Análisis del artículo: Nuestro sistema educativo no es un desastre (J. Esteve)

 

En su artículo, José M. Esteve analiza la disyuntiva actual entre el prestigio social real del sistema educativo y los docentes y la imagen que parece dominar el discurso político y mediático.

La imagen del sistema educativo en los medios de comunicación no necesita excesivas explicaciones por ser bien conocida por todos. Ya sea conflictividad escolar, fracaso escolar, malos resultados en comparativas internacionales o problemas lingüísticos; tienden a dominar las portadas de los diarios las noticias negativas en torno a la educación (algo que por otro lado se podría generalizar a la práctica totalidad de los tópicos tratados por los medios). De un modo similar los políticos siempre han percibido la educación como uno de los eternos fracasos nacionales que, según sus propias palabras, pese a continuas reformas educativas sigue persistiendo.

Frente a estas perspectivas eminentemente negativas, José M. Esteve se apoya en diversos estudios (principalmente uno del año 2000 que evaluaba el sistema educativo andaluz aunque también otros como uno del Instituto Nacional de Evaluación y Calidad del Sistema Educativo del 2003) para defender como una realidad tangible que el sistema educativo en general y los docentes en particular tienen un elevado prestigio social y su trabajo es positivamente percibido por la ciudadanía.

Estos resultados coinciden plenamente con trabajos más reciente como “El prestigio de la profesión docente. Percepción y realidad” (de lectura muy recomendable), elaborado por la Fundación Europea Sociedad y Educación (EFSE). De hecho dicho estudio objetiviza una realidad de vital importancia: los docentes tienen una percepción de su propio prestigio social muy inferior a la que tienen en realidad y en parte se debe a las elevadas expectativas a este respecto (figura 1).

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Figura 1. Comparativa entre el prestigio deseado, percibido y real de los profesores de secundaria que parecen esperar más de lo que obtienen y perciben que reciben mucho menos de lo que en realidad obtienen (extracto de “El prestigio de la profesión docente. Percepción y realidad”, página 45).

Otro aspecto de vital importancia que también toca este mismo estudio es la divergencia que parece existir entre la percepción que tienen los tutores sobre los centros educativos a donde envían a sus hijos y la que tienen respecto del sistema educativo en general. A este respecto, más del 80% de los tutores creen que la calidad del centro escolar al que asisten sus hijos es buena (50,8%) o muy buena (29,6%), mientras que a la hora de calificar el sistema educativo español en general la cifra baja al 42,6% (un 41% dice buena, y un 1,6% dice muy buena) algo que cuanto menos debería llamar a la reflexión. Puede esta realidad no sólo proceda de la distorsión de los medios y políticos, sino también de la baja implicación de la familia en el día a día del centro y el relativamente malo desempeño del sistema educativo español en algunos apartados de las comparativas internaciones como el informe PISA. Otros factores como el arraigo emocional que puedan tener con el centro también podrían jugar un papel marginal.

Dicho lo anterior, todos los datos expuestos en “El prestigio de la profesión docente. Percepción y realidad” apoyan los principales puntos de la defensa de José M. Esteve de la imagen pública del sistema educativo y los docentes ahondando si cabe en algunos aspectos como la disyuntiva entre la visión local y global, el posicionamiento ante diferentes propuestas de mejora, la percepción de los factores que inciden más negativamente en el sistema educativo...

Personalmente, aunque considero que el artículo de José M. Esteve es pertinente y desmitifica correctamente la imagen distorsionada que muchas se tiene de la educación no toca ciertos aspectos que podrían ser relevantes a la hora de identificar las causas de esta esquizofrenia en la que parecemos vivir.

A mi modo ver la razón de esta realidad no radica solamente en el carácter inacabado de la educación (algo que comparte con otras profesiones y ámbitos del saber) sino también en el desempeño de nuestro sistema educativo en las comparativas internacionales (al menos respecto de algunos parámetros puesto que en otros destacamos positivamente). Y es que aunque exagerada y amplificada, la visión negativa propagada que antes hemos comentado tiene, como en muchos mitos, un trasfondo parcial de realidad y veracidad.

Socialmente resulta frustrante para ciertas generaciones ver como un sistema educativo que ha evolucionado tanto en unas décadas sobre todo en el plano de justicia e integración social (cualquiera de nuestros padres estará de acuerdo con esta afirmación) no obtiene los resultados que todos desearíamos en sucesivas comparativas internacionales. Adicionalmente, este aspecto cuenta con la frustración añadida de haber pasado por sucesivas reformas educativas sin aparentemente haber encontrado el santo grial que arregle todos los males de nuestro sistema educativo. Seguramente sea esta frustración de ver aparentemente tan poco recompensados tantos esfuerzos realizados una de las losas que más pesen en la conciencia nacional y la hagan replantearse la corrección del camino elegido cuando el realidad igual deberíamos plantearnos conservar lo mucho positivo y atacar de raíz los aspectos que puedan llevar al sistema educativa a un nivel superior de desempeño sin perder un ápice de las virtudes que hoy día atesora.

Respecto al desempeño de nuestro sistema educativo, si bien no está mal posicionado en cuanto a inversión educativa por alumno (ver figura 2) obtiene resultados mejorables a la hora de medir el nivel de competencia de sus alumnos (ver figura 3). Se podría argumentar que las evaluaciones realizadas en comparativas como el informe PISA (en donde estamos sistemáticamente por debajo de la media de la OCDE y muy lejos de países con niveles similares de gasto por alumno como Finlandia) puede que no reflejen suficientemente en sus rankings determinados méritos de nuestro sistema educativo como la justicia social o la integración cultural pero ello no debería ser excusa para no buscar mejoras en este sentido. Más aún, la inmigración no es un fenómeno único de nuestro país ni mucho menos, existen otros muchos países con importantes proporciones de población inmigrante como Singapur, Alemania, Países Bajos, Francia, Canadá, Estados Unidos o Suiza que comparten problemáticas similares (si bien es cierto que sería necesario analizar en más detalle los diferentes condicionantes lingüísticos y culturales para graduar los efectos de la inmigración en cada uno de dichos países). Ahondando en la temática de la inmigración, si analizamos los resultados del informe PISA por comunidades autónomas (ver figura 4) vemos como destacan en los puestos de cabeza comunidades autónomas con algunos de los mayores índices de población inmigrante como es el caso de Cataluña o Madrid mientras que otras con una población inmigrante casi inexistente como Extremadura se encuentran en los puestos de cola (ver figura 5). Por tanto parece cuanto menos simplista aludir a la inmigración como coartada frente a la obtención de mediocres resultados en las comparativas internacionales.

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Figura 2. Extracto de la comparativa internacional del MECD correspondientes al 2009 que refleja la inversión en educación por alumno en diferentes sistemas educativos (fuente MECD). Igualmente en el más reciente análisis “Panorama de la Educación Indicadores de la OCDE 2013” seguimos estando por encima de la media de la OCDE y de la Europa de los 21.

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Figura 3. Extracto de la comparativa internacional del informe PISA 2009 que muestra de izquierda a derecha los resultados obtenidos en habilidad lectora, matemáticas y ciencias (fuente: Wikipedia).

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Figura 4. Extracto de la comparativa internacional del informe PISA 2009 que muestra de izquierda a derecha los resultados obtenidos en habilidad lectora, matemáticas y ciencias por comunidad autónoma (fuente: Wikipedia).

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Figura 5. Proporción de población inmigrante por comunidad autónoma (Datos del 2005 extraídos del informe “La Inmigración en España. Análisis por Comunidades Autónomas” de la Cámara Oficial de Comercio, Industria y Navegación de Granada). Algunas comunidades como Madrid o Cataluña están a la cabeza tanto en población inmigrante como en “calidad” del sistema educativo (figura 4) y de hecho algunas de estas comunidades está a la cola en gasto por alumno como es el caso de Madrid (figura 6).


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Figura 6. Comparativa del MECD del nivel de gasto por alumno en centros públicos de diferentes CCAA.

 

Como conclusión final opino que si bien el sistema educativo en general y los docentes en particular deben hacer frente a una visión artificialmente negativista por parte de los medios y la clase política, no es menos cierto que existen muchos aspectos a mejorar que todos los agentes implicados deben asumir como propios. Defender que todos los problemas del sistema educativo son exógenos sería tan simplista como asumir que se puede avanzar simplemente con reformas legislativas. Por ello, considero que cada agente social debería partir, antes que nada, de una profunda reflexión de su rol particular para encauzar una puesta en común de soluciones y vías de actuación que dirijan la evolución futura de la educación. Es en este punto en donde el poder político, por las responsabilidades que se le atribuyen, debería erigirse como interlocutor y tractor del proceso de diálogo y reflexión que conduzca, no a un camino marcado e impuesto, sino a uno compartido y reflexionado entre todos. Sin embargo, dado que es imposible desligar el poder político de la propia voluntad del pueblo que lo elige, quizás deberíamos preguntarnos si nosotros mismos velamos en la práctica por la educación tanto como deberíamos o si por el contrario podemos cargar toda la responsabilidad en otros a los que elegimos y mantenemos en el poder. En este sentido, una de las cosas que necesita el sistema educativo es que cada agente social (Administraciones, empresas, docentes, tutores, alumnos…) se esfuerce por cumplir su rol de la mejor manera posible y gaste menos energías en demandar de los demás un mayor esfuerzo o en lamentarse por lo mal que van las cosas porque, como en todos los esfuerzos colectivos (desde un equipo deportivo a una cadena de montaje), las cosas funcionan correctamente sólo cuando todos cumplen correctamente su cometido.

 

Fuentes bibliográficas

Esteve, J (2007). Nuestro sistema educativo no es un desastre. Revista cuadernos de Pedagogía; Nº 374, pp. 12 – 16

El prestigio de la profesión docente. Percepción y realidad” (Fundación Europea Sociedad y Educación) http://www.sociedadyeducacion.org/site/wp-content/uploads/Informe.pdf

 

Noticia de El País sobre “El prestigio de la profesión docente. Percepción y realidad” http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/07/04/actualidad/1372953413_326127.html

 

Comparativa internacional del MECD: http://www.mecd.gob.es/dctm/ministerio/horizontales/estadisticas/indicadores-publicaciones/cifras/2013/h1.pdf?documentId=0901e72b81512261

 

Resumen de resultados del informe PISA 2009 (Wikipedia): http://es.wikipedia.org/wiki/Informe_PISA

 

Listado de países del mundo por población inmigrante (Wikipedia): http://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Pa%C3%ADses_por_poblaci%C3%B3n_inmigrante

 

Análisis por comunidades autónomas de la inmigración en España (Cámara Oficial de Comercio, Industria y Navegación de Granada): http://www.camaragranada.org/descargas/la-inmigracion-en-espana-154doc.pdf

 

Comparativa por CCAA del nivel de inversión por alumno (MECD): https://www.mecd.gob.es/dctm/ievaluacion/indicadores/2011-f2.pdf?documentId=0901e72b810b4dd8

 

Informe “Panorama de la Educación Indicadores de la OCDE 2013” (MECD): http://www.mecd.gob.es/dctm/inee/internacional/panoramadelaeducacion2013informe-espanol.pdf?documentId=0901e72b816996b6