¿Qué hace un 'profe' que mola, qué tiene que tener?

Lo venimos repitiendo no solo a gritos en las calles, sino en debates extrauniversitarios en grupos de discusión, y en muchas sesiones de clase de Pedagogía: Enseñar es proceso gradual y una tarea muy compleja. Muchos maestros nos han dejado huellas en cada uno de nosotros, y esto nos debería hacer reflexionar sobre si cada uno de nosotros nos sentimos orientados, modulados o rechazados por alguno de ellos. Hemos de pensar que la docencia sistemática es un proceso sencillote y con consecuencias catastróficas, así como también hemos de pensar que la docencia innovadora es un proceso lleno de complejidades que no siempre resultará satisfactorio. ¿Por qué?. Su complejidad.

Hace poco, mi compañera Uxía Vázquez Ferreiro, cursando actualmente el 4º Grado de Infantil, me comentaba lo terrible que podría llegar a ser su actividad como docente una vez la dejaran "sola" en el aula. De este modo, le recomendé un texto que en su día leyó otra compañera mía en su Licenciatura de Psicología, en la materia de pedagogía: "Psicología de la Educación para una enseñanza práctica". ¿Qué tiene de especial este texto?. Pues la verdad es que fue uno de los primeros que leí antes de entrar en pedagogía, un texto que me concienció sobre la dificultad de dinamizar un aula, así como me motivó para encontrar formas para acabar con ese pánico al fracaso docente.

 

De esta forma, para todos aquellos que aún conciban que la actividad docente es pleno relax, me gustaría recogerles los aspectos naturales de lo que resulta la actividad de un profesor, simple y llanamente.

 

  1. Multidimensionalidad: es decir, involucra muchas y diferentes áreas. La enseñanza incluye áreas más allá de las lenguas y las matemáticas, dándole una importancia equitativa a la afectividad, la socialización y el desarrollo de la inteligencia emocional, ya que es esto lo que les hace realmente autónomos.
  2. Inmediatez y simultaneidad: En las aulas cada vez ocurren cosas más extrañas para los profesores: códigos secretos, accidentes, controversias... todas estas acciones desestabilizan los ritmos de la clase y los profesores deben actuar con una combinación de pedagogía y rapidez.
  3. Incertidumbre: pues nunca sabemos cómo un estímulo reaccionará a un individuo, cada alumno/a será nuevo y por tanto implica una individualización constante de sus metodologías.
  4. Inclusión de aspectos sociales y éticos: dada la pluralidad de clase, el profesor/a debe combinar su actuación con el sentido de la justicia y que esta sea captada por todos los integrantes del aula.
  5. Variedad de alumnos: la heterogeneidad, causa de los distintos ritmos de aprendizaje, motivaciones, procedencias, etc. dificulta en todo momento el principio de adecuación de la metodología.
 
Como véis, no es una situación fácil plantear una metodología de acción, para ello los profesores deberán dominar una serie de estrategias y ser flexibles a la hora de aplicarlas. Aquí, el diseño de programas, proyectos y unidades didácticas (en función del área escolar en que se esté trabajando), cobrará su importancia máxima. Pero sed sinceros, ¿no habéis tenido siempre un profesor/a que ha sabido llevar esto a la perfección, y otro/a que has pensado que estaría mejor aislada de la sociedad?. Sin lugar a dudas, hay profesores "que funcionan", que saben estar en grupo y dinamizar sus sesiones, así como también los hay quienes son incapaces de mantener una relación decente. Un profesor experto forzosamente deberá tener experiencia, pues desde la facultad no se aprende todo, pero experimentado en la profesión también puede no haber avanzado en el dominio de la enseñanza. 
 
 
¿Qué determinará exactamente que a uno les de éxito, mientras que a otros les sea un fracaso?. Pues bien, según en estudios recogidos por Santrock (2001), hay tres ingredientes clave para obtener la esencia del profesorado "experto": 1) el conocimiento profesional, 2) las características personales, y 3) el desarrollo profesional:
 
  1. El conocimiento profesional: es decir, el conocimiento y dominio de la asignatura, detrezas comunicativas y motivacionales, conocimiento de sus alumnos, dinámicas de aula, actitud democrática ante los conflictos, capacidad de improvisación y una capacidad de relacionar los conocimientos con la realidad
  2. Las características personales: actitud positiva, perspectiva de la enseñanza como un reto, autoeficiencia personal, interactivo con sus alumnos, sin excluir a nadie del sentimiento afectivo grupal.
  3. El crecimiento profesional: relativo a la formación continua y procurando evitar el estatismo de conocimiento y metodologías, así como el aislamiento con los compañeros de trabajo.
 
 
Visto así, la formación de un docente parece algo con lo que se tiene casi que nacer. Ser docente casi implica una vocación, o al menos, tan siquiera, tener una serie de competencias sociales que se desarrollen desde antes de comenzar a formarte inicialmente en la Educación Superior. Es algo que tiene que salir desde edades tempranas; lo que ahora me recuerda a cuando la prfa. Dra. Mar Lorenzo nos comentó que los alumnos/as de Finlandia con mejores notas eran entrevistados acerca de su interés por la docencia. ¿Curioso, verdad?, ¿Igualito que en España?.
 
Sed bueno, chicas y chicos.
 
 

 

 

 

 

Bibliografía:

González, J y Criado del Pozo, M. J. (2009): La enseñanza, los profesores y la psicología de la Educación. En J. González y M.J. Criado: Psicología de la Educación para una enseñanza práctica. Madrid. CSS

 

Santrock, J.W. (2001). Psicología de la Educación. México: McGraw-Hill. En González, J y Criado del Pozo, M. J. (2009): La enseñanza, los profesores y la psicología de la Educación.