El docente:autoestima profesional y emociones

Confianza y autoestima profesional
 
La profesión docente está somentida a una fuerte crisis de confianza y de identidad profesional. Que el docente disponga de confianza, constituye algo fundamental para mostrar seguridad en las acciones educativas que lleva a cabo, y por ende para transmitir también esa seguridad a sus alumnos; lo que les va a posibilitar el poder enfrentarse con más fuerza al ejercicio de la profesión docente. Esta confianza les servirá a los profesores para reducir la ansiedad, mantener un pensamiento más racional, reflexivo y por tanto más equilibrado, facilitando que el docente mantenga la mente clara a la hora de emprender iniciativas propias.
 
Sin embargo, esa confianza se ha ido perdiendo progresivamente en el caso de los profesores, hoy día todavía más, debido a los profundos cambios sociales que han tenido y están teniendo lugar. Esto genera en la propia sociedad una gran desconfianza tanto en lo que se refiere a las relaciones interpersonales como con respecto a las instituciones públicas. Desconfianza que se extiende también al sistema educativo en su conjunto, a los distintos centros, familias, alumnos y profesores. La sospecha y a veces creencia por parte de la sociedad de la falta de profesionalidad  de los docentes, esta presente día a día en la mente de los profesores, repercutiendo negativamente en las relaciones que estes mantienen con diferentes agentes educativos.
 
Considero que a esto afectan también los estereotipos sociales que existen respecto a los profesores y que trato junto a mi compañera en el grupo “Pedagogas sin trampa ni cartón”. Los comentarios que estamos acostumbrados a oír todos los días tanto en las relaciones de boca a boca como en los diferentes medios de comunicación, crean un hilo de ansiedad e inseguridad o también a veces de prepotencia en el profesorado. Comentarios sobre el bajo nivel educativo de los estudiantes, conflictos en los centros, o el considerado escaso tiempo  que los docentes dedican a la enseñanza.
 
Es necesario por tanto una formación y preparación del profesorado en este sentido, para que sean capaces de convivir con el conflicto.La confianza de la que hablo será fundamental para que el docente pueda desenvolverse correctamente contribuyendo a la autoestima profesional. Según Zembylas (2005) Confianza y autoestima están íntimamente relacionadas y ambas constituyen el núcleo básico de la identidad profesional . Por tanto, es necesario que los profesores se desenvuelvan con seguridad, tranquilidad, demostrando el dominio tanto de los conocimientos y de las prácticas, como de las diferentes situaciones que se le pueden plantear en el día a día, y sobre todo mostrar una actitud receptiva y positiva ante los demás, eliminando la creencia de verse amenazados por ellos.
 
 
 
 
image
 
A este respecto, según mi criterio,todo constituye una especie de círculo vicioso.El que los profesores en la actualidad muestren una baja autoestima profesional, puede repercutir negativamente en la forma en la que se van a percibir a sí mismos como personas, es decir en la autoestima personal; y a su vez el que esta se encuentre fragmentada va a repercutir en la quiebra de su identidad docente, y en consecuencia va a traer consigo la falta de satisfacción en su puesto de trabajo y el malestar emocional.
 
Emociones
 
Como todos sabemos, en la profesión docente las relaciones interpersonales son constantes  tanto con otros compañeros, como con padres y con los propios alumnos; por lo que las emociones estarán presentes en todo momento. Alguna de las emociones que más caracterizan el desempeño docente, son las siguientes: afecto, ansiedad, preocupación, miedo, inseguridad, frustración o tristeza.
 
Pero, ¿cuentan los docentes con las habilidades sociales requeridas para gestionar estas emociones? en este sentido sería preciso formar a los docentes en esta cuestión, pues algunos de ellos hacen predominar los sentimientos negativos sobre los positivos.
 
Dado que las emociones están tan presentes en nuestras vidas, y especialmente en el caso que nos ocupa que son los docentes, es preciso matizar que estas van a permitir, en el caso de ser positivas,una mejora de la satisfacción tanto personal como social y profesional, y van a ser un elemento además indispensable para la correcta interiorización y posterior reproducción del conocimiento.
 
En este sentido, las emociones no son algo estático y rígido, sino que se pueden ir consolidando, ampliando, adquiriendo y modificando a lo largo de la vida de las personas.Por tanto, esa incorrecta gestión de las emociones por parte de algunos docentes tendente sobre todo a mostrar el rechazo, miedo o desconfianza ante los demás; puede ser solventada y por tanto educable con el objetivo de mejorar la profesionalización docente.
 
Precisamente por esto, se hace necesario que en la sociedad combulsa y cambiante en la que están inmersos, se le preste mayor importancia a tratar de formarlos en valores y actitudes, sin restarle la importancia que merecen en relación a la adquisición y demostración de sus conocimientos científicos, que parece que gozan de un mayor prestigio social, y su dominio se utiliza a veces como sinónimo de ser un buen profesor, sin tener en cuenta las actitudes que desarrollan.
 
Pero, entonces, ¿que entendemos por emociones?  y ¿de que manera deben ser gestionadas por los docentes? Según Mariano Chóliz (2005) se entiende por emoción una experiencia multidimensional con al menos tres sistemas de respuesta: cognitivo/subjetivo; conductual/expresivo y fisiológico/adaptativo.
 
En un intento por tratar de explicar las emociones, sus funciones y componentes, se dieron dentro de la psicología científica diferentes teorías en relación al concepto, siendo una de las más conocidas la afirmada por Wundt (1986) que establece que las emociones pueden ser analizadas en función de tres relaciones básicas: agrado-desagrado,tensión-relajación y excitación y calma. 
De una manera más simple se puede decir que una emoción viene determinada por el grado en que alguna cosa, situación o persona nos agrada o nos desagrada. De ahí la importancia de educar a los docentes en este aspecto, pues las emociones van a ser uno de los determinantes fundamentales a la hora de tomar unas decisiones u otras, y de gestionar y dar solución a las situaciones que se le planteen en su día a día.
 
image
 
Así, si como futuros pedagogos somos quienes de emprender iniciativas de formación del profesorado que contemplen la educación emocional, vamos a conseguir no solo que los docentes tomen conciencia de cuales son sus emociones, como, cuando, donde y con que personas desarrollan unas u otras; sino que también estos tomen conciencia de sus conductas y por lo tanto contribuír a que se conozcan un poco más no solo personal sino también profesionalmente. Este será el primer paso, para poder mejorar como docentes.
 
Cabe señalar, como bien todos sabemos, que nuestro sistema educativo no se caracteriza precisamente por educar en las emociones. Así pues, aunque la afectividad está muy presente en las primeras etapas educativas, principalmente en Educación Infantil, a medida que avanzamos en edad y nivel educativo, ésta se va dejando mas de lado, priorizando la adquisición de conocimientos teórico-prácticos. Seguramente nuestra formación como pedagogos nos dota de una mirada que hecha mucho en falta el componente emocional en la educación; pues sabemos que toda formación que se precie deberá de contar con estos tres elementos: pensamiento,acción y emoción; como parte de lo que se denomina una educación integral; es decir que integre todos los aspectos que confluyen en el desarrollo de la persona.
 
De tal manera, si no tenemos en consideración todos los elementos, pienso que nos estaríamos refiriendo a una educación superficial y ciertamente pobre; pues no preparán a la persona en todas sus dimensiones; por lo que seguramente se encuentre sin saberlo con una o más carencias y por tanto dificultades a las que no va a saber como responder correctamente por falta de formación.
De ahí la importancia de educar en las emociones, desde la infancia y a lo largo de toda la vida.
 
De esta forma la educación emocional de los docentes no solo les afectaría a ellos directamente sino también de forma indirecta a sus alumnos. Una correcta gestión emocional dará lugar a un buen clima en el aula, mejorando significativamente las relaciones entre el profesores y los alumnos, y entre estos últimos entre sí.
 
Por tanto, resulta obvio que para formar a los discentes en las emociones será preciso que los docentes conozcan esta temática a fondo, tanto los tipos de emociones, como sus funciones, repercusiones y manifestaciones posibles.
Siguiendo las aportaciones de diversos autores, la formación del profesorado a este respecto debe pasar por las siguientes fases: tomar conciencia de las propias emociones, vivirlas, conocerlas, regularlas e integrarlas y por último desarrollar los mecanismos para tratar de sacarles partido en la vida profesional.
 
Es necesario por lo tanto que los docentes tomen conciencia de cúales son las emociones que los caracterizan, de que tipo son y cuando las manifiestan. De esta forma podrán llegar a comprender porque se comportan del modo en que lo hacen, que és exactamente lo que les lleva a ello y sobre que aspectos deben incidir para mejorar. 
 
La regulación de las emociones implica que el docente tome distancia, y reflexione desde una posición externa, tratando de identificar que emociones positivas y negativas desarrolla, si está realizando un uso correcto de las mismas y trate de crear una estructura interna que le facilite la utilización de unas u otras dependiendo de la situación y de los sujetos con los que se encuentre. En este caso no se trata de despersonalizar al docente, pasando a actuar este de una forma planificada y artificial; sino de que el docente sea consciente de como está actuando emocionalmente e introduzca las variaciones y modificaciones que considere precisas; de tal manera que esas “pautas de comportamiento emocional” queden integradas en el pensamiento propio.
 
Pero, en definitiva, el objetivo de querer trabajar la gestión de las emociones en el profesorado, es el lograr una educación de calidad que repercuta positivamente en ellos y por supuesto en sus alumnos. Precisamente por esto, es necesario hacer ver a los profesores que en gran medida de las actitudes que manifiesten hacia sus alumnos dependerá que exista una buena relación entre ambos.
 
Así este debe de fomentar una comunicación abierta, debe mostrarse flexible y respetuoso, prestar apoyo a los alumnos y preocuparse por comprenderlos, para que se genere un clima positivo en el aula. El profesor debe mostrarse cercano y hacer ver a los alumnos que su finalidad es la de que estos aprendan y transfieran sus aprendizajes a sus respectivas vidas tanto personales como profesionales. Profesor no como amigo, pero sí y porque no como compañero de aprendizajes; donde reine  la colaboración y aprendizaje mútuo.
 
 
 
 
"La inteligencia, sea emocional o de cualquier 
otro tipo, o es social o no es inteligente" Eduard Punset


"Las emociones están en el corazón de la enseñanza" Andy 
Hargreaves (1998)




A continuación incluyo un vídeo en el que se relata la iniciativa llevada a cabo por la Institución SEK en colaboración con la Universidad Camilo José Cela y la Fundación Eduard Punset, en la que se señala la necesidad de crear un nuevo modelo educativo, que se adapte a las características de la sociedad del momento, tomando como base la educación emocional de los alumnos a través de las TICs:
 
 

  

Webgrafía:

 

http://pedagogia.fcep.urv.es/revistaut/revistes/juny04/article02.pdf (consultado el 17 de noviembre de 2013)

http://www.oei.es/valores2/Lasemocionesprofesorado.pdf (consultado el 18 de noviembre de 2013)

http://www.uv.es/~choliz/Proceso%20emocional.pdf (consultado el 18 d noviembre de 2013)

http://www.caib.es/sacmicrofront/archivopub.do?ctrl=MCRST151ZI120742&id=120742 (consultado el 20 de noviembre de 2013)