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Análisis del libro:“El regreso de los profesores: Cien años más tarde”

Formación y Desarrollo Profesional del Profesorado

Lorena García Pazos

Análisis del libro:“El regreso de los profesores: Cien años más tarde”

Antonio Novoa

Tras reflexionar en mi anterior entrada sobre el experimento en el que se nos mostró una presentación del autor Antonio Novoa, es necesario adentrarme en la obra del mismo: “El regreso de los profesores: Cien años más tarde”, a partir de la  cual haré una síntesis de las ideas más relevantes que el autor refleja unidas de las conclusiones que me revelen y a través de mi indagación por la web:

Pues como informé en la anterior entrada, este autor dedica una conferencia donde acercaba a los oyentes a la evolución que se ha producido de la educación en el siglo XX hasta el siglo XXI, desde una interpretación personal en la que nombraba también a los autores más relevantes, tales como Rousseau, Claparede, Ferriere…

Antes de comenzar, quiero aclarar que este libro publicado en Brasil, está estructurado en cuatro capítulos y cuyo título: “El regreso de los profesores” hace referencia a lo que ya he señalado en otras entradas, la desvalorización del trabajo docente, que según en el autor ya llevaba varias décadas y por ello ya es hora de que los maestros  vuelvan a situarse en el centro de atención que se merecen.

En primer lugar, el primer capítulo, “¿El futuro todavía tarda mucho tiempo?” nos viene a informar de la nueva llegada de los profesores, después de casi cuarenta años de invisibilidad.

Así, ya a partir de los años setenta es el tiempo de racionalización de la enseñanza,  de la pedagogía de objetivos,  del esfuerzo para prevenir, planificar y controlar. A continuación,  en los años ochenta vienen las grandes reformas educativas, centradas en la estructura de los sistemas escolares, y más particularmente en la enseñanza del currículum. Es en los años noventa cuando se dedica una atención especial a las organizaciones escolares, a su funcionamiento, administración y gestión.

A finales del S.XX se hacen importantes estudios internacionales que previenen  sobre el problema de aprendizajes, y consecuentemente se nombran a los profesores.

En paralelo a estos estudios se nombran otras dos realidades como temas obligatorios de reflexión e intervención:

Por una parte, surgen las cuestiones de diversidad,  en sus múltiples facetas,  que reivindican  una redefinición de las prácticas de inclusión social y de integración escolar.  Asociado a esto, la construcción de nuevas pedagogías y métodos de trabajo vacilan sobre la idea de un modelo escolar único y unificado.

Por otra parte, los desafíos de las nuevas tecnologías, que revolucionan el día a día en las escuelas y en general, de la sociedad. Pues, como aquí apunta, Manuel Castells, lo esencial reside en la  adquisición  de una capacidad intelectual de aprendizaje y desarrollo, colocando los profesores en el centro de la nueva pedagogía.

Y es en este siglo XXI, cuando los profesores reaparecen como elementos ineludibles, en la promoción de aprendizajes, en la construcción de procesos de inclusión que respondan a los desafíos de la diversidad y en el desarrollo de métodos apropiados de utilización de las nuevas tecnologías.

De otro modo Novoa divide este capítulo en  2 epígrafes:

1. Un largo consenso sobre los profesor y su desarrollo personal:

Aquí, el autor nos habla de la importancia de establecer unos principios y medidas con el fin de asegurar el aprendizaje docente y el desarrollo profesional de los profesores tales como son caso: la articulación de la formación inicial,  la introducción en la formación como aprendizaje a lo largo de la vida, la atención en los primeros años de ejercicio profesional y la inserción de los jóvenes profesores en las escuelas; Asimismo, la valoración del profesor reflexivo y de una formación de profesores basada en la investigación, la importancia de culturas colaborativas, del trabajo en equipo y la supervisión y evaluación de los profesores, etc. Dichas necesidades son propagadas por dos grupos diferentes: uno primero en el cual se incluyen los investigadores del área de formación de profesores, de las ciencias de educación y de didáctica, redes institucionales y diversos grupos de trabajo que  apuntan su mirada en el profesor reflexivo y en el pensamiento de los profesores y la formación de estos y, un grupo segundo, compuesto por especialistas que actúan como consultores o como parte de grandes organizaciones y que a pesar de su heterogeneidad se encargan  de prácticas discursivas fuertemente alineadas en argumentos comparados. De esta manera se le da una mayor visibilidad social a los docentes, que refuerza su prestigio y provocan controles estatales y científicos que dan lugar a esa desvalorización o desconsideración del profesorado que me vengo mencionando, al no creer en las competencias propias y autonomía personal de éstos. Esta es una de las paradojas que atraviesan en la historia de la profesión docente.

2. ¿Cómo hacer aquello que dijimos que es necesario hacer?

En este epígrafe se señalan 3 medidas que ayudan a responder a los dilemas que hay hoy:

-          Primera medida: 

Por la cual se dice que es necesario pasar la formación de profesores para dentro de la profesión, con lo que concluyen que los docentes deben ocupar un lugar predominante por encima de la formación de sus compañeros. Pero no se producirá un cambio significativo si la comunidad de los formadores de profesores y la comunidad de profesores no se vuelven más permisibles. Lo que origina el problema de que éstas conozcan mal o ni conozcan la realidad de las escuelas, y lo que realmente concierne las de enseñanza fundamental. Por esto, es primordial asegurarse de que la riqueza  la complejidad de la enseñanza se vuelvan visibles, desde el punto de vista profesional y científico, así como cumple especial interés reforzar dispositivos y prácticas de formación de profesores basadas en una investigación que tenga como problemática la acción docente y el trabajo escolar.

Por lo tanto, se trata de que las propuestas teóricas puedan tener sentido si son construidas dentro de la profesión, lo que así  permite contemplar las necesidades de un profesor en el espacio de aula.

-          Segunda medida:

En esta medida se presenta la necesidad de promover nuevos modelos de organización de la profesión. Se nombra falta de autonomía de los profesores y la consecuente diminución de libertad e independencia. Se releva la necesidad de un campo profesional autónomo, puesto que son los docentes los que deben  fomentar el aprendizaje cooperativo y la participación. Se habla de los movimientos pedagógicos y de las comunidades de prácticas como los medios que refuerzan el sentimiento de pertenencia y de identidad profesional, los cuales estos últimos son fundamentales para que se apropien de procesos de cambios y los transformen en prácticas concretas de intervención.  Por lo contrario si no se alteran las condiciones existentes en las escuelas y las políticas públicas en relación a los profesores, no vale para nada.

Por tanto, existen profesores menos reflexivos debido a la falta de tiempo, la falta de condiciones, por exceso de material didáctico preparado… Lo que Novoa quiere decir con esto es que no merece la pena repetir intenciones que no tienen una traducción concreta en compromisos profesionales, sociales y políticos.

-          Tercera medida:

Se refiere a la necesidad de reforzar la dimensión personal y la presencia pública de los profesores. Partiendo del libro de Ada Abraham (1984) se concede importancia al conocimiento personal o autoconocimiento en el interior del conocimiento profesional y de captar el sentido de la profesión por lo que se viene a desarrollar lo que ya hablé en otras entradas sobre la identidad profesional docente. Del mismo modo, se nombra la educación permanente o lo que es lo mismo la formación permanente, ya que como dije en otras entradas la identidad es un proceso permanente; En este caso esta formación es vista como un derecho de la persona y una necesidad de la profesión, pasando a ser una obligación. Sin embargo debido a lo que aquí llama “mercado de la formación” (consumismo de cursos y acciones) se produce una desactualización en los profesores que hace que estos no sigan su formación permanente.

En esta sociedad contemporánea la fuerza del profesor se mide por su capacidad de comunicación con el público. Así se abre la puerta de los profesores cara el exterior, de modo que éstos respondan y comuniquen con la sociedad.

Para concluir, podemos ver la presencia de largos discursos teóricos sobre la escasa práctica. Por ello, el trabajo de formación debe estar próximo a la realidad del escolar y a los problemas sentidos por los docentes, con el fin de actuar sobre aquellos problemas que impiden una educación eficaz. Todos sabemos cómo debe ser el futuro de la profesión docente, pero la cuestión radica  precisamente en cuando seremos capaces de transformar ese futuro en la práctica. De ahí al título del capítulo? Será que el futuro aun demora mucho tiempo?

 

Aunque a pesar de tener muy claro los aspectos que se deberían de mejorar no se hace, de ahí el título del capítulo: ¿El futuro todavía tarda mucho tiempo?, ¿cuándo vamos cambiar y a intervenir en aquellos aspectos que no son correctos?

En segundo lugar, el segundo capítulo, al que prestaré una mayor atención por el nombre propio que le dedica bajo el mismo título del libro: Cien años después: “¿Una nueva revolución?”.

En este capítulo se revisan los grandes pilares de la Escuela Nueva,  esto es, el conocido como, un movimiento mundialmente difundido en el inicio del siglo XX y que define la matriz de modernidad pedagógica, o lo que es lo mismo, el modo en el que los profesores, padres y sociedad se relacionan con los niños desde tres perspectivas: el desarrollo personal, social y de educación.

Con el subtítulo “cien años después”, defiende la necesidad de una nueva actitud que aliñe el pensamiento pedagógico con las importantes cuestiones de contemporaneidad. Así, menciona al Eterno Retorno de Rousseau con una frase que identifica el sentido principal del gesto pedagógico: conducir, dirigir e inspirar. Así, el autor expresa: “deixem que o vosso aluno acredite ser ele o mestre, quando, na verdade, são vocês que o são”. Por otra parte, en el mismo se afirma la necesidad de construir un espacio educativo y de diálogo. Todo esto con motivo de evitar que el gesto pedagógico se convierta en un ejercicio de fuerza y violencia, o en el caso contrario, en rutina.

Parecemos recaer en un círculo vicioso de pensamiento inútil, pues no cambiamos en el actuar de la educación desde hace cien años. De esta forma Novoa afirma que la solución está en crear un público informado sobre la educación y la pedagogía con el fin de que la gente pueda desarrollar un espíritu crítico a través de:

1. La escuela única (exuberante) para el espacio público de la educación

Esta escuela única sentía sólo la responsabilidad de educar al niño y fue a partir del movimiento de Escuela Nueva cuando se prestó atención a la educación integral. Esta escuela empezó a tener en cuenta, aparte de los niños, también pasó a proteger la sociedad, de tal manera que ocupó casi la totalidad del espacio educativo en: educación para la ciudadanía y los valores, la educación para la salud, la educación sexual, la educación alimentaria así como la prevención de la obesidad o la lucha contra el alcoholismo y las drogas, o comportamientos de riesgo, entre otros más. Todos estos aspectos, continúan todavía cien años después, pero ¿es capaz la escuela de trabajarlos todos juntos?

Es cierto que la escuela debe ser abierta y con ello la sociedad debe comprometerse a una mayor dedicación a la educación. Pues la escuela es responsable de la educación, pero la educación debe existir en todas partes, y con ello Jürgen Habermas (1989) nombra las responsabilidades educativas a la familia, a la comunidad local y  a las instituciones sociales, de modo que la escuela  exclusivamente se dedique a lo escolar.

2. El niño en el centro para la valorización de la cultura y de los aprendizajes.

Uno de los cambios principales de la Escuela Nueva, es el centro de interés que se le otorga al niño. La expansión de las disciplinas psicopedagógicas se traducen en una nueva atención y una nueva relación de los adultos con los niños.

A partir de una serie interminable de libros, textos se analizan las necesidades de los niños y sus intereses espontáneos, la importancia de estar atentos a sus experiencias personales y a sus ritmos de desarrollo. Así destaca en 1905 el libro de Claparède: “Psychologie de l’enfant et pédagogie expérimentale” entre otros.

3. Los métodos activos para los enfoques reflexivos

En este apartado se menciona a Adolphe Ferrière, el cual escribe que la escuela es una invención diabólica al pensar en la forma que el niño está cerrado en instituciones y condenado a la inmovilidad, así argumenta que los niños adoran la naturaleza pero estos permanecen encerrados en su casas, además les gusta saltar y los obligan a trabajar, les gusta moverse y los condenan a estar quietos, también les gusta hablar y los mandan estar en silencio.  De esta manera, esta escuela tradicional están representada por el alumno inmóvil que no puede interactuar.

Esta relación rígida que marca la sociedad en la infancia , y en la cual las dimensiones lúdicas eran poco valoradas, siendo los niños sometidos a un fuerte control, es necesaria la implantación de métodos activos como necesidad esencial para repensar la educación. Entendiendo como métodos activos, como aquello que propicia la motivación y la participación en el trabajo escolar.

Sin embargo, en contraposición con esto, en la actualidad los niños permanecen en un estado permanente de excitación, son mucho más activos, además se puede utilizar el juego como una dinámica para aprender.

4.  La diferenciación en la homogeneidad para la valorización de la diversidad y la construcción del diálogo.

Un fin esencial de la Escuela Nueva es la diferenciación pedagógica, aunque como aquí se dice las escuelas de aquella época tanto  públicas como privadas eran relativamente homogéneas y del mismo modo, esta diferenciación tampoco fue concretizada a lo largo de estos cien años.

Como aquí se concluye, el desafío no es diferenciar en la homogeneidad sino reconocer esa diversidad. Y para ello se deben evitar las tendencias de infantilización, esto es,  hacer que todos los niños sean iguales, cuando en realidad lo que se busca en la actualidad es la distinción de cada alumno. Así como también se debe eliminar la tendencia a las comunidades, ya que aquello que nos junta en el espacio escolar no es único puesto que los niños no precisan que la escuela le dé más comunidad, sino sociedad.

Comprender y trabajar la diversidad conduciendo a los alumnos por los caminos del aprendizaje, e incluidos socialmente a través del diálogo, constituye uno de los mayores desafíos de la pedagogía contemporánea. La escuela debe ser vista como un lugar de aprendizaje y no de vida propiamente.

En tercer lugar, el tercer capítulo, “Para una formación de profesores construida dentro de la profesión”, nos viene a mencionar lo que ya he comentado en otras entradas,  el estado de la educación  en un tiempo de perplejidades o paradojas.

Trata lo que ya vengo diciendo en el principio del discurso: sentimos la necesidad de cambiar pero no siempre se consigue. Pues, el exceso de discursos que hoy  en día se fundamentan se traduce a prácticas pobres.

Pero es importante no estancarnos sino esforzarnos  para proponer alternativas educativas  que nos ayuden a salir de este círculo vicioso y lo más importante  ver la salida cara nuevas definiciones sobre el futuro de la formación de los profesores.

Y para paliar esta problemática, en este capítulo se ofrecen cinco propuestas de acción: prácticas, profesión, persona, participación y público.

Así, específicamente en este capítulo se viene a revelar la premisa de este libro, un regreso de los profesores, después de cien años, en este siglo XXI en el cual los docentes son  el eje central de la educación.

De esta forma se parte de una pregunta ya planteada en algunas entradas y que se relaciona con mi  hilo conductor hacia esta materia: ¿Qué es un buen profesor?

Para responder a esta cuestión se esbozan cinco características del trabajo docente en esta sociedad contemporánea:

1.      El conocimiento:

Como se dice en palabras del filósofo francés Alain: “Dizem-me que, para instruir, é necessário conhecer aqueles que se instruem. Talvez. Mas bem mais importante é, sem dúvida, conhecer bem aquilo que se ensina” (1986, p. 55). De modo que es preciso conocer a los alumnos a los que se enseña, para aplicar el conocimiento en estas con distintas metodologías o estrategias. Y sobre todo, es necesario saber lo que se enseña con el fin de propiciar en los alumnos aprendizajes significativos.

2.       La cultura profesional:

En esta se afirma que para ser profesor hay que comprender los sentidos de la institución escolar necesario que los profesores, en la que la relación con los otros, los colegas es esencial para aprender de sus relatos y las propias experiencias.  Puesto que una mayor comunicación y trabajo en equipo ayuda a mejorar las prácticas educativas así como atreverse a la innovación.

3.      El tacto pedagógico:

Se trata de esa capacidad de comunicación y de relación que el profesor necesita para que se cumpla el acto de educar. Para ello, el profesor debe ser capaz de transmitir serenidad y ser respetado por sus alumnos, de modo, que al mismo tiempo los conquiste para realizar esa práctica educativa con resultados positivos. Es decir, orientar a los alumnos hacia los planteamientos que uno quiere.

 

4.      El trabajo en equipo:

Es fundamental el trabajo en equipo para que los profesores colaboren en los problemas que surgen al día a día en la comunidad educativa, así como para servir de ayuda y apoyo hacia una seguridad en aquellos que plantean metodologías similares o se sienten identificados con ciertos inconvenientes y por tanto se resolverán mejor, y el trabajo será mucho más eficaz.

5.      El compromiso social:

Todos los profesores deben regirse por una serie de principios valores, inclusión social y diversidad cultural. Lo que quiere decir, a mi modo de ver que además, el profesor debe tener unos límites de expresión hacia ciertas ideologías o religiones para educar a sus alumnos, debe ser objetivo e incentivar el espíritu crítico del alumno informando de la realidad actual.

Por otra parte, en conexión a esto  las propuestas de acción anteriormente citadas implicarían:

 P1: Prácticas

La formación de los profesores debe asumir un fuerte componente práctico, centrado en el aprendizaje de los alumnos y en el estudio de casos concretos, teniendo como referencia el trabajo escolar.

Aquí se dice que se debe abandonar la idea de que la profesión docente se define primordialmente por la capacidad de poseer un saber y saber transmitirlo, sino que la profesión docente se caracteriza en tercer lugar, con prácticas investidas desde el punto de vista teórico y metodológico, dando origen a la construcción de un conocimiento profesional docente. De esta manera, si los docentes emplean metodologías innovadoras activas para el tratamiento de los contenidos teóricos, que impliquen la participación del alumno ya sea mediante una herramienta virtual, técnicas de seminario, como es el caso de esta materia, el trabajo requerirá más esfuerzo en el alumno, y por tanto mayor implicación que se verá reflejada en la adquisición de competencias.

P2: Profesión

La formación de profesores debe pasar para “dentro” de la profesión, esto quiere decir que,  se debe de basar en la adquisición de una cultura profesional, concediendo a los profesores con más experiencia un papel central en la formación de los más jóvenes.

Esta propuesta ilustra lo que Novoa quiere decir a lo largo de su discurso: “devolver la formación de profesores a los profesores”. Aquí Novoa pretende enfatizar una mayor presencia de la profesión en la formación. (Birmingham, 2004). Se menciona a su vez, lo que ya expuse en otras entradas sobre el momento sensible de la fase de introducción profesional de los profesores, esto es los primeros años de ejercicio docente, (aspectos últimos también tratadas en mi entrada sobre el profesor novel).

Se habla así de la necesidad de asentar unas bases de la formación inicial como alumno para transitar a ser profesor mediante un análisis práctico y de integración en la cultura profesional docente. Son así los profesores con más experiencia de años los que pueden orientar en esos primeros años a los profesores noveles. Esta colaboración entre profesores incrementa las posibilidades de aprender al reflexionar conjuntamente sobre la práctica, y de otro modo, desarrollarse profesionalmente.

P3: Persona

La formación de profesores debe dedicar una especial atención a las dimensiones personales de la profesión docente, trabajando esa capacidad de relación y de comunicación que define el tacto pedagógico.

Puesto que hay que tener en cuenta que un profesor también es persona, de modo que es imposible separar las dimensiones personales y profesionales.  No se trata de recurrir a la  noción de vocación que impulsa al docente a ser profesor mismamente, sino reconocer que la necesidad técnica y científica del trabajo docente no agota el ser profesor, de modo que se debe reforzar la persona-profesor y el profesor-persona.

P4: Participación

La formación de profesores debe valorizar el trabajo en equipo y el ejercicio colectivo de la profesión, reforzando la importancia de los proyectos educativos de la escuela.

 Como ya dije en mi entrada de “La docencia una experiencia compartida”: si los profesores se coordinan en la persecución hacia un mismo fin y se asume por todos el resultado será una mejora de la práctica educativa. Esto se debe a que en esa relación interaccionan personas con distintas aptitudes e intereses, por lo que el diseño del currículo se enriquece. En consecuencia, esa reducción de incertidumbre que acompaña al trabajo en equipo hace que los profesores se atrevan a asumir riesgos, por lo tanto a innovar, pues aquí los fracasos se interpretan como oportunidades de aprender.

P5: Público

La formación de profesores debe estar marcada por un principio de responsabilidad social, favoreciendo a la comunicación pública y a la participación profesional en el espacio público de la educación.

Es necesario que el profesor aprenda a comunicarse con el público, de modo que se conquiste a la sociedad. En el sentido de exigirnos la capacidad de recontextualizar la escuelaen su lugar propio, dejando para otros aquellas responsabilidades que hoy en día le son confiadas. Un nuevo espacio público de educación en el cual se forme un nuevo contrato entre profesores y sociedad.

BIBLIOGRAFÍA:

Nóvoa, A. (2011). El regreso de los profesores.