La autoestima de los docentes

A pesar de que en una entrada anterior trate de alguna manera la temática de la inteligencia emocional y los docentes, me centraré  ahora en un concepto que pienso que tiene una gran repercusión en el ejercicio de la profesión, como es la autoestima.
 
La autoestima es un elemento imprescindible para el correcto desarrollo tanto personal como profesional, y por supuesto también para el ejercicio de la profesión docente. 
En primer lugar me gustaría acercaros al concepto a través de una definición aportada en 1967 por C.Rogers en la que afirma: la autoestima es el  núcleo básico de la personalidad, un conjunto organizado y cambiante de percepciones que se refieren al sujeto. Como ejemplo de estas percepciones citemos: las características, atributos, cualidades y defectos, capacidades y límites, valores y relaciones que el sujeto reconoce como descriptivos de sí y que él percibe como datos de su identidad.
 
Por tanto, se puede decir que la autoestima  está relacionada con las actitudes que el sujeto tiene o desarrolla hacia sí mismo. Estas actitudes constituyen una organización más o menos duradera de creencias entorno a una determinada situación o circunstancia, que lleva a la persona a posicionarse o responder de una determinada manera ante ellas y no de otra.
Los componentes de la autoestima son los siguientes:
 
 
image
 
-El componente cognoscitivo. Este se refiere a la representación mental o percepción personal que cada uno de nosotros nos formamos  respecto a una determinada circunstancia, objeto o persona, sin tener ningún tipo de conocimiento sobre ello, simplemente basándonos en una idea que nos generamos.Por tanto este componente congnoscitivo no tiene  porque ser resultado de un proceso verdaderamente consciente.
 
-El componente afectivo. Se refiere a la respuesta emocional que se genera en nosotros ante la asociación de un determinado objeto actitudinal con emociones, sentimientos o sensaciones que nos resultan agradables o placenteras.Este componente es el considerado por muchos autores como el de mayor relevancia para la configuración de la autoestima.
 
-El componente comportamental.Este componente es el que nos facilita el poder inducir el comportamiento o la conducta que una determinada persona mostrará ante un determinado objeto, persona  o situación.
 
Debemos tener en consideración que ese comportamiento no va a depender solo de lo que a la gente le gustaría hacer sino también,de lo que cada sujeto cree que  debería hacer; es decir, por las normas sociales que rigen la sociedad.
 
 Así pues, también considero que tiene mucho que ver la tradición, es decir lo que se ha venido haciendo asta el momento y que de alguna manera en mayor o menor medida ha quedado arraigado en una determinada comunidad y va a condicionar nuestro comportamiento.
 
 Para Bonet,se considera que una persona cuenta con una autoestima positiva cuando reúne los siguientes requisitos:
 
  •  Aprecio: De sí mismo  como persona, independientemente de lo que pueda hacer o poseer, y de todo lo positivo que hay en ella:habilidades, cualidades corporales o mentales y actitudes
  • Aceptación: Significa tener conciencia de nuestras capacidades y limitaciones y ser capaces de aceptarlas.
  • Afecto: Hacia uno mismo, logrando el equilibrio y la paz entre cuerpo y mente.
  •  Atención: y cuidado de nuestras  necesidades reales, tanto físicas como psicológicas,intelectuales, emocionales, etc.
  • Autoconsciencia de los procesos de cambio que se van generando en su interior y a los que tiene que dar respuesta.
 
Entonces, volviendo al tema que nos ocupa, ¿como es la autoestima del profesorado en la actualidad?, ¿contribuyen el clima de trabajo en las instituciones educativas a generar una autoestima positiva en ellos?

Para el análisis de estas cuestiones seguiré al autor Christian Miranda (2005), en su defensa de un enfoque psicosocial para el tratamiento de la autoestima de los docentes.
En primer lugar se establece que la alta autoestima en el profesorado aparece ligada a las cualidades como el liderazgo y la creatividad, sin embargo la baja autoestima profesional se liga a un profesor poco creativo y dependiente y en cierta medida seguidor  de los demás profesores.
 
Para profundizar en el análisis del tema me propongo hacer una reflexión y valoración personal de la autoestima docente en base al análisis de cada uno de los componentes de la autoestima, y que son los  siguientes:
 
  1. Seguridad 
  2. Autoconcepto
  3. Sentido de pertenencia
  4. Motivación
  5. Competencia
 
¿Se muestran los docentes seguros de sí mismos?, En mi opinión y tal y como he abordado en anteriores blogs, los profesores por lo general se sienten inseguros en el ejercicio de su profesión.
 
image
Si bien es cierto esa inseguridad es mucho mayor  en el caso de los profesores noveles, pienso que a lo largo de sus carreras profesionales siempre estará presente un cierto grado de incertidumbre, al pensar si están realizando bien su trabajo o no, si están empleando una metodología idónea, si la relación con sus alumnos es todo lo satisfactoria que debería ser,etc. Para mí esta sería  un tipo de inseguridad digamos que intrapersonal, pero también el profesor  se muestra  en mayor o menor  medida inseguro en las relaciones con los demás compañeros, por eso en todas las instituciones educativas en las que estes intervienen se crean pequeños grupos o guetos de profesores, en cierta medida tratando de asociarse con aquellas personas con las que comparten ideología, posicionamientos prácticos o teóricos, y que les aportan seguridad al permitirles aferrarse a un grupo de pertenencia.
 
Eso en el contexto de desarrollo en el centro en su totalidad, pero lo cierto es que en el contexto del aula, no podemos obviar que el profesor está solo frente al toro.
 
También esa  vacilación, porque no se le brinda desde las administraciones competentes herramientas o instrumentos de apoyo que les den la posibilidad de adquirir una serie de conocimientos que les aporten confianza a la hora de enfrentarse a situaciones de conflicto, de estrés o de frustración.
 
Así, pienso que es de vital importancia que el docente se encuentre  seguro, pues ello le permitirá gozar de una mayor libertad a la hora de pensar, decidir y actuar, así como de participar en la toma de decisiones del centro y de promover iniciativas que permitan la colaboración entre compañeros. También creo que facilitará el que consiga reaccionar adecuadamente o por lo menos deacuerdo a sus convicciones ante  las diferentes situaciones que se le planteen en su día a día  como profesional de la educación.

En lo que tiene que  ver con el autoconcepto, resulta difícil extraer una conclusión que pueda en cierta medida ser generalizable, puesto que dependerá de la forma en la que se vea así mismo cada docente como profesional. No obstante, considero que sí se puede decir  que las críticas muchas veces infundadas y la sobrecarga de responsabilidades  al profesorado por parte de la sociedad, si que en cierta forma contribuye a minar la percepción que estos se generan sobre sí mismos y su profesión.
 
Esto puede provocar diferentes sentimientos en el docente tanto de rabia o de frustración como decaimiento o tristeza.La presión social y la visión negativa que se manifiesta respecto a ellos pueden traer consigo profesores excesivamente perfeccionistas en sus acciones que deriven en profesores  eficaces pero que dejen de lado el componente humano y afectivo, profesores que canalizan su frustración en una cierta agresividad, o profesores que dejen de implicarse y se dejen llevar, por considerar que hagan lo que hagan no van a obtener la correspondiente recompensa por parte de la comunidad. 
 
Pero en sí, ¿que requisitos hacen ver que el profesorado muestra un buen nivel de autoconcepto? Para mí, sería un profesor que en primer lugar confíe en sí mismo y en los demás agentes educativos, tanto profesores, alumnos, como padres y la sociedad en general.También, un profesor que sea consciente del lugar que ocupa, que sepa lo que es capaz de hacer, que se muestre abierto a la hora de tomar decisiones, que se atreva  a correr riesgos y que ponga en marcha las acciones para conseguir los objetivos que se propone.
 
Además debe de ser un profesional consciente de los cambios que se producen a su alrededor y que en consecuencia sea quien, de adaptarse  rapidamente a ellos; no dejándose amedrentar por las críticas destructivas que puedan hacerle, pero sí tratando de sacar partido a las críticas constructivas de cara a establecer las medidas que sean oportunas  para mejorar sus acciones.
 
El sentido de pertenencia se refiere a la capacidad de sentirnos a gusto y comódos con la gente con la que interactuamos y compartimos experiencias y actividades  en nuestro día a día. En este sentido, como ya dije anteriormente, los docentes tienden a reunirse  en pequeños subgrupos en favor de sus intereses personales y afectivos; por lo que en este línea pienso que sería preciso una mayor apertura que diera lugar a un mayor conocimiento de todos entre todos que pudiera repercutir en un incremento de la participación y de  colaboración mútua.
 
Con esto no intento defender que las relaciones personales tienen que ser positivas y constantes entre todos; pero sí de que las profesionales  lo sean.
Un profesional con un buen sentido de pertenencia estará constantemente en la búsqueda  de la mejora, de aportar soluciones y si es necesario de la transformación. Para ello deberá de mostrar una serie de habilidades  sociales que le permitan empreder acciones de forma más o menos constante, para lo que buscará la cooperación y el compartir experiencias no sólo con sus compañeros, sino también con sus propios alumnos. En definitiva  un profesional que toma la iniciativa, que comparte facilmente con los demás y se nutre  también de  ellos, que coopera, y se implica y participa de forma activa.
¿Creeis que esto se dá en el profesorado de hoy día? Ahí os dejo la pregunta para que reflexioneis sobre ella.
 
El siguiente componente de la autoestima es la motivación, que encuentro, está ligado al sentido de  pertenencia del que acabamos de hablar. Un docente motivado, pensará cada  día en como puede hacer para mejorar, se marca sus propios objetivos y metas y buscará la mejor metodología para llevarlas a cabo. Bajo mi criterio, esto sería lo ideal, es decir que exista una motivación pedagógica, pero lo cierto es que hoy día la motivación del profesorado se ve reducida debido tanto al desprestigio social de su profesión, a una falta de consideración y de preocupación de la administración educativa por sus necesidades e intereses, y en algunos casos una falta de motivación ante la previa falta de la vocación docente.
 
En ciertos casos también la motivación baja, debido a la propuesta de iniciativas en los centros que son rechazadas  por los órganos de dirección, por lo que muchas veces el profesor deja de implicarse ante la posibilidad de que vuelvan a responder con una negativa.
Por otra parte también pienso que en el contexto del aula, algunos profesores tratan de innovar para lo que introducen técnicas o herramientas de aprendizaje nuevas, no produciendo estas  a veces el resultado positivo que esperaban.
 
En este sentido un profesor lo sufientemente motivado no debe decaer ante los errores que pueda cometer, debiendo de ser consciente de que el proceso de aprendizaje es contínuo por lo que debe tratar de  sobreponerse y proseguir en su tarea de renovación constante.
Esta cuestión se conecta con el sentido de competencia. Aquí se pone en juego el que el docente sea capaz de tomar conciencia de lo que ha aprendido, de lo que está aprendiendo y de todo lo que le queda por aprender.
 
Así pues, tal y como hemos  tratado en varias clases de la materia, los profesores no se sienten lo suficientemente competentes para educar. Tienden a pensar que las falta una base teórica más sólida y una mayor formación práctica, a veces incluso no renocen sus propios éxitos profesionales o simplemente no reparan en su existencia, al igual que de sus virtudes o destrezas a la hora de educar.image
 
Igualmente no son conscientes de todos los aprendizajes que les está suponiendo su recorrido y sus experiencias profesionales, e incluso alguno que otro tiende a  pensar que todo lo que ha aprendido se lo ha proporcionado unicamente su formación académica previa, y además que no le queda nada más por aprender.
 
Pero en definitiva, un docente con sentido de competencia, sería aquel que es consciente de sus habilidades, de sus virtudes, que acepta sus debilidades  como forma  de crecimiento profesional y que al mismo tiempo es capaz de reconocer sus éxitos.
 
Por todo lo dicho anteriormente no cabe  duda que contar con una buena autoestima es un pilar fundamental para que el profesor pueda desarrollarse profesionalmente de manera gratificante y satisfactoria.
 
Para lograrlo, pienso que el docente debe tener presentes  una serie de cuestiones clave: 
 
En primer  lugar, que su manera de comportarse y de actuar en el aula, repercutirá en mayor o menor medida en el desarrollo de  sus alumnos.
En segundo  lugar, debe tener la intención y además llevar a cabo un proceso de implicación y de participación que le permita  el crecimiento tanto personal como profesional, para lograr ser un mejor docente.
 
Y por lo tanto, y ya por último, será preciso que lleve a cabo un proceso de reflexión personal y profesional; una autoevaluación que le permita saber que aspectos de su desarrollo debe potenciar, que debe desechar y que debería incluír; ya que la autoestima se puede aprender, pero dependerá de si el docente reflexiona de manera constante sobre su ejercicio profesional.
 
 
no hay juicio de valor más importante para la persona
humana, no hay factor más decisivo en su desarrollo psicológico y en su
motivación, que la evaluación que uno hace de sí mismo. Braden



 

Bibliografía:

Miranda,Ch.(2005). La autoestima profesional:una competencia mediadora para la innovación en las prácticas pedagógicas.Revista Electrónica Iberoamericana sobre Calidad, Eficacia y Cambio en Educación,vol. 3, n.1.

Wilhelm, K., Martin, G. & Miranda, Ch. (2012). Autoestima profesional: competencia mediadora en el marco de la evaluación docente. Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, Niñez y Juventud, 10 (1),pp. 339-350.