El profesor es hoy, una persona coparticipativa y prudente

El artículo a analizar, autoría de Antonio Novoa, reflexiona la formación docente a día de hoy basándose en tres criterios: Primeramente en comprender a la persona en sí, en segundo lugar el trabajo colectivo del profesorado y por ultimo la prudencia en cuanto a qué y cómo enseñar. Para mi análisis del mismo, seguiré la misma estructura propuesta por el autor.

Venimos hablando desde hace algún tiempo de lo cambiante del mundo en el qe vivimos, y cómo esto afecta a la enseñanza. Contra estos continuos cambios y puesto que no conocemos el rumbo exacto que debemos tomar, según nos dice el texto, no podemos perder la calma, tenemos que mantener una actitud serena y esforzarnos por mantenernos lúcidos. Y por último, para gobernar mejor estos cambios de destaca, ya no la importancia, sino la exigencia del diálogo, de debatir las propuestas y decidir en conjunto qué camino tomar.

En cuanto a la persona, el primer cambio producido fue en lo referente al alumnado. Se dejó de ver a los alumnos como un conjunto, y se dedicó más atención a las diferencias existente entre ellos. La idea de crear un “alumno medio” no fue más que una solución rápida y fácil, porque así como dice el texto, personalmente comparto que ese alumno tipo no existió y menos todavía va a existir. Y todavía más importante, es que no podemos pensar en crearlo, no se puede aspirar a la creación de alumnos en cadena, puesto que partimos de materias primas diferentes.

fabrica de tonucci: lo que no debe ser una escuela

A esta diferencia personal entre los alumnos, hay que añadirle el hándicap de la existencia de alumnos que no quieren aprender, o que por lo menos no están motivados para ello, y partiendo de la base de que es imposible enseñar a una persona que no quiere,  la situación actual es que muchos docentes no están preparados para esto.

“La juventud quiere mejor ser estimulada que instruida” decía Goethe, y para estimular a alguien lo más importante y eficaz es pensar en sus características propias para encontrar aquel aspecto que hará que mejore su motivación. Por lo tanto se desestima de nuevo la idea de un conjunto sin detenerse en la propia persona.

Pues bien, si hacemos esta apreciación del estudiantado, es totalmente necesario hacerla de la otra parte del proceso de enseñanza, que es el profesorado. No podemos verlo tampoco como un conjunto, sino que es preciso centrarse en profesor-persona. Se trata de una profesión en la que es muy difícil separar la vida personal de la profesional, por eso es importante que se conozcan bien a uno mismo. Deben autoanalizarse en la vida cotidiana, y es bueno que sean ellos quien lo hagan y no una evaluación externa, pues ¿Quién mejor que ellos para conocer las razones de una determinada forma de actuar?. Para este autoanálisis se propone la realización las “historias de vida” en las que se relaciona la teoría compartida por cada persona con la práctica que realmente se lleva a cabo. Hay que analizar se uno es como cree que es, o como quiere ser, ya que muchas veces las costumbres no nos hacen conocer nuestro fallos o nuestras virtudes para mejorar. Hay que autoconocerse, relacionando la profesión y la persona, la persona y la profesión, y como se influyen mutuamente.

Como esta es una práctica poco incluida entre los docente, se cree necesario la introducción de la misma en los programas de formación del profesorado, para que a lo largo de su ejercicio profesional la incorporen a su día a día.

 Los nuevos alumnos existentes, entendido este concepto como variedad de alumnado en cuanto a personalidad y características culturales y sociales, hace necesaria un análisis de la dimensión humana de la persona, como he dicho ya tanto del alumno como del profesor.

Siguiente con los temas tratados en el artículo, se habla de la coparticipación. Habitamos un mundo y vivimos en una sociedad no de iguales, sino de personas diferentes, y esta diferencia es cada vez más significativa. Los educadores y pedagogos tienen (tenemos) una sensibilidad especial ante estas diferencias (para mí imprescindible para ser un buen profesional en este ámbito), pero esa sensibilidad por dar respuesta a las diferencias no es suficiente y surgen problemas.  Por una parte se habla de la infantilización de la escuela, queriendo con esto decir que en ocasiones, acercando tanto la escuela a la sociedad en la que vivimos, la estamos convirtiendo en una institución más, y le estamos quitando lo que hacia de la escuela un sitio diferente.  El autor del texto no opina que esté mal trabajar así, lo que pone en duda es que los métodos sean los adecuados. En el texto se resume con una frase de Gaston Bachelard que dice “la escuela no tiene que hacerse a imagen de la vida, sino la vida a imagen de la escuela” , se trata de una frase con la que no se me posicionar demasiado bien, ya que no sé hasta que punto la escuela no tiene que basarse en la vida para funcionar, y sí lo tiene que hacer la vida en función de lo que se haga en la escuela.

El otro punto a tratar en este apartado es la comunitarización de la escuela. En este sentido lo que se expresa en el texto es que los alumnos no están en la escuela por los lazos afectivos y las afinidades con sus compañeros, sino que lo que están es para aprender las reglas de la vida social , para aprender a convivir en grupo. Con esta idea expresada en el texto también tengo dudas sobre donde posicionarme, y es que desde mi punto de vista, si es cierto que en la escuela se aprenden las “reglas para vivir en sociedad” pero se aprenden porque allí se forma una microsociedad. Compartes mucho tiempo con muchas personas, muy diferentes a ti con las que acabas relacionándote y con las que te unen lazos, y estas personas y estas relaciones van a influir y mucho en la idea de sociedad que te formes, ya que la mayor parte de la vida de un niño es en la escuela y en relación con estas personas. Por lo tanto pienso que los lazos que se crean si influyen y mucho, y además considero positivo que así sea. Que en la escuela se aprende las reglas de la convivencia , del diálogo y de la democracia, pero que se aprenden porque dentro de la escuela se vive en sociedad, y el aprendizaje es la propia puesta en práctica de esas reglas.

Además de analizar el papel de la participación del alumnado, y puesto que el articulo lleva por título el profesor hoy, toca analizar el tema desde esa perspectiva.  El punto de partida de este análisis es la creación del profesorado como colectivo, de la imagen de esta profesión como una labor de grupo y no como un trabajo individual y totalmente desvinculado unos de otros. Por lo tanto partiendo del profesor como colectivo, se habla de un profesor reflexivo de manera individual. Ante esta situación se propone la coparticipación entre compañeros, es necesario integrar en la cultura de los docentes esta forma de trabajo. Esto implica pensar en la escuela como lugar de formación del profesorado, ya que mediante el intercambio de opiniones y el trabajo colectivo, los profesores aprenden unos de otros, transformando esas experiencias de trabajo colectivo en conocimiento profesional.  Esta forma de trabajar no va a hacer que todos los profesores lleguen a un acuerdo y actúen de manera igual, ya se ha dicho antes que no se busca la uniformidad. Lo que hará esta forma de trabajo es potenciar y mejorar las virtudes de cada docente, y disminuir sus errores, añadiendo a sus actividades profesionales nuevos puntos de vista y nuevas formas de trabajo. En segundo lugar, según dice el texto, este trabajo colectivo implica también la necesidad de crear una teoría del colectivo docente, teoría que además de habalr del conocimiento compartido, y recordando que la profesión docente va de la mano de la personalidad, hablar de una teoría de la ética compartida.  No hay una respuesta fija para los problemas a los que el profesorado ha de hacer frente en esta escuela llena de diferencias, pero es importante crear las bases de una ética social, pública y de compromiso.

               “ es la coparticipación con los compañeros y compañeras lo que nos hace educadores” (Paulo Freire)

Con esta cita pienso que se resume perfectamente la idea expresada. En mi opinión la profesión de educador es una de las que más necesita del trabajo cooperativo y de las eficaces en caso de trabajarse de esta manera. Partiendo de una actitud individualista en el trabajo, un docente tiene mucho que perder y poco que aprender a la hora de ejercer su profesión. Hay que ser generosos con los compañeros y compartir sabiduría, aceptar críticas y opiniones y aprender de otras propuestas, que en algunos casos pueden complementar o mejorar las propias.

El último de los puntos tratado en el artículo ,referente a la refundación de la formación docente, es la prudencia. Prudencia en cuando a qué enseñar y cómo hacerlo.  La estructura y los saberes transmitidos en la escuela, no se consideran capaces de responder a las nuevas necesidades educativas,  por ello es necesario reformularlas atendiendo a esas dos cuestiones.

Por una parte, hay que enseñar todo lo que nos une (la cultura común compartida), todo lo que nos libera y nos invita a conocer ( despertar el afán de investigación personal, no dar todo hecho) y por algo de ética para completar a esos miembros de la sociedad. En lo que se refiere a la metodología, a cómo enseñar, hablamos de una enseñanza basada en las emociones, ya que sin ellas es imposible la toma de decisiones y la construcción de un conocimiento racional. Para poder ellas a cabo una educación de estas características, sobre todo en lo referente a incitar al estudiantado a conocer por ellos mismo y a no quedarse simplemente con lo que se les “adoctrina”, hay que fomentar esa actitud también en el profesorado. Hay que introducir en la rutina docente la investigación  para que así ellos mismos produzcan conocimiento. Es importante la formación del profesorado basada en la investigación.

 

La enseñanza no es una tarea nada sencilla aunque así se vea desde muchos sectores,  requiere maestría, competencia y tacto pedagógico, así como una seria e cualidades personales que desde mi punto de vista crean la vocación para esta profesión (aspecto también imprescindible para un buen ejercicio personal). Aspectos como estos no son valorados por las personas que nunca se han enfrentado a una clase, y que por tanto consideran la tarea como fácil.  No es solo transmitir conocimientos, es hacerlo bien para que se produzca el aprendizaje. Además hay un aspecto en este tarea docente que ha ganado importancia en los últimos años, y es fijarse no solo en lo que se trasmite, sino en lo que se capta por parte del alumnado, guardando especial reparo en el tema de los valores que van asociados a los saberes.

Para ya concluir con este análisis, considero destacable una de las frases de cierre del artículo:

“ La enseñanza es, al mismo tiempo, trabajo de corazón (de la emoción , de la simpatía) y trabajo de la razón ( de la racionalidad, del intelecto)”

Para ser docente es importante formarse, pero no es suficiente, hay una serie de factores, relacionados con el “corazón” que hacen de la enseñanza una profesión maravillosa,  no entendida por muchos, y malentendida por otros tantos. 

 

Bibliografía: Novoa, A. (2007). El profesor, hoy. En Cuadernos de Pedagogía nº 374 pp.21-25

Comentarios

  • Lara Camiña Martínez

    Hola, creo que, con todo lo que llevamos analizado este curso, la educación se cree es sencilla y todos los que hacen esta afirmación se equivocan. Como bien dices se necesita maestría profesionalidad y vocación ante todo. Además comparto que es necesario que las emociones estén presentes en el aula y saber sacar partido de ellas. Muchas veces hay que dejar a un lado lo que se transmite (sin quitarle importancia por supuesto) y que el profesor se centre en la forma en la que lo hace, con cariño y dedicación hacia sus alumnos conseguirá mucho más. Además es importante nutrirse de las experiencias de los demás por eso como se dice en el texto la coparticipación con el colectivo es importante, dos cabezas piensan mejor que una ¿no?

    Un saludo.