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"Formación inicial: entre la teoría y la práctica" Seminario IV

Análisis del 4º texto trabajado el día 13 en clase, y que lleva por título: “Formación inicial: entre la teoría y la práctica”

 

Ideas principales sacadas del mismo:

La Universidad es vista como un espacio de crecimiento personal y de conocimiento. La formación inicial desempeña un papel importante, por su fundamento teórico y también por su dimensión práctica. En la Universidad, se entiende como el inicio de una formación permanente. Una persona decide ser docente e inicia sus estudios universitarios, buscando que la Universidad le ayude a resolver las diferentes situaciones que se le presentan en el aula. Los cambios presentan nuevas demandas para una profesión docente que cada vez es más compleja. Se estimula al maestro a trabajar en entornos autónomos y colaborativos, a dar respuesta a las demandas socioeducativas del momento, y a desenvolverse en aulas cada vez más diversas.

El artículo pretende dar respuesta a dos de las preguntas que surgen en la investigación: ¿qué aprenden para ser maestros y maestras y cómo, cuándo y con quién lo hacen?; ¿cómo recuerdan haber vivido su experiencia académica en la Universidad?

A medida que los universos van transitando por las diferentes asignaturas se percatan de que con la teoría no es suficiente. La formación inicial aporta al sujeto (el estudiante) los primeros conocimientos y los primeros contactos con la realidad, estableciendo la base del saber: el saber hacer, el saber ser y el saber estar.

Al revisar el papel de la Universidad en la formación, aparece la desvinculación existente entre los conocimientos teóricos que se imparten en la Universidad y los conocimientos prácticos dominantes en la escuela. Para abordar y sopesar el tema, se trabaja desde dos miradas:

            Miradas críticas de desencanto:

Algunos maestros argumentan que no se les ha enseñado a llevar una clase por sí mismos, aprenden contenidos de las materias que van a impartir, pero que no trabajaban estrategias para su enseñanza “Una cosa es saber inglés(…)y otra es enseñar inglés”.

Por otra parte, se habla de la distancia que separa la formación universitaria de aquello que pasa en las escuelas: ven una dominante teórica que dista de los saberes prácticos que necesitan interiorizar. “En la Universidad lo que aprendes son conocimientos teóricos, y la mitad o las tres cuartas partes no sirven para nada (…) cuando aprendes es cuando estás en clase (…) quitando lo de prácticas, lo que sé, lo he aprendido en la poca trayectoria profesional que puedo tener”

Existe también, la necesidad de revisar ciertos contenidos, ya que hay asignaturas que se tienen que cambiar porque si las escuelas cambian y la sociedad cambia, las asignaturas también se tendrán que cambiar.

            Miradas cómplices y valoraciones positivas:

Algunos entrevistados recuerdan haber aprendido cuestiones de interés tan solo en algunas asignaturas y con determinados profesores. Así, Cristina dice “En mi experiencia valoro mucho lo que aprendí en la Universidad, no tanto por los contenidos teóricos sino por el contacto con unos pocos profesores que eran diferentes del resto. Ver a estos profesores universitarios que tenían esa vocación de docente que se notaba, y tú sentías”. Por otro lado, Eva afirmaba “Una profesora de la Universidad me hizo volver a tener ganas de leer” pero recuerda “ Siempre reivindicado que las prácticas son lo que más me ha marcado (…) las prácticas han sido lo influyente de verdad”. Por último, Marta también valora positivamente las clases performativas de simulación de situaciones ficticias en el aula, “eran un poco como las prácticas, porque simulábamos situaciones de clase, cosas que claro, después, cuando pasan, te acuerdas”.

Reflexionar en torno a este tipo de experiencias académicas, según nuestro criterio, conlleva tener más claro, si cabe, qué tipo de formación se debería desarrollar en el ámbito universitario.

 

Reparto de responsabilidades:

Encontramos también aportaciones que señalan desplazamientos de responsabilidades presentes en los diferentes contextos universitarios y escolares. Por ejemplo, Cristina cuenta lo siguiente “No querían que fuésemos reflexivos y críticos” alegando que sólo se permitía el memorizar los apuntes, pero no poder opinar sobre ellos.

Por otro lado, en el periodo de prácticas, los estudiantes asumen muchas veces demasiadas responsabilidades que todavía no les corresponden porque están formándose todavía, pero se ven enfrentados a ellas y muchas veces etiquetados como un docente más. Otras veces, aparecen casos como el de Jon, que se vio dando clases de educación física en un colegio muy pequeño, cuando él venía acostumbrado a grandes superficies y recursos. Al final siempre acabas teniendo que adaptarte al centro, y sus posibilidades, y entonces aparecen dos tipos de profesores: el que dice “paso, yo me pongo a dar lo que sea” aunque esos niños no aprendan nada; y el que se forma o va formando por el camino para tratar de responder a esas exigencias que le han tocado.

 

Conclusiones y reflexiones propias:

En este artículo se vuelve a dejar claro, una vez más, la necesidad de reformar la educación. En este caso en el contexto universitario, y más concretamente en la relación de la formación impartida, con el mundo laboral. No deja de reflejar algo que es evidente, no sólo en carreras como Magisterio, sino en muchas otras, sin ir más lejos la nuestra propia.

Teoría y práctica deben ir cogidas de la mano, y no cada una por su lado como es costumbre en nuestro sistema. La importancia de la teoría es fundamental, sin ella no existiría la práctica, pero no por ello debe ser más importante, ni una ni la otra. Además, hay que tener en cuenta que muchas veces, cuando reflexionamos sobre la teoría, también estamos haciendo prácticas. Las prácticas no son solamente acudir a una institución, entidad, empresa o centro y enfrentarnos a la realidad, la práctica va más allá de esas experiencias. Debemos saber aprovechar nuestros años de estudios, porque es cuando de verdad estaremos motivados para seguir aprendiendo y seguirnos formando, aunque está claro que la educación debe ser algo permanente. Leer libros, es una buena práctica, porque quizás en ellos encontremos muchas respuestas que en un aula nunca escuchemos, porque como dice el dicho “cada maestrillo tiene su librillo”, y por mucho currículum establecido, uno enseña lo que quiere enseñar y cómo lo quiere enseñar, pero aparte, cada uno debe de procesar sus propios aprendizajes.

Los periodos de prácticas siempre son vistos como lo más motivador en las carreras universitarias, siempre quedan en el recuerdo esos meses en los que nos sentimos importantes porque estamos realizando aquello para lo que nos hemos preparado durante tanto tiempo y con tanto esfuerzo. En mi opinión, estos periodos deberían de ser más largos, para poder tener cierta continuidad y llevar a cabo acciones que se ven limitadas en periodos cortos de tiempo, porque como ya se sabe, todo o casi todo lo que se cambia en la educación, conlleva resultados que se ven a largo plazo. Pero también debemos de ser realistas, y quizás es algo inviable, ya que se requieren muchos aspectos, agentes, compromisos y recursos que no se tienen, y menos aún, en los tiempo que corren.

Quizás la solución sería un sistema de prácticas, a posteriori de los estudios, es decir, como un año de especialización, de carácter obligatorio para obtener el título. En algunos contextos existe, sobre todo si nos vamos hacia lo privado, pero no podemos valorar esto, cuando la educación es un derecho para todos, los que quieren, y no sólo los que pueden.

Nunca llueve a gusto de todos, por lo tanto siempre habrá visiones más positivas y visiones más negativas, pero lo que está claro es que debemos mejorar para que las primeras prevalezcan. Como he dicho otras veces, la vocación es la base fundamental de cualquier profesión. Si los estudiantes que se adentran en la Universidad, tienen la vocación de aprender, deberían encontrarse en el 100% de los casos, con docentes que tengan la vocación de enseñar.

Como bien concluye este articulo, “Universidad y Escuela están llamadas a entenderse y a trabajar de manera conjunta, con el fin de proporcionar al estudiante una formación inicial basada en la conjunción de conocimientos teóricos y prácticos, junto a las capacidades, destrezas y habilidades que tienen que desplegarse en la diversidad de un aula”. Quizás como nos indica esta viñeta de e-faro, nos falte el sentido común a la hora de organizar nuestro sistema.

Sentido común

 

Bibliografía:

Herraiz, F. y Martínez Pérez, S. (2013). Formación inicial: Entre la Teoría y la Práctica. En Cuadernos de Pedagogía, nº436, pp. 46-49.