Formación inicial: teoría y práctica

Me parece interesante analizar uno de los textos trabajados en el aula mediante la técnica de seminarios. Este texto es Herraiz, G., Martínez, S. (2013). Formación inicial: entre la teoría y la práctica. En Cuadernos de Pedagogía, nº436, pp. 46-49.

Como dice en su título, es un artículo que trata sobre la formación inicial que reciben los docentes, antes de iniciar su vida laboral y su desarrollo profesional posterior a la universidad. En este caso, sabemos que esta formación inicial se basa en una formación dentro de las facultades de magisterio pero deberíamos crear (tanto en los futuros docentes, como en toda la sociedad) la conciencia de que este es el punto inicial para comenzar una formación permanente. Es decir, tomar a la universidad como el comienzo de una larga trayectoria de formación de docentes. Por eso, parece lógico que sea la universidad la encargada de dar los conocimientos y habilidades necesarios para el desarrollo laboral de los docentes, pero también la encargada de dotar a los docentes de competencias y destrezas para seguir formándose y actuar de la mejor manera ante las necesidades que se encontrará.

La formación inicial por lo tanto va a tener que aportar a los futuros docentes la capacidad de resolver los problemas normales a los que estos se puedan encontrar, así como prepararlos para otros menos probables. Por todo ello, y siguiendo planteamientos ya trabajados, en necesario que los docentes estén preparados para las demandas que exige un mundo en constante cambio, que se preparen para vivir en un constante estado de “crisis” y sepan que se enfrentan a una profesión la cual sufre multitud de cambios en base a los nuevos conocimientos, los diferentes enfoques políticos, el tipo de escuela, el contexto, etc. Lo que el texto destaca es la necesidad de que los docentes se formen de manera adecuada para trabajar en un mundo y en una profesión cada vez más complejos, con la necesidad de colaborar con otros compañeros, de realizar multitud de tareas de manera autónoma, en situaciones de diversidad, manejando conocimientos en ocasiones cambiantes y buscando trabajar desde un enfoque cada vez más integral con los alumnos.

Para responder a todo esto, mediante la formación inicial los estudiantes de magisterio se plantean obtener técnicas, estrategias y metodologías que les orienten en su trabajo real en el aula, pero esto no es algo sencillo ya que es necesario conocer tanto la teoría como la práctica y, sobre todo en el caso de esta profesión, existen multitud de realidades a las que se van a enfrentar y no siempre se pueden analizar de antemano todas. Por ello, en ocasiones los estudiantes sienten que con su formación solo se les han aportado teorías, y reclaman la necesidad de obtener una formación mucho más práctica.

En base a esta reclamación me resulta interesante observar que se encuentran en nuestra misma situación. Como estudiantes de Pedagogía conocemos la multitud de ámbitos en los que podríamos llegar a desarrollar nuestra labor profesional, pero sin embargo las prácticas son muy escasas y no te dan la oportunidad de conocer más que dos, dejando a un lado la experiencia que te podrían aportar otros que ni siquiera te llamen la atención (pedagogía familiar, laboral, escolar, hospitalaria, penitenciaria, educación especial, educación ambiental, asociaciones, administraciones, editoriales, museos, y un largo etcétera). Por ello, entiendo y comparto las voces que reclaman una mayor experiencia y rotación en diferentes ámbitos.

A mi modo de ver, lo único que se reclama mediante la petición de una formación inicial más basada en la práctica y la experimentación, es el hecho de recibir un aprendizaje mucho más basado en el constructivismo. Como hemos visto en el desarrollo de la materia, es necesario formar a los alumnos en ser capaces de abandonar la idea de aprender como memorizar y conseguir que se formen de manera más global, integrando los conocimientos y aprendiendo a dar respuesta a las diversas situaciones que se les planteen. Por ello, los propios docentes deber ser formados en un aprendizaje basado en la experiencia que les permita sentirse seguros y confiados en su labor.

Para profundizar en todo esto, el texto analiza el cómo aprenden los futuros docentes su profesión y las criticas o apoyos en esta fase, sobre todo relacionados con el tema de la relación teoría y práctica.

En el caso de las críticas, destacar que:

  • no sienten que se les enseñe a llevar un aula de manera autónoma,
  • aprenden contenidos de materias pero no como enseñar esas materias
  • sienten una separación entre la formación en la universidad y la realidad en las aulas
  • opinan que aprender mucho más al iniciar la vida laboral que antes
  • reclaman un cambio en la formación universitaria, ya que esta se debe adaptar a los cambios en las escuelas y en la sociedad.

Comparto muchas de las ideas en base a la sensación de no preparación y la falta de práctica para iniciarse como docente, y opino que afecta en gran manera a que los docentes noveles se sientan muy inseguros y con multitud de temores. En mi opinión, esto pasa en muchos casos, ya que nosotros mismos carecemos de actividades formativas que nos permitan desarrollarnos como pedagogos fuera de las convencionales (salvo excepciones de docentes o materias) y en muchas ocasiones no tenemos seguridad en nuestra propia formación.

En el caso de las posturas de apoyo, destacar que:

  • normalmente solo se destacan ciertas asignaturas o docentes que transmitían a los alumnos una conexión relacionada en muchas ocasiones con la vocación como docentes
  • son recordadas las experiencias en las que se realizaban aprendizajes por medio de metodologías novedosas, de manera amenas, por medio de la experiencia o simulaciones y que potenciaban la motivación de los estudiantes.

Personalmente creo que todos tenemos esas experiencias que nos han llenado más como alumnos y nos aportaron conocimientos que se fijaron mucho más fáciles que los trabajados memorísticamente. Además, estas experiencias son las que más se valoran y las que hacen que te sientas motivado, y en el caso de los docentes, que quieras ser capaz de llevar a cabo ese tipo de metodologías con tus alumnos. Así mismo, y en el caso contrario, también se podrían tomar las visiones de las personas que por culpa de malas experiencias aprenden que cosas no deber realizar en un aula y el modelo de cómo no actuar.

 

Este texto me parece muy interesante ya que trabaja temas debatidos en el aula, y clarifica un poco los puntos de vista tanto de unas posturas como de las otras. En este caso, la universidad debe ser entendida como un espacio de formación inicial, por lo que se reclama una mayor integración de la práctica en ella y una remodelación del tipo de aprendizajes para conseguir que esta se adapte a la realidad a la que luego se enfrentarán los docentes. Sin embargo, y en base a la realidad en la que estamos, esto no es tan sencillo. Por ello, creo que se debe promover un cambio de mentalidad en la universidad y entender esta como una preparación inicial a un proceso formativo constante y que debe dotar a los profesionales de un conocimiento acorde con la realidad de la profesión y que les dé seguridad para llevarla a cabo, mediante un aprendizaje basado en el constructivismo, que hará que los futuros docentes puedan formar a sus alumnos de manera más adecuada e integral.

 

Bibliografía:

Herraiz, G., Martínez, S. (2013). Formación inicial: entre la teoría y la práctica. En Cuadernos de Pedagogía, nº436, pp. 46-49.