"Formación inicial: entre la teoría y la práctica"

     Este texto de Sandra Martínez Pérez y Fernando Herraiz García de la Universidad de Barcelona, se ocupa de cómo se forman los docentes, qué aprenden, cuándo y con quién. Lo hacen desde la perspectiva de los docentes noveles, teniendo en cuenta su paso por la Universidad, su percepción propia del proceso formativo y las primeras veces en el mundo laboral.

    El texto tiene una estructura clara, iniciándose con una introducción en la que se ocupa de centrar el tema partiendo del ámbito universitario, para, a continuación, presentar una postura o visión positiva y otra negativa sobre la formación, poniendo punto y final con el reparto de responsabilidades en el proceso de formación ya citado.

     Para empezar, desde la Universidad se entiende que la formación inicial es la partida o el comienzo de una formación permanente. Además, esta formación aporta los primeros saberes y conocimientos, estableciendo la base del saber : el saber hacer, el saber ser y el saber estar.

     Las personas que deciden ser maestros/as deben pasar por el sistema universitario, en dónde se le darán las bases sobre las que deben ir creando su propio conocimiento para, posteriormente aplicarlo por ellos/as mismos/as. La profesión docente está sometida a constantes cambios y requerimientos. Es necesario que la escuela avance con la sociedad, que no se quede atrás y en gran medida, que esto se cumpla depende de nuestros/as profesores/as. Además, como se recoge en el texto, las barreras entre el saber (Universidad) y el oficio (mundo laboral) deberían caer para ofrecer una formación completa y dinámica, que permita crear un vínculo real de teoría-práctica, es decir que se pueda llevar a cabo lo estudiado para conocer bien el contexto de trabajo y para mejorar.

     Aunque lo más oportuno sería que la formación fuese óptima, no siempre es así. Muchas cosas podrían renovarse o cambiarse en nuestro sistema para poder ofrecer una formación de mayor calidad. A continuación se tratan las posturas más críticas y las que resaltan los aspectos positivos o son más cómplices con la formación inicial docente.

     Posturas críticas:

    Desde esta postura se barajan diversas críticas. Para comenzar, defienden que en la Universidad no se les ha preparado para llevar una clase por si mismos/as, es decir, no cuentan con las competencias y habilidades básicas para desempeñar esa labor. Asimismo, entienden que han trabajado muchos contenidos de diversas materias, pero no las estrategias básicas para su enseñanza, o lo que es lo mismo, para transmitirlas. “Una cosa es saber inglés y otra es enseñar inglés”. En tercer lugar, defienden que existe una separación demasiado notable entre la formación universitaria y el contexto laboral o escolar, lo que pasa en las escuelas; lo aprendido en la carrera, dista mucho de lo que se encuentran en la práctica, estando ante una clase siendo profesores/as. En un último punto, destacan la necesidad de que las asignaturas se adapten a los cambios escolares y sociales que se dan de forma continua y que no permanezcan los contenidos anticuados de escasa aplicación en un momento posterior.

     En definitiva, resaltan que el momento en el que más se aprende es en la práctica, a través de la experiencia. Learning by doing.

     Posturas cómplices:

   Los/as docentes noveles destacan los aspectos positivos de su formación partiendo del hecho de que los profesores y las profesoras son ejemplos tangibles de lo que se debe hacer y de lo que no. Son reflejos de lo que cada estudiante podría llegar a ser en su futuro. Destacan la capacidad de que alguno/a de ellos/as eran capaces de transmitir lo que había detrás de los contenidos, de hacer sentir su vocación.

    Por otra parte, destacan las maneras innovadoras de trabajar de alguno/a de sus profesores/as a través de una metodología que conlleve la contextualización de los saberes que generen, que cree uniones con el entorno cercano y real. Citan ejemplos como la creación de situaciones ficticias del contexto escolar en el aula o buscar conexiones vitales dentro de un libro, fomentando así la lectura.

   Por último, resaltan el hecho de poder mantener el contacto con alguno/a de sus profesores/as de la Universidad para consultar dudas, buscar apoyo, etc.

 

    En cuanto al reparto de responsabilidades, en el texto se defiende que el peso de la docencia debe ser compartido entre el profesorado y el alumnado, conformando un proceso educativo común, en el que todos/as participen y aporten su grano de arena.

    Esta idea nace a partir del sentimiento de no dominar el aprendizaje propio, de no poder decidir sobre el mismo debido a las reglas de las metodologías plenamente memorísticas del sistema educativo.

    En otro nivel, se comenta que en muchos lugares de prácticas los estudiantes asumen cargas que no les corresponden y se les tiende a etiquetar de forma equivocada como un docente más cuando aún se están formando. Incluso, una vez en su puesto de trabajo se ven obligados/as a asumir materias para las que no han sido formados/as, repercutiendo en el aprendizaje del alumnado.

     Es obvio que una vez terminada la carrera y se entra, con suerte, en el mundo laboral, las cosas serán muy distintas y es responsabilidad de cada uno el asumir lo que se sabe y lo que no y organizar los saberes, competencias y habilidades adquiridas durante la carrera para dar lo mejor de si en un aula ante sus propios alumnos/as.

 

     En definitiva, se hace visible la necesidad de acercar la teoría a la práctica, ya que a la hora de comparar las horas dedicadas a la una y a la otra, podemos observar como la mayor parte de la formación está dedicada a contenidos puramente teóricos, mientras que se dedican 3 meses (dependiendo de la carrera) a las horas de práctica real en contextos educativos. Por otra parte, los centros educativos encuadrados en cualquier etapa deben avanzar con la sociedad y no quedarse rezagados o estancados en contenidos y saberes obsoletos en la actualidad.





Bibliografía:

García Herraiz, Fernando; Pérez Martínez, Sandra (2012): "formación inicial: entre la teoría y la práctica", en Cuadernos de Pedagogía, nº436.

Comentarios

  • Lara Camiña Martínez

    ¡Hola!

    Pues sí, la verdad es que aunque no nos guste una práctica siempre se sustenta en una teoría. Es necesario, en mi opinión, que en la formación inicial del profesorado no nos olvidemos de esta pareja; pero también veo que en muchos casos los profesores se encuentran ante situaciones de desconcierto y no tiene competencias prácticas para actuar ante ello.

    Un saludo.