"Burnout y Mobbing"

 

Como venimos hablando a lo largo de toda la materia, ser profesor es una profesión en la que puede seacumular cierta tensión a raíz del estrés acumulado, repercutiendo ello  notablemente, en la enseñanza.Puesto que el estado anímico del profesor, acabará repercutiendo en el aprendizaje del alumnado, me ha parecido interesante indagar sobre este tema, ya que para poner freno a cualquier circunstancia que genere problemas en la enseñanza, primero hay que reconocer a lo que nos enfrentamos. Pues bien, reconociendo al estrés como uno de estos factores, Gómez-Jarabo G, y Olavarrieta S, (2003) señala que se trata de aquellas reacciones emocionales y fisiológicas a las situaciones o circunstancias que desestabilizan el equilibrio de una persona. Pero concretamente a nosotros lo que nos interesa es llegar a comprender el llamado “BURNOUT” o síndrome de estar “quemado” (estrés laboral crónico) al que se pueden tener que enfrentar el profesional docente.

       imageEl “Burnout” se suele dar entre los trabajadores de los servicios humanos: docentes, personal de enfermería, de servicios sociales, seguridad… y en general en aquellas profesiones que implican un trato directo con las personas. Es decir, que se puede encuadrar la profesión docente en este marco, pues es una de las profesiones que más de cara al público está.Para comenzar veo necesario indagar de donde surge el término, es ahí donde nos encontramos a Freudemberger el cual describió por primera vez en 1974 al burnout  como “un conjunto de síntomas físicos y psíquicos (hundimiento físico y emocional) sufridos por el personal sanitario como resultado de las condiciones de trabajo”. Describía así el estado físico y mental en relación con el trabajo que observó entre los jóvenes y voluntarios que trabajaban en una clínica de desintoxicación.Después de un año, muchos de ellos se sentían agotados, fácilmente irritables y habían desarrollado una actitud cínica hacia sus pacientes y una tendencia a evitarlos (Freudenberger HJ, 1974). 

         Según determinados autores, este fenómeno puede estudiarse tanto desde el punto de vista clínico como psicosocial (Gil-Monte P, y Peiró JM, 1997). Desde una perspectiva  clínica lo caracterizan síntomas depresivos o ansiosos, aunque también de tipo fóbico.

      Desde una perspectiva psicosocial (que es la que nos interesa), existe actualmente un consenso para considerarlo como una respuesta al estrés laboral crónico, una experiencia subjetiva que engloba sentimientos y actitudes con implicaciones nocivas para la persona y la organización (Guerrero E, y Vicente F, 2001), relacionada por tanto con el contexto social y que agrupa la percepción de uno mismo y de los otros. Y aquí podemos valorar todo lo que llevamos debatido en clase, sobre la identidad docente y la importancia de su propia valorización como profesional. Ya que de no fortalecer dicha identidad y de no valorizar la función docente, es cuando se produciría el desinterés y disgusto por el trabajo, la fatiga crónica, el absentismo laboral, la baja implicación profesional, etc.

        Pero ante todo ello yo me pregunto, ¿Existe realmente el Burnout o simplemente es una consecuencia de no tener estrategias para combatir las dificultades en la enseñanza? Quiero decir, quizás si cada profesor estuviera capacitado para responder a las situaciones de estrés u otras dificultades, podría ni existir la consideración de este término.

          ¿Y qué podemos hacer nosotros como profesionales? Imaginando que se nos presenta la situación en la que tenemos que dar alternativas para solucionar el síndrome en un profesor. ¿Cómo actuaríais? Personalmente yo influiría en modificar la consideración infravalorada que puedan tener de su función docente, luego desarrollaría estrategias que neutralizaran o eliminaran las consecuencias del síndrome (por ejemplo, con técnicas de resolución de problemas). Por otro lado incidiría en la importancia de la comunicación interpersonal, es decir, le daría valor al beneficio que se puede extraer del apoyo social entre el sector profesional docente.

      Por otro lado también me gustaría citar al llamado “Mobbing”, en cuanto puede ser un desestabilizador emocional en la profesión docente. Ya en los años noventa se comenzó a dar la voz de alarma sobre si este factor, se podría convertir en un gran problema del siglo XXI, si no se tomaban medidas de prevención.  En el ámbito laboral, el mobbing señala el continuo maltrato verbal y modal que recibe el trabajador por parte de otro u otros. Muchas veces, por lo menos en mi caso, somos más conscientes del acoso que nos alarma cuando un alumno se afronta al profesor, que cuando el acoso se produce entre dos profesores, pero efectivamente este término hace referencia también a aquellas relaciones entre iguales, que se tornan intolerables.

     Según Iñaqui Piñuel (2009) todo comienza repentinamente con un cambio brusco en la relación entre el acosador y la persona que se convertirá en el objeto de su acoso. El cambio en la relación suele venir motivado por los celos, la envidia, la competición, etc. La primera manifestación de acoso suele consistir en hacer objeto a la víctima de críticas sistemáticas sin razón, hacia su trabajo o mismo hacia sus ideas. La ansiedad de la víctima puede llegar a repercutir en su salud y todo ello ocasionar deterioro en la eficiencia de su trabajo, pensemos que esto en el profesorado se evidencia de cara al alumnado.

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Las estrategias utilizadas para someter a la víctima son muy variadas. Según (Iñaqui Pinuel, 2001) se pueden dar los siguientes indicadores:

Asignarle objetivos o proyectos con plazos que se saben inalcanzables de cumplir.

Tratar de quitarle áreas de responsabilidad clave, ofreciéndole a cambio tareas rutinarias, sin interés.

                Ignorarle o excluirle, hablando en tercera persona

Retener información crucial para su trabajo o manipular para inducirle al error en su desempeño laboral.

Extender por el ambiente laboral rumores maliciosos o calumniosos que menoscaban su reputación, su imagen o su profesionalidad.

Infravalorar o no valorar en absoluto el esfuerzo realizado, mediante la negativa a reconocer que un trabajo está perfectamente hecho.

Criticar sus propuestas, pero sin dar alternativas

Invadir la privacidad del acosado, interviniendo en su correo, sus documentos, redes sociales, etc.

                 Entre otras


       Por otro lado destacar que en la entidad donde se puede producir el Mobbing del cual venimos hablando, puede hacer oídos sordos y exculparse de culpa. Su preocupación empieza a surgir cuando las pérdidas económicas o de eficiencia en la empresa o en la institución comienzan a ser evidentes.


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Además os quiero dejar plasmada un caso de Mobbing, que podemos encontrar en el libro de Iñaqui Piñuel y Zabala (2001) “Mobbing: cómo sobrevivir al acoso psicológico en el trabajo” y que tanto me ha impactado.

Lucía, 24 años, educadora de guardería

Lucía terminó Magisterio y, siguiendo su vocación por la enseñanza, buscó un trabajo que le permitiera desarrollarla. Sus primero meses de trabajo en la guardería,  fueron muy gratificantes.

“Después de unos meses, tuvimos que acoger y cuidar a más niños, sin disponer de más personas para atenderlos. La escasez de personal hizo que los niños comenzaran a ser desatendidos. Se les dejaba a veces sin comer, o sin cambiar los pañales durante horas, hasta cinco minutos antes de que los vinieran a recoger los padres. Presencié cómo cuidadoras sin cualificación suficiente se dedicaban a maltratar a los niños verbalmente, incluso  a veces pegaban a los bebés cuando lloraban, yo se lo recriminé. Al denunciar el problema a la directora de la guardería (una persona sin cualificación técnica) me contestó que no era posible trabajar de otra manera. Al día siguiente se me redujo el suelo, mientras que mis compañeras ya ni me hablaban ni querían comer conmigo,  y comencé a notar los efectos del estrés. Me daban sofocos y palpitaciones, y no podía respirar. Empecé a adelgazar y me mareaba continuamente, al cabo de dos semanas, se empezó a rumorear malintencionadamente que me había quedado embarazada, asique mi jefa decidió amenazarme de despido si esto era cierto. Mientras mis compañeras me gritaban por cualquier cosa, si algo se perdía era mi culpa, si algo se estropeaba, también. Era un verdadero infierno diario. Pero lo peor vino cuando no podía quedarme sola en ningún sitio, sentía que todo iba a salir mal, incluso empecé a pensar que estaba enferma y que me podía morir de cáncer.”

¿Cómo puede ser esto posible? ¿Cómo se puede permitir? Desde luego, que pueden existir casos más leves o más graves, pero su nivel de gravedad no implica que no haya que acabar con esto desde un principio. Y llevando esto a mi terreno personal y escolar, recuerdo como cuando estaba en el colegio, cada compañero de clase se la jugaba por chivar una respuesta en el examen de Matemáticas u otra materia, a día de hoy y como pude comprobar en mi colegio de prácticas, eso es impensable, los niños son mucho más competitivos. ¿Se está gestando una sociedad proclive a sufrir o a causar Mobbing? Pues reniego a pensar que sí, al menos no por mi parte. Pero ya que esto no depende de mí, me apoyo en la formación para que esta si lo evite. En que esa formación sea la llave para paliar todos estos desajustes morales que se están provocando. Es pues la formación del profesorado mucho más importante de lo que se cree, no solo para que sepa reaccionar ante diferentes dificultades, sino para estar capacitados para transmitir valores acordes con una sociedad equilibrada y cooperativa.

Fuentes:

Piñuel, I. y Zabala (2001) Mobbing: Cómo sobrevivir al acoso psicológico en el trabajo. Sal Terrae, Cantabria.

http://burnout.comocombatir.com/ (Consultado el día 18/11/2013)

http://www.psicologia-online.com/autoayuda/burnout.htm (Consultado el día 18/11/2013)

http://www.unizar.es/gine/MB/fases.htm (Consultado el día 21/11/2013)

 

http://www.juntadeandalucia.es/educacion/portal/com/bin/salud/contenidos/RiesgosProfesionales/RiesgosComunes/burnout/1160561555449_burn_out_en_el_mbito_docente.pdf (Consultado el día 22/11/2013)