Hargreaves: Culturas de colaboración

 

La colaboración no puede ser un suceso puntual sino que debe constituir un clima, una atmósfera presente a lo largo del tiempo constituyendo comunidades de apoyo. Como expuso Eulália Bassedas en el capítulo segundo de “Manual de asesoramiento pedagógico” (2007), debe caminarse hacia una cultura de la colaboración en el ámbito de la educación, pero considero necesario que primeramente la colaboración esté presente en todos los ámbitos de la vida para que, de alguna forma el ámbito educativo se contagie.

Hargreaves (1996) en su libro “Profesorado, cultura y postmodernidad. Cambian los tiempos cambian los profesores” distingue cinco culturas o grados de colaboración pero, antes de pasar a explicar cada uno de ellos definiré la cultura como la entiende Hargreaves.

La cultura de colaboración, para este autor, es ese conjunto de valores o manera de ser que se mantiene más o menos estable a lo largo del tiempo y que cada sujeto tiene en función de los procesos de socialización vividos.

La primera cultura que distingue este autor es la del individualismo; se trata de una cultura tramada a lo largo de los siglos en función del aislamiento profesional, es decir, trabajar el alumnado y el docente solos. Este esquema difícilmente se rompe, no es habitual encontrar a dos docentes en una misma aula debido en parte por cuestiones administrativas ya que resulta más costoso. Por otro lado Hargreaves destaca que existe un individualismo positivo, ya que el docente necesita un tiempo solo para pensar, crear, elaborar, etc. El autor destaca también que este trabajo individual debe combinarse con el trabajo colaborativo.

La segunda cultura es denominada Colegialidad forzada. Se trata de un tipo de colaboración circunstancial por ejemplo trabajar colaborativamente para elaborar un proyecto determinado. No se trataría en este caso de una colaboración auténtica pero, según Hargreaves podría convertirse en una auténtica si se dan cuenta de que trabajando juntos los resultados son mejores.

La siguiente cultura sería la llamada Balcanización. Es aquella cultura de enfrentamiento entre grupos con diferente poder. El poder supone influencia, tener un poder de convicción, saber manejar “los hilos”. Según el autor este tipo de cultura se encuentra más fácilmente en los centros de secundaria ya que existe una mayor separación por departamentos. En esta cultura por tanto, la colaboración se produce dentro de pequeños grupos.

La cuarta cultura es la Colaboración auténtica, que se da en comunidades agradables donde las propuestas son fáciles de llevar a cabo ya que cuentan con la participación de todos sus miembros.

La última cultura es la llamada Colaboración móvil en la que se compaginan diferentes culturas en función de las necesidades del centro o del alumnado.