Maestros de escuela

En el apartado de opinión y análisis del Diario de Pontevedra de hoy, 1 de octubre, me encontré una breve reflexión sobre lo que eran los maestros antigüamente, mayormente conocidos como "maestros de escuela" y su percepción hoy en día. El autor (Enrique Mora M.) nos presenta dos visiones contrapuestas, la tradicional figura del maestro como alguén con preparación, de máxima responsabilidad y con una conducta intachable, frente a la percepción actual con menor autoridad en su campo. Es más, esta percepción la relaciona con las diferentes leyes y sistemas de educación que han constituído este proceso educacional de la figura del maestro/a en la actualidad.

A continuación añado su opinión personal, la cual me ha parecido de suma importancia para generar en los lectores una reflexión de lo que actualmente estamos viviendo en el campo de la educación, entre otras actuaciones de transcendente importancia en el panorama actual.

 

Siguiendo el diccionario, maestro es "la persona que tiene como función enseñar. El que personalmente o a través de su obra ejerce una enseñanza sobre los demás. Persona de gran sabiduría en una ciencia o arte. El que dirige el personal u operaciones de un servicio". Y así podíamos seguir con algunas otras apreciaciones. Todas ellas encajan a la perfección en la profesión de "Maestro de escuela" que es a los que quiero referirme. En la actualidad estos profesionales de la Enseñanza pertenecen al "Cuerpo de Profesores", si no estoy equivocado.

Personalmente a mi me agradaba más la anterior denominación. La palabra Maestro era sinónimo de responsabilidad, entrega, de máxima ética y moralidad, de fiel cumplimiento en sus funciones, de preparación, de paciencia, de sacrificio, de conducta intachable, de saber estar, de confianza absoluta de los padres y familias de los niños a su cargo. En fin, el Maestro o Maestra eran un segundo padre o madre que impartía conocimientos, que educaba, que s eprestaba a ayudar a sus alumnos en todos los que aquellos pudieran necesitar, sine star encorsetado por un rígido horario; que mantenían relaciones fluidas con los padres de sus alumnos; eran hombres y mujeres sumamente respetados y de forma muy especial en el medio rural.

Ya se que eran otros tiempos muy distintos a los actuales en los que la tecnología ha modificado de forma sustancial ese mundo. Pero los que tenemos ya cierta eddad hemos sido niños de pupitre de madera, con un hueco para el tintero donde se mojaban las plumillas que cada uno llevaba y un manguito fino de madera para acoplar aquellas; hemos sido niños para memorizar las tablas aritméticas, hemos cantado éstas bajo una tonalidad pegadiza que favorecía su aprendizaje, hemos sido niños con el uso del mandilón para proteger la humilde ropa que llevábamos; niños de pasamontañas con los que proteger nuestra cabeza de las helaras que hacían brotar los molestos "sabañones" sobre todo en nuestras orejas; niños que sufríamos algún que otro castigo corrector, como ponerse de pie contra la pared o de rodillas unos minutos; que aprobaban nuestros padres a quienes no se le pasaba por la cabeza denunciar al maestro y que yo sepa no traumatizaron a nadie y contribuyeron a evitar comportamientos futuros mucho más graves, y a inculcar en nuestras mentes lo que estaba bien de lo que estaba mal, y del debido comportamiento y respecto a aquellas personas mayores que por ser nuestros progenitores, nuestros profesores, nuestas autoridades, o sus agentes, estaban constituidos de autoridad, en nuestras vidas cortas, pero que fueron las simientes de un proceso educacional digno de tener en cuenta a la hora de hacer valoraciones sobre leyes y sistemas de educación hoy día. No estoy pregonando ni defendiendo la imposición de castigos físicos, solo estoy refiriendo lo que sucedía, a veces, y sus resultados, y que cada uno los analice en conciencia.

Si hoy día referimos lo que estoy recordando, a nuestros nietos no dan crédito a lo que escuchan. De la pizarra y el pizarrillo se ha pasado al ordenador, al teléfono móvil, a la tablet, a las maquinitas electrónicas de juegos que usan con profusión y habilidad, y les resulta algo onírico aquello que les contamos de ese viejo mundo de medidados del pasado siglo. Es decir, ayer ,prácticamente. Por eso viene bien recordar aspectos de la vida en determinadas épocas pasadas y sacar consecuencias.

A mi, con estas líneas me ha guiado la intención de reconocer y admirar el trabajo de aquellos maestros y maestras, a los que debemos quizás lo que hoy somos. Vaya para ellos mi reconocimiento, mi respecto y mi admiración, por haber dignificado la palabra "maestro", sin que ello suponga un ápice de demérito para los que hoy bajo el título de "profesores" cumplen con su deber de la misma forma y con la misma ilusión, en condiciones francamente difíciles.