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“Identidades en proceso de formación”. SEMINARIO I

Por Lorena Garcia Pazos

Formación y Desarrollo Profesional del Profesorado

Lorena García Pazos

“Identidades en proceso de formación”

Construcción de la Identidad Docente en un proceso de formación ¿permanente?

En la clase del día 13 de Noviembre del 2013, trabajamos a partir de una técnica de seminario, cinco documentos que proyectan la construcción de la Identidad Docente publicados en Cuadernos de Pedagogía. Concretamente, mi grupo y yo nos centramos en analizar el texto bajo el título de: “Identidades en Proceso de Formación”. Por ello destinaré esta entrada a un análisis más exhaustivo del mismo documento vinculado a las reflexiones personales que este me suscita y gracias a la búsqueda de nueva información que complemente mi estudio en web.

Dicho documento es escrito por María Adelina Castañeda Salgado: Profesora e investigadora de la Universidad pedagógica nacional de México y Coordinadora de la Cátedra Unesco Cecilia Braslavsky “Formación docente para la innovación de la educación”.

En primer lugar, la idea principal que destaca sobre el texto, a mi modo de ver, es que la construcción de identidad del maestro parte de una formación permanente en la que debe considerarse el relato de otros profesionales o trayectorias profesionales, así como es imprescindible la reflexión sobre la práctica que hace uno mismo, es decir, su experiencia propia, de modo que le sirva para repensar su identidad.

Pero, antes de seguir analizando el documento os estaréis cuestionando que significa identidad, término del que ya hablé en una de mis entradas y el cual se incorpora al campo de las ciencias sociales a partir de las obras del psicoanalista austriaco Erick Erickson, quien a mediados del siglo XX empleó el término ego-identidad en sus estudios sobre los problemas que enfrentan los adolescentes y las formas en que pueden superar las crisis propias de su edad. Erickson concibe a la identidad, como “un sentimiento de mismidad y continuidad que experimenta un individuo en cuanto tal. (Erickson, 1977: 586); lo que se traduce en la percepción que tiene el individuo de sí mismo y que surge cuando se pregunta ¿quién soy?

En este texto se incorporan los elementos de debate para aproximarse a este tema de la identidad en la formación a partir de tres ejes de exploración: los sentidos de la identidad en la formación y el significado de formarse, los rasgos de identidad en el quehacer docente y la identidad narrativa en procesos de formación.

Partiendo de la premisa central de que la formación docente toma el sentido de un proceso complejo: permanente que se desarrolla a lo largo de la vida y en el que se articulan elementos de heteroformación y de autoformación en una relación de exterioridad-interioridad.

En lo que se refiere a la heteroformación se entiende que el profesor debe hacer aprender al alumnado a través de la normativa y al mismo tiempo el docente debe autoformarse, es decir, aprender de sí mismo reflexionando sobre su propia historia, o lo que es lo mismo, su práctica docente.

En lo que corresponde a esta relación de exterioridad e interioridad en la que la formación experimenta una transformación de la identidad, Dubar (2002) lo nombra como un espacio en el que se puede “elaborar la transición entre las antiguas y las nuevas creencias, los antiguos y los nuevos saberes, y las identificaciones pasadas y presentes.”

Que la identidad se desarrolle en un proceso de formación permanente no quiere decir que está sea estable o propiamente permanente sino que se construye y reconstruye a partir de la historia individual (vida personal y teniendo en cuenta la subjetividad de cada uno) y colectiva (a través de los relatos de otros profesores) del docente.

Mencionando el proceso de individualización, en el que recalco la subjetividad del maestro, que dependiendo de la experiencia previa de cada uno o las normas y valores que nos caractericen, damos significados diferentes a las cosas. Por esto, es fundamental el trabajo o inspiración de uno mismo para ser el mejor, y por tanto convertirse en un ser autónomo en el que clarifiquemos quiénes somos y que nos diferencia del otro así como darnos cuenta de la posibilidad de cambiar para “ser mejor o distinto de lo que soy”. En relación con esto, Dubar (1995) entendía el proceso de construcción de la identidad como una doble transacción: una biográfica (entre lo que fui y lo que quiero ser) y otra relacional (entre lo que quiero ser y las posibilidades que encuentro en los contextos en que vivo).

Según Morin (1990), este compromiso con la autonomía deriva de una formación docente entendida como una dimensión de la existencia humana que se detalla en  la actividad profesional, como autor capaz de conocer, decidir, elegir pero inacabado por todas esas controversias o paradojas que muchas veces llenan de incertidumbre a los profesores provocando crisis del profesorado (algo que ya he comentada en una de mis entradas sobre el texto de Gimeno).

De esta manera, se constituyen las identidades docentes en interacción con la formación, experiencia y subjetividad que propicia lo que  Dubar define como tipos de relación que estructuran las formas de identificación siguientes:

-          Biográfica para los otros: de tipo comunitario y en la que los individuos se inscriben en un linaje generacional de pertenencia a un grupo local y a una cultura heredada.

-          Relación para los otros: de tipo societario, en la que los individuos se identifican a partir de sus funciones y papeles asumidos dentro de una institución jerarquizada como la familia, la escuela o los grupos profesionales.

-          Relación para sí: como resultado de una conciencia reflexiva y del compromiso con un proyecto que tiene un sentido subjetivo y de identificación con otros, los pares o los que comparten ese mismo proyecto.

-          Biográfica para sí: en la que se cuestiona las identidades atribuidas a través de la búsqueda de autenticidad en la continuidad de un yo proyectado (curso de la propia historia), para luego ser reconocido por los otros en identidades personales o sociales reivindicadas por los otros sujetos.

Por otra parte, cumple señalar los rasgos de identidad en el quehacer docente, de modo que la identidad de este sufre un proceso de ajuste en su inserción profesional y de aceptar el ejercer su profesión, quizás de manera limitada.

Así, en estudios de formación de profesores (López de Maturana, 2009; Navia, 2006) se describen rasgos de identificaciones positivas y negativas con la profesión docente:

Identidad positiva: se cumplen las expectativas previas que confirman el deseo de ser docente, a partir de la construcción de sí, para sí y para los otros de forma que se mantenga el deseo de saber y encontrarse con la profesión y consigo mismo. Se dice que es positiva ya que tiene implicaciones éticas y morales que hace que el trabajo bien hecho por los docentes sea reconocido por los padres y alumnos.

Identificación negativa: resulta de experiencias vividas en determinadas situaciones, como por ejemplo el hecho de que los maestros son valorados sólo mediante el discurso oficial y normalizados en sus aprendizajes y tareas, de tal manera que la formación se convierte en una actividad que refuerza la identificación normativamente externa o la identidad atribuida. Lo que quiere decir que tanto en la formación inicial como continua, los maestros pueden encontrarse inmersos en un núcleo de identidad atribuida al sentirse identificados con imágenes de su labor como transmisores de conocimientos acabados o instrumentadores de propuestas.

El hacer visibles creencias y saberes a través de los relatos de los profesores, como recurso de formación y estrategia del conocimiento, puede contribuir a fortalecer una identidad positiva con la profesión ya que se propicia el análisis de situaciones vividas en la práctica docente, se experimentan las reformas curriculares como espacios de formación y se crea en ellos mismos entornos institucionales que favorecen el poder hacer visibles esas creencias, saberes, lógicas de funcionamiento institucional y rasgos de la cultura docente.

Por último, estos relatos docentes conllevan tensiones entre la identidad heredada y la identidad adquirida, entre el individuo producto de lo que las condiciones y determinaciones han hecho de él, y el individuo sujeto, que ha elaborado algo con eso que se hizo de él. O lo que de otra forma De Gaulejac (1995) afirma: “la relación entre la historia como permanencia del pasado en sí y la historia como tentativa de actuar en el presente.”

Por ejemplo, el relato de ingresar en la profesión, los docentes describen las estrategias identitarias que desarrollan para adaptarse a un cambio de normas y de modelos pedagógicos, esto es lo que Dubar (2002) nombra como un cambio de configuración identitaria que acostumbra acompañar los momentos “cruciales” de la existencia, los cambios de estatus y los grandes acontecimientos de la historia profesional.

CONCLUSIONES

Por lo tanto, dicho todo esto, como Morin apunta la formación docente debe ser entendida como una dimensión de la existencia humana que se despliegue en la actividad profesional. En la construcción de la identidad docente es imprescindible acudir al recuerdo para poder reflexionar sobre la propia historia.  Puesto que identidad se desarrolla en un proceso de formación permanente que se construye y reconstruye a partir de  historia individual del docente, mencionando en esta subjetividad de cada uno y  la importancia de la historia colectiva a través de los relatos de otros profesores  ya que estos pueden fortalecer de forma muy positiva el vivir la profesión.

Este construir y reconstruir de la identidad docente revela la necesidad de nombrar experiencias, mediante una narrativa que por el recuerdo y la memoria se constituya en trabajo de autoformación como actividad pedagógica que consiste en aprender de uno mismo, a partir de la reflexión y la examinación de la propia historia.  Lo que personalmente considero fundamental en el análisis de la propia trayectoria profesional como docente junto con su biografía personal,  y lo más importante, lo que emerge de sus propias prácticas cotidianas y  que le ayuda a comprender su trabajo como profesor, y cómo ha adquirido su condición de profesor o identidad profesional.

Además, es importante señalar el sentido de pertenencia a un grupo, de modo que la identidad colectiva supone la imposición y transmisión de los rasgos culturales de dicho grupo. Podemos decir que hoy en día en nuestro contexto social, los sujetos están adscritos a diversos grupos por lo que la construcción del sentido de pertenencia se dificulta, ya que estos a través de sus múltiples interacciones cotidianas van seleccionando los repertorios culturales que responden a sus intereses y aspiraciones personales, así como a las exigencias sociales; de tal manera que la identidad colectiva se convierte en una construcción subjetiva y cambiante.

Así como Castells (1999:28) dice, la identidad implica un “proceso de construcción del sentido atendiendo a un atributo cultural, o un conjunto relacionado de atributos culturales, al que se da prioridad sobre el resto de las fuentes de sentido”.

BIBLIOGRAFÍA Y WEBGRAFÍA

 

Castañeda Salgado, M. A., Identidades en proceso de formación. En Cuadernos de Pedagogía, nº 436, pp. 14-17.

http://convergencia.uaemex.mx/rev53/pdf/13_Asael%20Mercado%20Maldonado.pdf

http://diposit.ub.edu/dspace/bitstream/2445/15323/7/Historias%20de%20vida%20en%20Educaci%C3%B3n.%20Biografias%20en%20contexto.pdf#page=24