La Orientación para el desarrollo de las emociones y la afectividad


La Orientación para el desarrollo de las emociones y la afectividad


La dimensión afectiva de los niños y niñas es un componente esencial de los procesos de crecimiento cognitivo en los mismos. Sin embargo, en mi opinión no se le da en la práctica la importancia que se le debería dar. En muchos casos la orientación está ideada y se lleva a cabo solamente con la finalidad de aconsejar a los niños y niñas en temas académicos, en ofrecer respuesta a las dudas de éstos sobre temas de salida laboral o para la continuación de estudios, pero pocas veces se centra la orientación en ofrecer un desarrollo óptimo de las emociones y de la afectividad. Ambas son cualidades humanas imprescindibles para el desarrollo pleno de cualquier individuo, y teniendo en cuenta que estos y estas menores están en edades complicadas donde se les está desarrollando y asentando sus futuras personalidades, creo que la labor del orientador/a debería ser ayudarlos/las a saber sentir, expresarse, tranquilizarse o exteriorizar todo tipo de sentimientos. De nada sirve orientar o asesorar a los alumnos y alumnas, aunque sea de manera excelente en temas académicos y/o profesionales, si luego no son capaces de expresar sus emociones convenientemente, o si no saben explicar a un tercero un problema que les incomoda.

De este modo, el currículo debería estar orientado al desarrollo integral y armónico de los niños y niñas en los planos físico, motórico, emocional, afectivo, social y cognitivo, y procurar que los aprendizajes que contribuyan y hagan posible dicho desarrollo. Pero ¿de qué manera se pudiera dar en el currículo esta orientación en el desarrollo de las emociones y la afectividad, teniendo en cuenta la sobrecarga que éste tiene de contenidos y trabajo? Pues de una manera transversal, abordando estos aspectos en las diferentes materias haciendo referencia a los procesos de construcción personal a través del desarrollo complementario de la construcción gradual de la propia identidad, de la madurez emocional, las relaciones afectivas con los demás y la autonomía.

Por otra parte, de debe fomentar las interacciones entre los niños y niñas, y las interacciones con su medio físico, para facilitar una imagen positiva de sí mismos, autonomía, independencia, seguridad y autoestima. Tal y como afirma Segura Rodríguez (2006) “desarrollar y trabajar el uso de las emociones: la empatía, el cariño, la alegría, la pena, el llanto (…) nos llevará a conocerlas para poder usarlas de un modo más consciente).

Sin embargo, para conseguir tales emociones es necesaria la colaboración de todos los miembros de la comunidad educativa, y para ello debemos implicar a las familias y otros agentes educativos responsables de la educación de estos niños y niñas. Si bien es importante el fomento de todas estas cualidades humanas en la escuela, será igual de imprescindible que los padres en sus casas logren que sus hijos o hijas sean empáticos, cariñosos, alegres, y que no les cueste contar sus problemas o sus día a día, ya que es la base de una buena comunicación y una excelente relación también entre padres/madres e hijos e hijas. En mi opinión, fomentando todo esto podrían desaparecer muchos problemas que tienen gran cantidad de niños, cuando otros abusan de ellos o ellas y no dicen nada en casa, cuando se sienten frustrados/as o cuando simplemente necesitan un pequeño apoyo o empujón para salir adelante en su día a día.