¿A qué nos referimos cuando hablamos de tutoría?


¿A qué nos referimos cuando hablamos de tutoría?

 

Se entiende por tutoría “aquella ayuda u orientación que el maestro o la maestra puede llevar a cabo con el alumnado, bien de forma individual, bien de forma grupal, además de la que ejerce como docente” [Sánchez Cerezo (1988), Álvarez y Bisquerra (1996), Santana Vega (2003)]. En cuanto a su finalidad, según Álvarez y González (2006), es “contribuir a la personalización e individualización de los procesos de enseñanza-aprendizaje y a la mediación entre alumnado, profesorado y familia”. Así pues, en mi opinión se concibe como un esfuerzo colaborativo entre diferentes sectores de la comunidad educativa.

Teóricamente, la tutoría busca hacer de cada niño o niña un ser único e irrepetible, a través de unas determinadas funciones, que son las siguientes:

1. Desarrollar diferentes programas: educación para el manejo de las emociones, el desarrollo de la afectividad, programas de complicidad con la familia en diversos hábitos de los niños, sobre todo en edades tempranas o programas de hábitos de vida saludable.

2. Facilitar el intercambio de información, de experiencias con el entorno socio familiar cercano. La finalidad de este intercambio de información será generar una comunidad de aprendizaje y cauces fluidos de comunicación.

3. Coordinar al profesorado: Esta labor se considera imprescindible, para garantizar la coherencia de las programaciones del aula.

4. Colaborar con el resto de los niveles de orientación, favoreciendo así un desarrollo gradual y coordinado, a través del asesoramiento especializado (EOEP, equipos especializados, EOE, etc.)

Sin embargo, ¿qué características deben poseer los buenos tutores o tutoras? En primer lugar, los tutores o tutoras serán personas con unas cualidades humanas tales como la empatía, la madurez, sociabilidad, responsabilidad y capacidad de aceptación. En segundo lugar, han de ser personas con ciertas cualidades científicas, con conocimiento del alumnado y de los elementos pedagógicos para conocer y ayudar al mismo. Y en tercer lugar, deben poseer una serie de cualidades técnicas: ser eficaz en el trabajo y saber trabajar en equipo. Esta última cualidad técnica, resulta imprescindible en un tutor, teniendo en cuenta que trabajará codo con codo con diversos docentes para conseguir la finalidad última de su función como tutor: el desarrollo integral de los niños y niñas.

En el desarrollo de su tarea para con los alumnos y alumnas, el tutor o tutora ejercerá básicamente tres funciones. La primera de ellas la función diagnóstica, recogiendo la mayor información posible para conocer mejor al alumnado, tanto en el ámbito de la personalidad como en el de sus relaciones. En segundo lugar, una función interventora adaptando la propuesta curricular del centro y la propuesta didáctica del ciclo a las características propias del alumnado, valorando las necesidades que se detecten y adaptando la metodología de trabajo a las mismas, planificando la actuación de manera que se impliquen tantos agentes y recursos como sean precisos, y evaluando los resultados para aplicar medidas de mejora que se consideren oportunas. Por último, una función coordinadora con los y las docentes y las familias de los niños y niñas.

Pero, ¿y no es importante también la acción tutorial con las familias? Por supuesto que sí. La familia constituye el primer microsistema en el que se desenvuelve el niño o la niña, por lo que se debe compaginar éste con el de la escuela para que ambos en sintonía desarrollen todas las capacidades y potencialidades.