La formación inicial docente

La formación inicial posee una gran relevancia en el desarrollo profesional docente, puesto que será la que dote de las destrezas y capacidades necesarias al maestro para que pueda ejercer su profesión. Este hecho hace que se generen muchos interrogantes alrededor de ella. Principalmente, estos se materializan en las cuestiones de qué, cómo, cuándo y con quién aprender.

En el artículo “Formación inicial: entre la teoría y la práctica”, analizado en el aula a través de la técnica del seminario, se pretende dar respuesta a estas preguntas a través de la recopilación de los testimonios de maestros de infantil y primaria que comparten sus vivencias. Tras su lectura, podemos llegar a una serie de conclusiones que presento a continuación.

La primera es que los alumnos universitarios inician sus estudios con unas expectativas claras. Por un lado, pretenden que la facultad les proporcione las teorías que orienten su desarrollo profesional; y por otro, recibir una formación que les ayude a resolver las diferentes situaciones que se le presenten en el aula en el futuro. En este sentido, sostienen que la universidad debe tener en cuenta los cambios sociales y del sistema educativo, transmitiéndoles una formación acorde a ellos, que les capacite para trabajar en aulas complejas y en entornos educativos autónomos y colaborativos. Es decir, que al terminar sus estudios puedan hacer frente a las nuevas demandas de la profesión docente.

Pero, ¿se cumplen estas expectativas en la realidad? ¿Qué es lo se aprende para poder ser docentes? 

La universidad aporta al sujeto los primeros conocimientos y los primeros contactos con la realidad, estableciendo las bases del saber: el saber hacer, el saber ser y el saber estar. Pero los estudiantes manifiestan la existencia de una desvinculación entre la teoría y la práctica profesional a la que se enfrentarán como docentes. El texto, distingue dos miradas en relación con la formación: una negativa y otra positiva.

La primera se fundamenta en carencias que presenta la formación desde el punto de vista de los maestros. Estos manifiestan que no se les ha enseñado a llevar una clase por sí mismos, que aprenden los contenidos que van a tener que transmitir a sus alumnos, pero no las estrategias para hacerlo; la existencia de una descompensación entre contenidos teóricos y prácticos, siendo mayoritariamente del primer tipo, lo que conlleva que sea en la vida laboral dónde se produzcan los aprendizajes más significativos; y, por último, la necesidad de cambios en las materias para adecuarlas a los nuevos cambios sociales.

Las valoraciones positivas que se realizan, están vinculadas a la metodología empleada por el profesorado durante la etapa de estudiantes de los maestros.  De este modo, se exalta lo motivador  que era para ellos contar con profesores que se notaban que tenían vocación; que utilizaban una metodología basada en la experiencia en vez de la memorización y repetición de conocimientos, a través de la contextualización de los saberes que se generan y las simulaciones.  Es decir, valoran la relación de la teoría con la práctica a través de diferentes métodos que los hacían acercarse a la futura realidad profesional en la que se iban a desenvolver, planteándoles situaciones a las que se iban a tener que enfrentar para saber cómo reaccionar ante ellas.

Finalmente, el texto nos habla de las responsabilidades de los agentes implicados. De esta forma se diferencian dos momentos distintos: la universidad y la inserción en el mundo laboral.

En la universidad, los alumnos no se sienten dueños de su aprendizaje, ya que los aprendizajes están basados en la memorización y la reproducción, y no se les invita a ser críticos y a reflexionar. Por otro lado, durante el período de prácticas, los centros les cargan con más responsabilidades de las que deberían asumir, olvidándose de que se encuentran en un proceso de aprendizaje.

Tras su paso por la universidad, el profesor novel accede al mundo laboral, donde se le exige que asuma tareas y responsabilidades para las que no está preparado, puesto que en su período de formación inicial no se han contemplado.

Ante esta situación queda claro la existencia de una incongruencia entre la teoría y la práctica en la realidad cotidiana de la escuela. Para salvar esta brecha existente es necesario que universidad y escuela trabajen conjuntamente, estableciendo una “formación basada en la conjunción de conocimientos teóricos y prácticos, junto a las capacidades, destrezas y habilidades que tienen que desplegarse en la diversidad del aula”. Sin duda la contextualización de los conocimientos a través del análisis de casos reales y una mayor comunicación entre la universidad y el centro de prácticas para supervisar las tareas a realizar por el alumno, sería una buena forma de mejorar esta formación inicial.

 

Bibliografía:

Herraiz García, F. y Martínez Pérez, S. (2013). Formación inicial: entre la teoría y la práctica. Cuadernos de Pedagogía, 436, 46-49.