Identidad docente

Dado a que en anteriores entradas recogí los diferentes tipos de profesor existentes, las principales características de su profesión, los factores que influyen en ella, así como las dificultades a las que se tienen que enfrentar en su quehacer diario, me parece importante ahora profundizar en el significado y las implicaciones de esa identidad docente.
 
El papel de los docentes ha ido cambiando tal y como muestran una serie de factores aportados por Esteve (2006), como son los cambios relacionados con nuevos valores y concepciones sociales,cambios en los contextos político y administrativo, y por ende cambios en las aulas y en el estilo de vida de los alumnos que van a repercutir en la necesidad de establecer un cambio en el currículo escolar.
 
Los cambios en el contexto macro tal y como señala Denise (2007) provocan a nivel social una mayor exigencia a los docentes respecto a las funciones que estes deben desarrollar. Mas cantidad de funciones, pertenecientes a diferentes ámbitos de la realidad, a veces ni propias de su profesión o para las que no están preparados, que en ocasiones incluso se contradicen entre sí.
 
Alguna de las competencias que se le demandan están referidas a conocimientos, otras a valores o actitudes, comunicación con las familias y con los alumnos, uso de técnicas relacionados con las TICs, técnicas para la reflexión e investigación,etc. Tal y como afirma  Juan Carlos Tedesco: si uno llegara a creer que el maestro debería reunir todas las características señaladas por los expertos y especialistas en diversos documentos, el resultado sería algo así como un tipo ideal tan contradictorio como de imposible realización práctica.
 
 
En el proceso de formación de la identidad del docente, confluyen tanto sus propias experiencias personales y profesionales como también las de los demás compañeros de  profesión. Esa identidad no se obtiene de manera inmediata una vez que los profesores obtienen el título que los habilita como tal, sino que será resultado de un proceso que abarcará toda su vida.
Esa identidad está compuesta por los siguientes aspectos:
 
  1. Como viven los docentes su trabajo 
  2. Factores de satisfacción e insatisfacción
  3.  Diversidad de identidades profesionales
  4. Percepción de la profesión por ellos mismos
  5. Percepción de la profesión por la sociedad
 
A mi modo de ver resultará casi imposible que se desarrolle una carrera docente provechosa y satisfactoria sin tener ningún tipo de relación comunicativa con otros profesores, pues el docente debe conocer otras opiniones, realidades y formas diferentes de entender  la profesión; para de esta forma lograr optimizar al máximo sus propias actuaciones.
 
En este sentido pienso que si el profesor se refugia en sí mismo, le abordarán mucho más  las dudas: “lo que estoy haciendo estará bien o mal”, “es este método el apropiado para esta situación”, “de que manera puedo afrontar esta problemática”, “como puedo motivar a mis alumnos”,etc; mientras que por el contrario si se abre a la posibilidad de cooperar con sus iguales, seguramente puedan aconsejarle  en base a sus propias experiencias, podrán hacerle recomendaciones,y en definitiva tenderse mutuamente las manos cuando se necesiten. Este ejercicio les va a servir para reflexionar sobre ellos mismos, hacer autocrítica y por ende, llegar a conocerse mejor a sí mismos como profesores con todas las debilidades y fortalezas que eso supone reconocer. Además, esa colaboración les permitirá seguramente mejorar en la medida de lo posible las relaciones personales, cuyos efectos tanto positivos como negativos a veces afectan al propio ejercicio de la profesión, cuando  esto no debería ocurrir.

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Si esa situación (pienso que hoy día  todavía ideal), llegara a producirse, quizás daría lugar a la existencia en los centros de un verdadero  equipo de  profesores, caracterizado por la coordinación, comunicación fluída y participación activa de todos los implicados; rompiendo así con el aislamiento y la balcanización a la que en anteriores blogs hice referencia; y con las acciones que se disfrazan bajo el tan bien sonado término de cooperación y que para  nada hacen honor a él, regidas por el interés individual y la discriminación de los grupos minoritarios de profesores.
 
Por otra parte, dentro del proceso de formación permanente en el que tiene que desarrollarse el docente, su preparación no solo dependerá de la interacción con los demás sino por supuesto de su propio compromiso y responsabilidad profesional. Es precisamente  en esa conjunción de ambos aspectos: social e individual, en el que se dá el contexto propicio en el que se construye y reconstruye la identidad  docente a lo largo de  los años, por lo que se puede decir que ésta no es estática sino que se va incrementando, modificando; y en definitiva adaptándose a los cambios de la época, de la vida profesional en los centros y de las propias vivencias personales del docente en las diferentes dimensiones que esto conlleva: familia, amigos, relación con la comunidad,etc.
 
Por todo lo anterior, se puede decir  que en cierta medida la identidad goza de un carácter ciertamente subjetivo, puesto que al depender de los factores arriba mencionados, en el caso de cada sujeto tendrán unos matices y relevancia distintos, por lo que en definitiva no se podría construír una única identidad, común y generalizable a todos los sujetos; sobre todo porque  esa identidad también es consecuencia de los sentimientos, emociones, actitudes, pensamientos, valores y creencias; que no en todos casos compartimos con los demás.
 
 
Según mi opinión aunque no  se trata de formar una identidad común entre los docentes, ese proceso subjetivo si que debería ser aprobechado por  los profesores para reflexionar sobre sus propias actuaciones, las de los demás, y tratar de interiorizar y transferir en la práctica, aquello que considere beneficioso de cara a su ejercicio profesional o para la educación de sus  alumnos; así como rechazar o eliminar lo que estime superficial o perjudicial para su profesionalización.
 
No se  tratará de formar profesionales idénticos, a modo de un modelo de profesor ideal a el que todos los demás deben de ajustarse, sino de que todos desarollen correctamente su vida profesional aún dentro de la personalidad, creencias y valores que los hacen únicos.
 
En  este sentido, el sujeto tiene  que ser por una parte autónomo, en lo que se refiere  a tener la responsabilidad profesional necesaria  para llevar a cabo un proceso que le permita conocer y reconocer  sus aciertos y sus errores, así como compartir  sus experiencias profesionales con otros docentes para enriquecerse y que los demás también se enriquezcan.
Toda esa relación entre formación, experiencia y subjetividad, es la que da lugar a la identidad docente. Aún  dentro de las diferencias de cada uno, se crea un grupo de pertenencia, pues todos cuentan con una serie de aspectos  comunes. Estos profesionales se identifican entre sí a partir de las funciones, obligaciones y papeles que comparten; desarrollando el sentimiento de pertenencia a ese grupo social y tomando conciencia de lo que les diferencia de otros; y que muchas veces implica el cuestionamiento de las identidades que como docentes se le atribuyen desde entidades externas, con el objetivo de hacerse reconocer y darse a valer ante los demás grupos  sociales existentes.
 
En relación a esto, considero que puedo decir que la identidad docente, les permite a los profesores por una parte ser capaces de definirse a sí mismos como profesionales, y por otro identificarse con un determinado grupo profesional que es el de la docencia; que les permite además diferenciarse de los demás grupos sociales existentes, según Denise (2007) “los no docentes”.
Por tanto, se puede decir que la identidad docente se puede definir en  parte, como un factor común a todos los docentes; y por otra, como una parte específica,de carácter individual, ligada tanto a aspectos personales como de su propia experiencia laboral. 
 
Además, me parece necesario destacar que el proceso de construcción de la identidad docente también es resultado, no solo de aspectos de carácter individual y colectivo, personal y social, sino también del proceso histórico que ha vivido tanto el sistema educativo como la profesión docente. Esto implica que el profesorado vaya interiorizando e incorporando a su “mochila” como docente funciones, actitudes o métodos didácticos heredados del pasado; aún siendo necesario adaptar esas cuestiones a la época social en la que se encuentre, y tratando de darle por supuesto su propio toque o marca personal.
 
En este sentido, la profesión docente al igual que su propia identidad, no es algo rígido, o inerte, sino que está en constante cambio y evolución en relación al momento histórico, social, cultural, económico y político en que se encuentre; por lo que resulta muy difícil dar una definición correcta y completa de lo que implica ser docente, puesto que está continuamente renovándose.
 
¿Pero entonces, como podemos diferenciar a un docente de una persona que no lo es? y ¿Como diferenciar a un “buen” de un “mal” profesor?
Los rasgos que deberían definir la identidad  del docente son entre otros su capacidad de autonomía, capacidad de  innovar, responsabilidad e iniciativa en el trabajo, tener en cuenta las características y los intereses de sus alumnos y conciencia de sus debilidades y fortalezas como profesor.
 
En ningún caso la identidad docente tendría que estar condicionada por los dictámenes de entidades o agentes externos a él y menos aún, ajenos al sistema educativo.Esto, implicaría que el docente viese su labor condicionada  a lo que se espera de él  por parte de terceros, y además también podría traer consigo que lleguen a interiorizar dichos roles que se le atribuyen, aún no siendo estes los idóneos, llegando a llevarlos a la práctica y asimilarlos como suyos propios perdiendo de esta forma el carácter de identidad, pues esta debe ser resultado de un proceso de construcción personal.

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Para muchos autores esos términos de “autonomía personal” y “desarrollo profesional”, cobran una gran importancia como parte de una profesión que requiere de una formación contínua y que debe adaptarse a las necesidades que le requieren las distintas fases de sus vidas profesional. Pero en el caso de la autonomía y de la responsabilidad profesional de la que hablaba considero que difícilmente pueden ser regulados a través de medidas políticas sino que pienso que van a depender sobre todo de la existencia en primer lugar de vocación profesional, de una correcta formación tanto inicial como contínua, y de que los docentes puedan desarrollarse en un entorno laboral adecuado.
 
A modo de crítica personal, decir que todos los cambios que se han producido a nivel social  y que han repercutido en el desarrollo de la profesión docente, considero que no se han acompañado de las reformas a nivel político y administrativo precisas, y en muchas ocasiones como hemos visto con el Decreto TIL no encuentran cabida en el sistema educativo, precisamente porque no se tienen en cuenta las opiniones y consideraciones de los docentes. Quizás por que no se tienen suficientemente en aprecio el ajustarse a las características de las aulas y todo lo que sucede en ellas, y porque no se considera al profesor como lo que es, uno de los principales protagonistas del proceso de enseñanza-aprendizaje.
 
 
 
 
Bibliografía y webgrafía:
 
Castañeda,M.A.Identidades en proceso de formación.Cuadernos de Pedagogía,436,14-21. 

http://www.facso.uchile.cl/publicaciones/enfoques/08/Prieto_Parra.pdf (consultado el 20 de noviembre de 2013)