El humor en el proceso de enseñanza- aprendizaje

                                                                                                       

A todos y a todas nos gusta reírnos, la risa nos hace sentir bien ya que aporta numerosos beneficios a nuestro organismo, ayuda a sobrellevar malas experiencias y a afrontar los problemas de una forma más optimista. El humor es bueno para nuestra salud física, aumenta la autoestima, previene el estrés, proporciona sentimientos de alegría, aumenta el rendimiento laboral y favorece las experiencias innovadoras.image 

Todo el mundo nace con la capacidad para reírse. Un bebé recién llegado al mundo tarda 45 minutos en soltar su primera carcajada. Diversos estudios sostienen que un niño de 6 años ríe una media de 300 a 400 veces por día, mientras que una persona adulta lo hace sólo entre 15 y 100 veces diarias. ¿Por qué no lo hacemos con más frecuencia si es tan bueno? ¿tiene este hecho algo que ver con la educación que recibimos? ¿qué postura adopta el profesorado ante la presencia del humor en el proceso de enseñanza aprendizaje?

El sentido de este blog nace de esa última pregunta. Ya vimos lo positiva que es la presencia del humor en nuestras vidas, entonces, ¿por qué no trasladarlo a las aulas?

Si nos fijamos en las primera etapas del sistema educativo vemos que el juego tiene una gran presencia, se busca que el niño se divierta ya que el estímulo placentero de la risa motiva a los pequeños a seguir jugando, y por lo tanto, aprendiendo. Por tanto, el humor y el aprendizaje están unidos por naturaleza. Sin embargo, a medida que avanzamos en los distintos niveles educativos el juego se va desvaneciendo y con el la risa. Las clases se convierten en lugares en los que la seriedad debe ser la reina. El profesor/a habla y los alumnos deben escuchar. Pero los alumnos se aburren, el interés por el tema desaparece y su mente se traslada a otros lugares lejanos, a donde la voz del docente no llega.

Barbara Fredrickson (2000) sostiene que las emociones positivas nos estimulan a “ampliar construir” recursos. Este hecho hace suponer que el humor y el juego, lejos de ser perniciosos para el aprendizaje, o incluso elementos marginales de la actividad docente, deberían formar parte integral de cualquier metodología educativa, y que su inclusión probablemente proporcionaría importantes ventajas.

Este artículo que presento a continuación recoge la existencia de numerosas pruebas empíricas que apoyan tal idea. Risa y aprendizaje: el papel en la labor docente

De manera resumida serían las siguientes:

  • Ante una explicación de base humorística las personas experimentan una mejora en su estado de ánimo, más esperanza, mayor interés en una tarea repetitiva, y menos ansiedad, ira y tristeza.
  • Es una de las claves más importantes en la creación y desarrollo de la cercanía, la intimidad y la confianza interpersonal.
  • El humor suaviza tensiones, reduce barreras y cohesiona grupos. El humor fomenta una mayor flexibilidad mental, una atención más amplia, y mejores capacidades de análisis y de toma de decisiones.

Pero el texto también nos presenta una advertencia: no todo tipo de humor debe ser válido. Siguiendo a Martin (2008) se recogen cuatro tipos de humor, distinguiéndose entre humor positivo y humor negativo. Dentro del primer grupo situaríamos el afiliativo (bromear para hacer reír a los demás, para facilitar las relaciones y reducir las tensiones interpersonales) y el auto-afirmante (reír de las incongruencias de la vida, mantener una perspectiva humorística incluso ante las adversidades, emplear el humor como un mecanismo de regulación emocional). Como negativos tendríamos el agresivo (ridiculizar, satirizar, reír a costa de alguien) y el autodestructivo (reírse de uno mismo excesivamente, para “caer bien” a los demás).

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Por tanto, el uso correcto del humor en el aula ayudaría a crear un clima positivo y divertido en el que la equivocación no implicaría rechazo, en el que las tensiones interpersonales se resolverían con ingenio, y en el que predominarían las emociones positivas. Esto ayudaría claramente a proteger la salud mental de todos los participantes en el proceso docente, sobre todo de los profesores los cuáles son actualmente uno de los colectivos con mayor predisposición a la hora de desarrollar estrés, depresión y el síndrome de burnout.

Además, el humor puede también servir para motivar el esfuerzo educativo tanto para profesores como para alumnos. Una clase en la que prolifera la risa y las emociones positivas es un lugar en el que apetece estar, aprender y prestar atención, o, en el caso del profesor, de trabajar y enseñar.

Esto no quiere decir que el profesor deba convertirse en un cómico, sino que por ejemplo, debe saber crear un ambiente más distendido, utilizar mecanismos que se acerquen más hacia al juego o aceptar los errores con humor. Todos recordamos con más cariño a aquel profesor/a que acompañaba las clases con anécdotas y nos sacaba una sonrisa de vez en cuando; y por supuesto sus clases nos parecían más interesantes, nos aplicábamos más y comprendíamos más sus explicaciones. Personalmente, creo que puede existir algún docente que piense que esto le restaría autoridad y los alumnos le perderían el respeto, pero yo opino que justamente pasaría lo contrario, ya que los vínculos generados serían más fuertes y los alumnos se esforzarían más como muestra indirecta de aprecio y agradecimiento.

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Bibliografía:

Jáuregui Narváez, E. & Fernández Solís, J. D. (2009). Risa y aprendizaje: el papel del humor en la labor docente. Revista Interuniversitaria de Formación de Profesorado, 23(3) 203-215. Recuperado el 20 de noviembre, de http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=27419066011

http://www.elmundo.es/elmundosalud/2002/12/11/salud_personal/1039630564.html [consultada el 20-11-2013]

Comentarios

  • Jorge Boga Martínez

    Nunca había pensado en esto, pero realmente es importante. Todos/as aprendemos mejor en ambientes relajados, realizamos mejor las tareas, resolvemos con más ganas los problemas que se nos presentan, etc.

    Los profesores y profesoras no deben ser seres secos, sosos y serios, como personas pueden ser cordiales y hacer reír de vez en cuando a sus alumnos/as, romper con la monotonía de las clases y generar un ambiente de trabajo óptimo.

  • Enelina

    Estou dacordo convosco, no sentido de que a divagación nos procesos de ensino e aprendizaxe son necesarios, e como non a risa, porque iso supón a rotura dunha rutina onde se fai sempre o mesmo, así como supón darse conta de que as persoas as que se lles esta ensinando teñen sentimentos.....

     

    Un saúdo. :-)

  • Lucía Vázquez Insua

    La verdad es que es un tema en el que yo tampoco había reparado antes. Si que conocía los beneficios de la risa pero nunca me había planteado lo que podría aportar dentro del contexto del aula. 

    La motivación del alumno se ha convertido en un elemento común presente en nuestro discurso debido a la importancia que tiene esta para el aprendizaje, por ello pienso como vosotros en el sentido de que podría convertirse en un mecanismo motivador eficaz si se usa adecuadamente.

    Muchas gracias por vuestras aportaciones.