El profesor hoy

Otro de los textos trabajados en clase y que merece la pena mencionar es el de El profesor hoy de Antonio Nóvoa.En él, se abordan los pilares fundamentales sobre los cúales debe descansar el ejercicio de la profesión docente, los cuales procederé a analizar a continuación, tratando de aportar también mi propia reflexión y valoración personal.
 
Al igual que estamos acostumbrados en las lecturas que llevamos realizadas en esta materia, el autor hace referencia a los cambios sociales que se están a producir de manera constante en la actualidad y que por lo tanto requieren de una adaptación y reconversión de todos nosotros y por supuesto de los que son los encargados de formar a las presentes y en consecuencia futuras generaciones.
 
Para ello, Antonio Nóvoa centra su atención en los siguientes aspectos:la persona,la coparticipación,la prudencia y el trabajo del corazón y el trabajo de la razón.
La importancia de estudio de la primera de ellas reside en la necesidad de comprender a las personas en profundidad debido a la complejidad que encierra el ser humano y las características diferenciadas que definen la personalidad y el comportamiento de cada uno de nosotros. 
 
En lo que tiene que ver con la copartición, es obvio que fomentar y llevar a la práctica este principio resulta fundamental en los entornos educativos, dado que constituyen contextos de desarrollo tanto personal como profesional de gran cantidad de personas todas ellas con sus peculiaridades y sus ideas, sabiduría propias y experiencias que aportar. Porsupuesto para ello precisamos de una cierta prudencia y por supuesto de la conjunción del pensamiento y de los sentimientos.
Sin más, luego de esta presentación, procedo a realizar un análisis más pormenorizado de cada una de las cuestiones.
 
La persona 
 
Al igual que manifesté ya en anteriores blogs, en el pasado todos somos conscientes de que  predominó un modelo de educación denominado tradicional y que se basaba en un profesor que era el único transmisor de información, en un modelo de clases que hoy dia denominaríamos como expositivas y en una metodología en la que el alumno era un simple receptor de ideas predeterminadas, adoptando un papel pasivo y sin posibilidades de expresar sus pensamientos.image
 
Pero lo cierto, es que tal y como manifiesta el autor los cambios constantes que se han producido y se continúan a producir sin descanso determinan la necesidad de un nuevo profesor.
 
Como bien sabemos las aulas están llenas de alumnos que cuentan con una personalidad, creencias, experiencias y sentimientos diversos. Alumnos de diferentes procedencias tanto geográfica como histórica y cultural,; por lo que se hace necesario un profesor que sea quien de adaptarse y tratar de satisfacer las necesidades divergentes de sus alumnos.
El autor nos muestra el predominio de dos perfiles de profesores diferenciados, cuya fortaleza de uno constituye  la debilidad del otro.
 
Por un lado tenemos el profesor que no toma conciencia o simplemente no tiene en cuenta los cambios sociales y que continúa reproduciendo el modelo educativo tradicional, basándose en la transmisión de contenidos sin tomar en consideración una educación emocional. En el polo opuesto nos encontramos con el profesor que centra su quehacer profesional en la afectividad y la importancia de los sentimientos para el desarrollo profesional, dejando de lado la parte más instrumental que es la preparación que tiene que ver con el entrenamiento de la razón.
 
En este sentido considero preciso el hacer meción a mi anterior entrada  donde hice alusión a la necesidad  de que los docentes lleven a cabo una autoevaluación de sí mismos tanto como profesores como también como personas. Como bien dije esto le posibilitará el conocerse a sí mismo ser consciente de cuales son sus puntos fuertes y débiles y de este modo tratar de construír una identidad docente equilibrada, que permita tanto el desarrollo de la razón como de las emociones.
 
Ese autoconocimiento constituirá la base para que el docente se reconozca como persona y como profesional, sea quien de identificar el lugar que ocupa, su función y ayudándole a delimitar sus propios objetivos. En este sentido el autor señala la importancia de la autoformación, para lograr el empoderamiento y en consecuencia también la autonomía del docente en su quehacer profesional.
 
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La coparticipación
 
Bajo este principio,Antonio Nóvoa aboga por la necesidad de que el profesorado atienda a la diversidad. Aunque en este sentido se promuevan ciertas iniciativas para tratar de responder a ella,lo cierto es que todavía existen  profesores en los que reina una cierta incertidumbre, y siendo sinceros estos tampoco han recibido una formación específica que les lleva a ser capaces de lidiar con esa multiplicidad y diversidad.
 
El autor señala la importancia de aprender y construír entre todos las reglas sociales que rigan la escuela, que sean aceptadas y reproducidas por todos, de tal manera que los contextos educativos no solo deben ser espacios que permitan el compartir ideas y pensamientos sino también toda una serie de normas sociales que son propias y únicas de la institución y que todos sus agentes deben compartir. En este sentido subyace la importancia del compromiso común, para ayudar a construír una escuela de todos y para todos.
 
En lo que se refiere de forma más directa al profesorado en sí, el autor defiende una postura en la que los centros de formación del profesorado presten atención no solo a los conocimientos sino también a las cuestiones relativas a la cooperación entre profesores, en lo que tiene que ver con la construcción de una cultura corporativa, que en cierta manera generará un mayor sentimiento de pertenencia, ya tratado en anteriores blogs.
 
En definitiva  se trata de facilitar al profesorado una serie de conocimientos y de prácticas que les permitan la creación de una cultura profesional que los defina, diferencie y les ayude a desenvolverse en el contexto escolar.
 
La prudencia y el trabajo del corazón y de la razón
 
En lo que se refiere al concepto de prudencia el autor se refiere a una necesidad de enseñar aquello que va a servir de utilidad para la vida  tanto personal como profesional; todo aquello que permita hacer nuestra vida un poco más fácil y tal y como señala una vida “decente”.
 
Así pues, será preciso no solo educar la razón sino también las emociones, pues tanto estas últimas como la primera forman parte por igual de nuestra  identidad  como personas y como profesionales, por lo que no se concibe una separación entre  ambos.
 
En esta línea, el autor considera oportuno que el profesorado muestre una  actitud curiosa, que pase por la investigación, por  el estudio de la personalidad y necesidades de sus alumnos, y en base a esto tomar decisiones respecto de los contenidos y valores que será preciso transmitir.image
 
Por otra parte, y conectándolo con el trabajo del corazón y de la razón, el autor considera que el profesor debe ser quien de discernir entre el contenido tanto teórico como práctico que debe transmitir a sus alumnos así como los valores que debe poner en alza a la hora de diseñar y aplicar las metodologías de enseñanza y aprendizaje. Para esto debe de ser realista y contar con un posicionamiento crítico que le permita diferenciar entre lo que debe enseñar y lo que no, lo que es verdaderamente valioso y lo que no.
 
En definitiva, Antonio Nóvoa establece que la identidad docente debe contemplar dos aspectos: el profesor como científico y el profeso como artista.
El primero de ellos referido a poseer y saber emplear adecuadamente los conocimientos que posee, y el segundo a tener capacidad para crear, innovar y dar respuesta a las diferentes situaciones que se le plantean.
 
Análisis personal
 
La lectura del texto me ha sugerido una serie de reflexiones que me gustaría compartir con todos vosotros.
Primeramente me parece esencial todo lo que tiene que ver con el concepto de coparticipación y colaboración del profesorado. Es algo que sin duda, continúa aún hoy día, sin ser del todo aprobechada; por lo que a este respecto considero que sería preciso romper con el aislamiento de ciertos profesores que se niegan a compartir sus experiencias con los demás y que consideran que por sí mismos sin compartir experiencias o posicionamientos metodológicos pueden llegar a desenvolverse de forma plena como profesores. Sin duda opto por la necesidad también de romper con los pequeños subgrupos de profesores que priman en la actualidad, con esa balcanización que impide el compartir, el participar el aprender todos de todos, el nutrirse de los demás, o la creación de una cultura homogénea que permita, el seguir todos una misma línea de acción y no más metodologías y prácticas contradictorias entre unos profesores y otros; que en cierta  forma repercuten en una mayor inseguridad  y desconfianza por parte de los alumnos hacia ellos.
 
Esa colaboración permite además, el desarrollo de otro de las claves que señala el autor y que considero también muy importante, como es el desarrollo de la afectividad. La existencia de  un grupo de profesores unidos, trabajando de forma conjunta, cohesionados y con unos objetivos comunes; cuyas relaciones se asienten en la base del respecto mutúo y de la confianza, brindará la oportunidad de crear un proyecto común, que permitirá que los profesores se apoyen mutuamente, generando mayor seguridad en sí mismos como profesionales.
 
Esta participación conjunta, aumentará tal y como dije en mi anterior entrada, la autoestima del profesorado, le permitirña tomar connciencia de quién es él y el lugar que ocupa tanto en el núcleo del contexto educativo como en la sociedad en su conjunto, ayudándole a reconocerse a sí mismo no solo como profesional de la educación sino también como persona.
Además, ayudará también a ciertos profesores a mantenerse activos, a renovarse, a incorporar ideas de sus compañeros en su práctica diaria, y también a aportar las suyas propias a ese proyecto de equipo, lo que incrementará el sentimiento de sentirse útil y más valorado y realizado profesionalmente.
 
Esta cuestión es evidente que va a tener una repercusión en los alumnos, ya que los docentes no deben olvidar que en cierta medida, los alumnos o de manera consciente o inconsciente tomarán determinados comportamientos y actitudes observadas en estos y los interiorizarán asta hacerlos suyos propios; de ahí la importancia de que estos den ejemplo de colaboración entre compañeros, cosa que como sabemos a veces no se produce.
 
En definitiva, la colaboración docente y la conjunción en la metodología educativa tanto de la razón como del corazón constituyen elementos imprescindibles e ineludibles.
No obstante en este sentido, sería preciso antes de todas las iniciativas en base a diferentes políticas de formación del profesorado que podamos plantear y llevar a cabo, proporcionar una formación a los docentes basada en que estos adquieran una sensibilización que les haga conscientes de la relevancia de estos aspectos, ya que si realmente ellos desconocen, obvian, muestran un desinterés o hacen oídos sordos a estes aspectos, toda reforma o acción de formación que se le proponga no será transferido realmente a la realidad.
 
Bbliografía:
 
Novoa, A. (2007). El profesor, hoy. En Cuadernos de Pedagogía nº 374, pp.21-25