Reflexiones personales acerca del debate malestar - bienestar docente

Con el respecto al debate propuesto en clase, el hecho de pertenecer al bando de aquellos que debíamos dar razones sobre el bienestar del profesorado en un primer momento me hizo pensar que había razones para defender el malestar de los docentes. Posteriormente, fui dándome cuenta de que quizás no era tarea tan complicada defender el bienestar de este colectivo.

Son muchas las razones que se dieron en este debate para defender tanto el malestar como el bienestar y todas me han parecido razonables y respetables, pero en distinta medida.

Si es cierto que hay muchas razones para sentir malestar por parte de los que pertenecen a esta profesión pero creo que muchas de estas razones son las que nos pueden resultar un incentivo para dar motivos para defender el bienestar del profesorado.

Precisamente, cuando sentimos un malestar del tipo que sea buscamos una solución para aliviarlo. Si sentimos un malestar físico, dolor etc., buscaremos aquella alternativa que nos haga disipar ese malestar. Con la profesión puede suceder lo mismo. Si sentimos malestar con lo hacemos o se está haciendo en el terreno educativo o de lo social, sería buena idea buscar alternativas que ayuden a disipar dicho malestar. Alternativas prácticas y efectivas, que realmente hagan cambiar las cosas.

Quizás es una afirmación demasiado idealista pero me parece más apropiado pensar en proponer alternativas, buscar cambiar la situación, formarse, buscar ayuda en otros profesionales, aliarse…  que quejarnos y manifestarnos en contra del sistema, nuestro propio sistema. No quiero decir que esté en contra de ningún tipo de manifestación pública ni de la defensa de los derechos que poseemos ni mucho menos. Simplemente digo, que me parece más práctico y efectivo buscar otra formar de cambiar las cosas si creemos que están mal. Y por supuesto sin pasar por encima de los demás ni entorpecer su trabajo o su jornada laboral, porque realmente los motivos de cada uno de los que nos manifestamos son distintos y diversos, por lo que hacernos oír y que los que nos escuchen no sepan de que hablamos ni por qué queremos hacernos oír tampoco me parece una vía efectiva de evitar la decadencia o la crisis del sistema educativo, productivo o económico, entre otros.

Muchas opiniones ante el malestar del docente en este debate estarán defendidas simplemente por el hecho de que ha sido el bando que ha tocado defender, pero por otra parte pienso que si realmente sentimos ese malestar antes de haber comenzado a trabajar, si ya estamos “quemados” (Síndrome de Bornout) antes de ejercer la profesión me resulta desalentador. Si antes de comenzar a ejercer ya estamos pensando en que las cosas están mal, que no se puede hacer por mejorar, entonces no estamos haciendo más que conducir al sistema a esa misma decadencia.

Es cierto que se nos ha dicho que no podemos salir con la idea utópica e idealista de que vamos a “cambiar el mundo” pero sí creo que debiéramos mantener un poco de ese espíritu que nos hace creer en que un mundo mejor es posible y que podemos hacer algo para contribuir en ello o en la vida de las personas que lo forman, bien sean los alumnos, personas con diversas problemáticas sociales, psicológicas, etc. Pienso que es un momento en el que debiéramos mantener el optimismo de que podemos hacer grandes cosas por alguien, por una persona, un alumno, una clase… y esa es la mayor satisfacción que podemos encontrar en estas profesiones. La otra cara es la derrota, la sensación de impotencia, estar “quemado”, pero esa es una cara que se debiera sentir una vez se ha fracasado. La falta de herramientas, de alternativas, de no saber dónde buscar, los recortes, propician estas situaciones, el hecho de “ya no se qué más puedo hacer…”, “es que no se deja ayudar”, etc. Es probable que no estemos utilizando las herramientas más apropiadas para llegar a esa persona, pero habelas hainas, o eso espero.

Estoy de acuerdo con muchas de las razones que se han dado para sentir malestar, la falta de recursos, el aumento de la ratio, la falta de desprestigio de la labor docente, o de los profesionales de lo social… que “trabajan poco”, la falta de autoridad del profesorado, etc. Es una tarea y una situación difícil y complicada, pero a la vez puede ser una fuente de motivación para seguir luchando por lo que creemos.

Compete a los propios docentes, entre otros y desde mi punto de vista, defender el prestigio y poner en valor la propia profesión. No podemos dejar que se sigan produciendo estas situaciones ni perduren en el tiempo ciertos tópicos.

Sé que no es tarea fácil y que probablemente hable desde la inexperiencia, pero si mi clase no respeta mi autoridad, por ejemplo, quizá es que algo también estaré haciendo yo mal, no sólo los que no me respetan. Y con el prestigio de la profesión puede ocurrir algo similar, si nosotros mismo dejamos que perduren estas afirmaciones lógicamente no contribuimos a erradicarlas.

En definitiva, creo que debemos ser los que todavía comenzamos en la profesión los que debiéramos empezar con ímpetu y positivismo, de que podemos hacer algo por mejorar la situación aunque sólo sea el funcionamiento de una clase, mejorar la vida de un alumno, de una familia… o la concepción de los docentes en nuestro barrio. Pues para desanimarnos o sentir malestar tenemos toda la vida laboral.

Sé que estaré equivocada en muchas de las opiniones que aquí he plasmado, por ello os invito y estoy abierta a cualquier tipo de crítica o reflexión.

Un saludo,

Silvia

Comentarios

  • Mónica Rial Enjo


    Hola Sivia, a raiz de tus reflexiones vienen a mi cabeza ideas que están muy relacionadas con lo que tu comentas . Como bien dices, muchas veces la falta de optimismo, o la sensación de que haga lo que haga nada va a cambiar, se convierten en nuestros peores enemigos. Considero que tal como tu comentas, deberíamos salir de las aulas para incorporarnos al mundo laboral llenos de entsiasmo e ilusión, decididos a cambiar el mundo, ya que de no ser así, nos exponemos a condicionar nuestras experiencias tranformándolas en las de otros, en base a lo que otros vivieron y nos contaron. Debemos ser capaces de mantener la mente fria y distante de las malas experiencias que vivieron otros o sufrieron otros, garantizando de esta manera la oportunidad de filtrar nuestras experiencias en base a nuestra propia visión del mundo, de tal forma que evitemos caer el la llamada "profecía autocumplida". 

    No debemos olvidar que las perosnas no solamente responden a cómo son las situaciones en la realidad, sino también a la forma en que esas situaciones son percibidas y al significado que le otorgan a las mismas, lo que deja constancia de la relevancia de las expectativas propias y ajenas en nuestro comportamiento. Si nosotros creemos que no podemos hacer nada que cambie la situación, pues tendremos razón. Si los demás deciden que aunque nos esforcemos por cambiar las cosas no conseguiremos nada  y nosotros elegimos creerles, entonces tendrán razón también. Por eso es muy importante que esperemos siempre lo mejor incluso en las peores de las circunstancias, porque nuestra mente se prepara de otra manera para lidiar con las contrariedades de la vida. Eligiendo nuestras creencias, eligiendo uno mismo el camino aprenderemos a ser más libre.

    Un saludo, Mónica Rial.

  • Silvia Alvarez Otero

    Gracias por aportación Mónica. 

    Se me pone la piel de gallina sabiendo que mis ideas no son tan disparatadas y que podemos seguir apostando por el optimismo! 

    Un saludo, 

    Silvia.