COMPRENDER Y REDIRECCIONAR LAS PRÁCTICAS DE ASESORÍA, visión crítica

En la presente entrada, voy a proponer una reflexión sobre el texto de Jesús Domingo (2010), llamado “Comprender y redireccionar las prácticas de asesoría”, ya que creo que un resumen del texto aportaría un valor menor a las reflexiones que se pueden concluir de los diferentes temas que deja abiertos en él. Por ende, me decanto por la acción de especular sobre las diversas menciones educativas con respecto al asesoramiento y los temas vinculados a él, con vistas a atribuirle un significado tanto personal como crítico.

En primera instancia, me gustaría comentar como punto de partida, la cita que J. Domingo ofrece en el resumen, afirmando que considera al asesoramiento como una práctica en construcción y continuo cambio. Esto debe de ser nuestro pilar para cementar los siguientes párrafos, ya que creo que el asesoramiento no es algo estático, ni en su realidad ni en su corpus teórico, es decir, está en continua evolución tanto a nivel de desarrollo praxial (muy relacionado con los tipos de currícula y el currículum en la acción  de Gimeno) como de nuevas conjeturas y progresos academicistas. En este sentido, la evolución es la que marca el camino, y en consecuencia debemos de actuar teniendo en cuenta el fin que determina este camino, lo que Domingo establece como calidad de la enseñanza. Me llamó poderosamente la atención una frase de este artículo (“…parece oportuno repensar qué hacemos y hacia dónde vamos”), ya que alberga el hecho que acabo de comentar, y que desde un punto de vista ético y moral, presenta la calidad de la enseñanza como nuestro objetivo vital en el ámbito, que guíe nuestras prácticas educativas.

Tomando esto como base, Domingo propone las comunidades de aprendizaje como lógicas y oportunas para llevar a cabo un buen asesoramiento, que lleve a un desarrollo profesional de los docentes (y en consecuencia, a la calidad educativa). La gran baza que aportan las comunidades de aprendizaje es muy bien definida  por Coll (2001)

“En este sentido, el alcance y el interés del movimiento de Comunidades de Aprendizaje no reside tanto, a mi juicio, en el plano pedagógico -si bien, como se argumentará después, incluye una visión hasta cierto punto novedosa de la enseñanza y del aprendizaje-, como en el hecho de constituir una de las expresiones más representativas del malestar creciente ante la acumulación de evidencias sobre lo que parece ser la incapacidad de la educación formal y escolar para satisfacer las necesidades educativas de la población en general y de las nuevas generaciones en particular. Así, el movimiento de Comunidades de Aprendizaje aboga, al menos en algunas de sus manifestaciones, por una revisión en profundidad de la manera como están organizados actualmente la educación formal y escolar y los sistemas educativos”.

Así, podemos contemplar un cambio en la educación desde una perspectiva formal más que pedagógica, lo que  connota diversos cambios a nivel de sociología de la escuela (“...lo que resitúa el asesoramiento en un nuevo marco de acción, y dentro de un funcionamiento y un currículo democráticos”). Desde esta perspectiva de cambio de jerarquía, de relaciones sociales y de organización en general, podemos actuar de una manera más relacionada con el contexto en el que vivimos, y por lo tanto, darle una educación mejor al alumnado (y al resto de comunidad educativa: profesorado, familias, orientador…).

Desde la visión de J. Domingo, “habría que repensar esta situación desde la óptica de «comunidades de aprendizaje» para que todos los miembros de la comunidad se impliquen en la reconstrucción atractiva y coherente de la enseñanza con fines justos y democráticos”. Esta afirmación tiene más connotaciones de las que creemos, ya que por un lado, recoge el repensar la situación; por otro lado, la implicación de los diversos sectores; y por otro, los fines justos y democráticos. Con esto, nos está diciendo que las comunidades de aprendizaje son algo más que una simple reformulación de espacios, es necesaria una implicación de todos los sectores de la comunidad en un proyecto común llamado educación.

Las diferentes discusiones que se derivan del ámbito pedagógico deben de estar apoyadas en ese objetivo final tan pretensioso, inculcando éstas una retroalimentación de las partes implicadas, ya que en este sistema no habría una jerarquización de opiniones, sino un feed-back conseguido a través del diálogo.

El cambio hacia este modelo de educación es definido con palabras de J. Domingo de la siguiente manera: “Para que un cambio tan potente hacia lo básico, hacia una «educación pública y de calidad para todos» (ESCUDERO, 2002) sea sostenible e «interiorizado», hay que tomarlo como referente y recorrer el camino desde una óptica freireana de utopías realizables, buscando la implicación del profesorado y las comunidades siempre desde el sentido común y la relevancia, con optimismo y de manera significativa, en un accionar pleno de colaboración, prudente y perseverante”. Con esta aseveración, se pretenden primero alcanzar pequeños objetivos, para luego poder alcanzar uno mayor. Hay que ir pasito a pasito para llegar a la meta deseada por el camino correcto, no apresurándose en las decisiones que hay que tomar (“Esto conlleva desterrar las prisas y las soluciones simples para problemas complejos, democratizar el liderazgo e ir instaurando otras dinámicas para comprender y fomentar la participación real”).

Otro aspecto que me llamó la atención fue la introducción del aspecto emocional [“En definitiva, estas prácticas que caminan junto a la ética y la técnica también deben hacerlo junto a la emoción, el clima y el significado compartido (hablar un mismo lenguaje y compartir mínimamente unos propósitos, una mirada, etcétera)”]. Así, se nos está presentando algo muy en boca de todos los pedagogos actuales: la educación emocional. Ésta, en las comunidades de aprendizaje,  no sería solo transmitida a través del currículum formal, sino que sería transmitida a través de un currículum oculto grupal y consensuado, ya que el visionado de las relaciones que emanan entre los diferentes agentes por parte del alumnado, sería un factor esencial para su educación integral (esencial para la acepción de democracia, de valores, de…). Se nos presenta pues, una hasta ahora entelequia educativa, que poco a poco va prosperando, ya que cada vez se encuentra más presente: en los libros de Daniel Goleman, en el currículum de Castilla-La Mancha, etc.

 

Refiriéndome al currículum en la acción, presentaré por último la siguiente cita: “No se trata, pues, de aportar claridad desde la asesoría técnica, sino de que el grupo (equipo / comunidad) la conquiste y, desde ella y del proceso desarrollado, pueda crear compromiso compartido y un contexto de apoyo”. Leyendo esta oración, se me viene a la cabeza la discusión entre Yesshenia y la profesora, que trataba sobre el proverbio “no le des pescado, enséñale a pescar”, a lo que la profesora contestó que el problema era cuando no había peces. Desde mi punto de vista, y enredando lo enredable, contestaré que (muy relacionado con este texto y con las comunidades de aprendizaje) un buen pescador sabe dónde hay bancos de peces y dónde debe de pescar. Las comunidades de aprendizaje son el contexto donde hay peces, donde de verdad podría brillar el asesoramiento. No debemos enseñarle a pescar, sino que debemos enseñarle a pescar en un contexto óptimo y oportuno, lo que se puede extrapolar al ámbito del asesoramiento a los profesores.

Ya por último, me gustaría comentar uno de los núcleos de este artículo, los modelos de asesoramiento, que no da mucho juego a la discusión, ya que las tipificaciones normalmente simplemente se refieren a una catalogación de la realidad, lo que no da lugar a reyertas (si esta es clara, obviamente). Lo que sí debería comentar al respecto es la siguiente cita: “Los modelos deberían funcionar más como variantes estratégicas…”, en la que podemos ver cómo los modelos no son los tan debatidos en clase estancos vacíos, sino que deben de ser estrategias (medios) para alcanzar el fin de la calidad educativa. Así, podremos utilizarlos a nuestro antojo sin que uno sea bueno y el otro malo, sino dándoles un carácter más instrumental y funcional que garantice el éxito de nuestras labores.

 

Coll, C. (2001): Las comunidades de aprendizaje y el futuro de la educación: El punto de vista del Fórum Universal de las Culturas. Documento presentado no "Simposio Internacional sobre Comunidades de Aprendizaje". Barcelona Fórum 2004.