opinión acerca del papel del profesorado y de la importancia de que estos participen en la creación de redes como parte de una transformación profesional de cara a adaptarse a las nuevas demandas sociales.

                                  

 

 

Bibliografía:

Castañeda Salgado, M. A. (2013). Identidades en proceso de formación. Cuadernos de Pedagogía, 436,14-17.


Vaillant, D. (2007). La identidad docente. Recuperado el 17 de noviembre de 2013, de http://www.ub.edu/obipd/PDF%20docs/Assessorament/Educaci%C3%B3%20Primaria/Publicacions/La%20identidad%20docente.%20Vaillant,%20D.pdf.pdf