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Formación inicial: entre la teoría y la práctica

En la sesión del pasado miércoles 13 de noviembre trabajamos sobre diferentes artículos del monográfico de Cuadernos de Pedagogía. La sesión expositiva supuso el análisis de diferentes documentos a través de una sesión de seminario, por lo que por grupos trabajamos sobre diferentes artículos.

A mi grupo nos tocó el artículo “La docencia, una experiencia compartida” pero aun así considero interesante analizar de forma individual algún artículo más de ese día. Concretamente, el texto “Formación inicial: entre la teoría y la práctica” no se llegó a exponer ese día y lo considero muy interesante, por lo que decidí leerlo y elaborar un análisis de forma individual.

El tema de este artículo, de Fernando Herraiz García y Sandra Martínez Pérez, gira entorno a dos cuestiones previas que son“¿Qué aprenden para ser docentes los maestros noveles y cómo, cuándo y con quién lo hacen?” y “¿Cuál fue su vivencia académica en la Universidad?”.

A continuación se realiza una introducción sobre la relación que se establece entre Universidad-Escuela y después se plantean estas cuestiones desde dos puntos de vista, uno más positivo y otra mirada más crítica.

Las ideas que extraigo de la introducción son:

-          Universidad como entorno de relación y aprendizaje que nos ayuda a evolucionar tanto de forma personal como profesional.

-          La formación inicial que recibimos en la Universidad es fundamental desde un punto de vista teórico como práctico y es el primer paso de cara a la formación permanente.

-          Desde la Universidad se plantean teorías que ayudan a los futuros maestros a resolver diferentes situaciones que se les presenten en el aula.

-          La Universidad, y por tanto la formación inicial, aportan al sujeto los primeros conocimientos y contactos con la realidad estableciendo la base del saber: saber hacer, saber ser y saber estar.

En cuanto a la mirada crítica que aporta el texto sobre estos aspectos, se recalca el descontento que sufren muchos universitarios acerca de su formación en esta institución, haciendo alusión a que aprenden muchos contenidos pero no las estrategias necesarias para impartirlas en el futuro. Por lo tanto, se considera que los contenidos teóricos que se imparten en las facultades no se corresponden con los saberes prácticos que precisan para el día a día en la labor docente.

Finalmente, muchos docentes están de acuerdo en que los aprendizajes más significativos los alcanzan a través de la experiencia laboral, trabajando con compañeros y rodeados de estudiantes.

Desde otro punto de vista más positivista, también se valora la labor e implicación de muchos docentes a la hora de abordar sus materias, utilizando otro tipo de metodologías que no se centren en la memorización de contenidos y que tienen un sentido más práctico.  Un ejemplo de esta metodología valorada positivamente es la simulación de situaciones ficticias en el aula donde los futuros docentes tenían que actuar como en una situación real.

Por otro lado, otro aspecto bien valorado son las prácticas que se desarrollan a través de la Universidad, puesto que son la oportunidad de enfrentarse a la realidad, desconocida hasta el momento. También es ocasión para vincular los conocimientos adquiridos con el mundo laboral.

Finalmente, para concluir, se propone un reparto de responsabilidades para paliar las necesidades que tienen los docentes a lo largo de su formación inicial. Para ello se propone una labor conjunta tanto por parte de las instituciones universitarias como por parte de los propios educandos. 

Se considera fundamental, desde los contextos universitarios, modificar la dinámica de las aulas en cuanto a la mera reproducción de contenidos y memorización de los mismos. Por lo tanto, se apunta hacia una posición más práctica, siendo el educando el protagonista de sus propios aprendizajes y por tanto, autónomo en ese proceso. De modo que se hace alusión tanto a la labor que debe desempeñar los contextos formativos como a la nuestra propia como estudiantes, debiendo ser autónomos e implicados en nuestro proceso de aprendizaje.

De este modo, en nuestro período de prácticas también tenemos que ser conscientes de que somos aprendices y que estamos allí para aprender, no para ejercer responsabilidades y labores que no nos corresponden.

Aprendizaje significativo: teoría-práctica

En mi opinión y a modo de reflexión personal, decir que con este artículo me sentí identificada en muchos aspectos.

Por un lado, considero que por medio del Grado en Pedagogía aprendí muchos contenidos y desarrollé muchas conocimientos, habilidades y actitudes que antes no había adquirido, pero que de algún modo siento frustración ya que no considero que disponga de todas las estrategias necesarias para, el día de mañana cuando ejerza como pedagoga, poder enfrentarme a la práctica o intervención que tenga que realizar.

También, pongo en valor las prácticas que realizamos en tercero y que realizaremos en cuarto, puesto que la experiencia que me llevo del período de practicum ya realizado es muy positiva.  Considero que estas prácticas de toma de contacto con la realidad, son una gran oportunidad para abrir los ojos y comprobar que muchos de los contenidos trabajados en la Universidad y todas esas habilidades y actitudes desarrolladas, sí que tienen su puesta en práctica en el quehacer educativo.  Por lo tanto, creo que estas deberían de tener una mayor duración y un mayor peso en nuestra formación, ya que son realmente constructivas en nuestra formación inicial.

 

Fuente bibliográfica

Fernández, L., Jiménez, E., Martínez, A. (2013). La docencia, una experiencia compartida. En Cuadernos de Pedagogía, nº436, pp. 58-61.