Creatividad en el aula

Esta es una de mis últimas entradas para la materia de Formación y Desarrollo Profesional del Profesorado y me gustaría destinarla al tema de la creatividad, partiendo de la pregunta: ¿Se fomenta o de limita la creatividad en nuestro sistema educativo?


A través de mi experiencia como estudiante, puedo decir que la creatividad no es un aspecto al que se le otorgue una consideración importante dentro de los programas establecidos. Normalmente la enseñanza está férreamente estructurada en torno a unos determinados puntos de los que difícilmente se sale, bien sea por comodidad, bien por no perder tiempo. Además se presupone que todo el alumnado aprende de la misma manera y no tiene lugar que aprendan a su modo ni a su ritmo; aprenden al nivel y rapidez esperados, basados en estudios internacionales descontextualizados o del propio centro, o se quedan atrás, bajo ideas de “no se esfuerza”, “ es menos inteligente”, “X materia no es lo suyo”, “no quiere aprender”. Pero, ¿qué pasaría si se permitiese que el alumnado realmente tuviese un papel más activo en su enseñanza? ¿Y si la creatividad fuese el punto de inflexión en el que cada uno/a desarrolle sus formas de aprender? En mi opinión, se podría llegar a comprobar cómo, en general, los los alumnos y alumnas acudirían a clase con más entusiasmo, podrían desarrollar métodos útiles para el resto de la clase e incluso mejorarían los resultados obtenidos. Con estas ideas no me refiero a que cada persona haga lo que quiera de formas estrafalarias dentro del aula, sino que cuenten con la posibilidad de emplear las enseñanzas que reciben desde su propia forma de aprender, trabajando a su manera. Como decía más arriba, se podrían poner en común los métodos empleados por cada alumno/a, enriqueciéndose tanto individual como grupalmente.


Desde mi propia experiencia, recuerdo como en una materia de 2º de ESO, nos obligaban a utilizar tres pilots de diferentes colores. Rojo para subrayar y títulos, negro para enunciados y el azul para respuestas y apuntes. Entiendo que estas medidas pretendían enseñarnos a ser ordenados y presentar un trabajo “bonito”, pero para mi no tenía mucho más sentido.



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Esta idea no es sólo aplicable al alumnado, sino también al propio profesorado. En ocasiones algunos/as intentan innovar en sus formas de enseñar y ven como sus compañeros desaprueban esos métodos, como los alumnos/as, acostumbrados a una enseñanza expositiva se muestran reacios.


En definitiva, creo que como mejor se aprende es respetando las características propias de cada persona. No existe un esquema específico que nos defina en todo nuestro ser, es decir, cada persona es diferente, aprende, trabaja y funciona a un determinado ritmo, es más o menos desordenado/a, más o menos creativo/a,... Quizás aprovechando esas características nuestra enseñanza-aprendizaje sería mucho más eficaz y la percepción, tanto de alumnos/as como profesores/as, mejoraría, aumentando el grado de motivación en las aulas y como decía Confucio, Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida.