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Identidades en proceso de formación M.A Castañeda

Nuevo análisis sobre otro de los textos tratados en la sesión de seminario, en donde el primero de los textos expuesto fue precisamente este, titulado “Identidades en proceso de formación” de María Adelina Castañeda Salgado.

Ideas principales del mismo:

- La formación docente debe ser entendida como una dimensión de la existencia humana que se despliega en la actividad profesional. Es importante acudir al recuerdo, pero también tener en cuenta el relato de otros profesionales, que puede fortalecer una forma positiva de vivir la profesión.

- Estudios han aportado evidencias de que la observación de experiencias, prácticas y modos de aprendizaje de los docentes, permite reconocer como se constituyen las identidades en la interacción con sus biografías y trayectorias profesionales. Su implicación en los procesos formativos, les permite experimentar la manera en que se va modificando la percepción que tienen de sí mismos, mientras se pone en marcha una disposición para repensar su identidad.

- Se define identidad como un constructo complejo, que no es constante, que cambia para adaptarse a las distintas realidades. Aquí el texto, se divide en 3 grandes ejes que conforman la identidad:

Un proceso complejo:

La formación docente toma el sentido de un proceso permanente a lo largo de la vida y en el que se articulan elementos de heteroformación y de autoformación, es decir, se resalta la necesidad de formación continua y constante del profesorado. En el sentido de exterioridad de la formación recibida, se producen en la interexperiencia, en la relación con el otro. Mientras que en el sentido de interioridad, es el sujeto quien se hace cargo de su formación, y desarrolla un trabajo sobre sí mismo. En esta relación de exterioridad-interioridad en la que la formación puede ser una especie de laboratorio de transformación de la identidad.


La identidad al igual que la formación, no es estable ni permanente, sino que se construye y reconstruye, en el curso de la vida personal y profesional. Los valores, normas, tradiciones, símbolos, creencias y modos de comportamiento, actúan para que los individuos que lo forman puedan fundamentar y negociar su sentimiento de pertenencia y diferenciación.


La identidad es un proceso complejo, en el que el individuo se constituye a lo largo de su vida en múltiples pertenencias internalizadas como experiencias a través de un proceso de individualización marcado por las subjetividades de cada uno. De ahí que en la constitución de la subjetividad no puede haber una separación entre el mundo subjetivo y el mundo objetivo, pues ambos se constituyen como aspectos parciales de la misma experiencia.

La subjetividad como mediación y trascendencia: mediación, porque el sujeto se constituye en el conjunto de lo que aparece como determinación social y cultural; y trascendencia, porque al mismo tiempo “se define por un movimiento de desarrollarse a sí mismo, de superar lo dado, de llegar a ser otro” (Deleuze, 1977 p. 91.)

En esta íntima correspondencia, tiene lugar la constitución de identidades docentes porque propicia lo que Dubar (2002) define como tipos de relación que estructuran las formas de identificación:

            La forma “biográfica para los otros”: se inscriben en un linaje generacional de pertenencia a un grupo local y a una cultura heredada. Es decir, está determinada por las normas sociales que se le imponen.

            La forma de “relación para los otros”: se identifican a partir de sus funciones, obligaciones, y papeles asumidos dentro de un sistema instituido y jerarquizado

            La forma de “relación para sí”: resulta de una conciencia reflexiva y del compromiso con un proyecto que tiene un sentido subjetivo y de identificación con otros, que comparten la misma realidad.

            La forma “biográfica para sí”: implica el cuestionamiento de las identidades atribuidas, con el fin de hacerse reconocer por los otros en identidades personales o sociales reivindicadas por los propios sujetos. Implica reflexionar y pensar aquella identidad con la que más relación existe, aprender de sí mismo.

Hacer de la formación un espacio de identidad en relación con uno mismo y de reconocimiento por parte de los otros significa crear condiciones para que los maestros modifiquen su relación con los saberes y se identifiquen en las posiciones que han ocupado en su trayectoria de vida personal y profesional.


Rasgos de identidad en el quehacer docente:

En algunos estudios se han descrito rasgos de identificaciones positivas y negativas con la profesión docente:

            Una identidad positiva se relaciona con encontrar puentes que confirmen el cumplimiento del “deseo” de ser docente con las expectativas previas, y la apertura a la construcción de sí, para sí y para los otros. Una identificación positiva con la profesión tiene implicaciones éticas y profesionales que se refieren tanto al trabajo bien hecho por los docentes como al reconocimiento de este por parte de los padres y alumnos. Está relacionada con la identidad biográfica para sí, y la de relación para sí.

            Una identidad negativa con la profesión resulta de experiencias vividas en determinadas situaciones en las que, por ejemplo, los docentes son valorados por el discurso oficial y “normalizados” en sus aprendizajes y tareas, cuando el “espacio interior se llena por completo”, mediante saberes, actividades, normas y relaciones de poder que no les permiten cuestionar su saber y elaborar su experiencia. Está relacionada con la identidad biográfica para otros y la relación para otros.

 

Hacer visibles creencias y valores:

Los relatos de docentes, pueden contribuir a fortalecer una identidad positiva con la profesión al propiciar que analicen situaciones vividas en la práctica docente.

En la construcción de identidades, los relatos de profesores son en sí mismos formativos, ya que se dan cuenta de pensamientos, acciones, deseos y aspiraciones que como profesional y como persona se ponen en juego en su quehacer.

En los relatos de los profesores aparecen las tensiones entre la identidad heredada y la identidad adquirida, entre el individuo producto de lo que las condiciones y determinaciones han hecho de él, y el individuo sujeto, que ha elaborado algo con eso que se hizo de él. Es decir, la relación entre la historia como permanencia del pasado en sí y la historia como tentativa de actuar en el presente (De Gaulejac,1995)

Fomentar el uso de narrativas en la formación abona, sin duda, identificaciones positivas de los docentes con su quehacer, las cuales resultan de una conciencia reflexiva que compromete-con un sentido subjetivo y de identificación- con otros que son pares y comparten el proyecto de aprender con sus estudiantes.

 

Conclusiones y reflexiones propias:

Queda claro, que la identidad es un proceso complejo ya que su formación se lleva a cabo a lo largo de la vida, no durante un periodo en concreto de la misma, y tiene influencia sobre ella tanto la heteroformación como la autoformación. No puede haber separación entre el mundo subjetivo y el mundo objetivo, ya que ambos se constituyen como aspectos parciales de la misma experiencia, van unidos.

Dubar (2002) habla de los cuatro tipos de relaciones, y todos y cada uno de ellos son importantes en la formación de la identidad como tal. Tanto las normas sociales que ya están establecidas, como las que se marcan en las relaciones con los demás, junto con con la identificación con los demás y la propia reflexión personal sobre uno mismo, hace cada uno tenga su propia identidad.

Por otro lado podemos diferenciar entre identidad positiva y negativa. La positiva está relacionada con encontrar en uno mismo o gracias a los demás,  motivaciones para ser docente, que nos ayuden a tener vocación, a identificarnos con plenitud sobre lo que estamos haciendo. Mientras que la negativa, se encamina hacia las visiones y experiencias que por unos u otros motivos, se han visto frenadas, prohibidas, frustradas, incapaces de llevarse a cabo, haciendo perder esa vocación de ser docente, y el poder vivir y elaborar esas experiencias.

Por último, se habla de los relatos de los docentes, como un aspecto positivo para dar a conocer la realidad a la que se enfrentan. Estas historias, pueden ser muy beneficiosas ya que nos darán una visión y un contraste, entre el individuo producto que está condicionado por todas las situaciones de la sociedad y experiencias, y el individuo sujeto, que a pesar de todo, ha elaborado algo con lo que le han dejado. Estos relatos pueden ser aprendizajes formativos, que ayuden en la construcción de la identidad profesional docente, y hagan reflexionar acerca de las posibilidades que ofrecen y los caminos que quedan por recorrer en esta profesión.

 Bibliografía:

Castañeda, M.A. (2013) Identidades en proceso de formación. En Cuadernos de Pedagogía, nº 436, pp. 14-17.