EL PROFESOR, HOY

Esta entrada será diferente a las que vengo haciendo hasta en el momento. En ella no me centraré tanto en reproducir o resumir lo que el texto diga y después mostrar mi punto de vista. En este “post” me centraré en criticar diversas ideas que pone de manifiesto este autor en su texto “El profesor, hoy” (António Novóa)  perteneciente a “Cuadernos de Pedagogía”.

Resaltar que no quiero realizar una crítica del montante de todo el texto, sino de algunas de las ideas que este autor presenta. Decir a su favor, que no todo el texto admite críticas, ya que concuerdo con el autor en varias de las ideas que propone como puede ser la cooperación entre el profesorado, comprender la diversidad del alumnado, conocer los casos de cada alumno…

Convendría comenzar diciendo que este texto presenta numerosas ideas o propuestas de renovación de los métodos utilizados en la actualidad en la escuela. Reflexionando acerca de esto pensé: Pero… ¿realmente nuestro sistema educativo está tan mal?

En este texto se realiza una afirmación que concuerda muy poco con mi modo de ver el pasado. El autor dice que realmente el profesorado no actúo de la manera adecuada ante la afluencia masiva de alumnado de ten diferente condición con el que se encontraron en las aulas. Dice que los métodos utilizados por los maestros fueron variados: desde los que se centraban únicamente en el currículo, a los que se centraban en las personas y no tanto en los contenidos o competencias que debían  transmitir a sus alumnos. Para mí, esta afirmación me parece muy generalista por su parte. Claro que existirían profesores que tomarían una de estas dos soluciones, pero además de estas hubo muchas otras posturas. Pienso que el trabajo llevado a cabo por muchos profesores no debe ser menospreciado. Hay muchos formadores que llevaron a cabo unas tareas dignas de premiar ante el aumento de alumnos en las aulas, la  inmigración, los alumnos con necesidades educativas especiales… Hay que  resaltar que, aunque los docentes se encontraron con numerosos “muros” en su camino fueron superándolos con gran maestría. Consiguiendo los objetivos que se pretendían. Lo que sí, es que muchos de estos formadores han llevado a cabo un trabajo muy tedioso, con grandes jornadas de trabajo, mucho esfuerzo y gran continuidad en su labor. No creo que los docentes no tengan en cuenta las circunstancias individuales de cada individuo, o al menos eso me han ido transmitiendo a mí a lo largo de mi formación, ya que la mayoría siempre me ayudó o me dio su consejo acerca de las problemáticas que le transmitía.

Por otra parte, el autor pone de manifiesto que hay que saber diferenciar entre lo que merece la pena enseñar y lo que no y cómo debe hacerse. Ante esta afirmación  tengo que decir que si que estoy de acuerdo con el autor en la parte del “cómo hacerlo”, pero no en  lo que merece la pena enseñar. En cuanto al “cómo hacerlo”, desde hace tiempo, los alumnos venimos pidiendo un cambio en la metodología que ha de llevar a cabo el profesorado. Que se dé cuenta que la sociedad es cambiante y que hay que saber estar a la altura. Lo que creo que no se debe producir es un “adoctrinamiento del profesorado”, lo que quiero decir con esto, es que no todos los profesores deben  transmitir lo mismo y de la misma manera. Está claro que deben existir unos mínimos que este debe transmitir a sus alumnos pero también debemos dejar un espacio al maestro para que ponga de manifiesto temáticas que el considera importantes. Debemos dejarlos trabajar.

Añadir, que yo no comparto su idea de que no debemos volver al concepto romántico del profesorado, es decir, buscar a los que sienten la vocación. Realmente, yo considero este aspecto como algo muy importante. La vocación está muy relacionada con el cómo será esa persona como formador en un futuro. Más cuando hablamos de un campo como este, el educativo, donde la vocación se considera tan importante. Por todo esto, creo que la escuela si debe cambiar en una cosa (entre otras muchas debido al estado de crisis continuo con el que tiene que lidiar y que ya tenemos comentado anteriormente en otros blogs) y es que se debe tener más en cuenta la vocación de los estudiantes, fomentar el trabajo de los centros de interés del alumno, ayudarlo a crecer y darle esperanzas de que llegará a conseguir lo que se proponga

Por último, decir que me parece muy importante la afirmación que realiza el autor a la hora de destacar el papel de los sentimientos en el aula, ya que me parece uno de los aspectos más deficientes en escuela actual y de los más necesarios.

Bibliografía:

Nóvoa, A. El profesor, hoy. Cuadernos de pedagogía, nº 374. 21-25