Un pequeño cambio en Educación, un gran cambio para el futuro

Título: “Un pequeño cambio en Educación, un gran cambio para el futuro”
Autora: Yasmina Mª Souto Taboada
Fecha: 14 abril 2012
Fuente: http://ccaa.elpais.com/ccaa/2012/04/13/andalucia/1334332226_762988.html (artículo de: 13/4/12; consulta realizada: 14/4/12 a las 16.27h; administrador: Ediciones El País, S.L.)

Los profesionales en educación nos encontramos ante una situación de incertidumbre, pues cada vez que se genera una crisis, un cambio político, etc, el primer sector que se ve afectado es la Educación. Entonces, ante estas reflexiones debemos plantearnos, ¿por qué?, pregunta que fue el encabezado de un debate llevado a cabo en la sesión del 11 de abril. A pesar de que en el mismo se han expuesto numerosas razones respecto al bienestar y malestar docente, pienso que aún hoy el debate se encuentra abierto, al no haber llegado a un consenso.
Quizás la razón de que aún no exista una respuesta para el mismo, se encuentre en que no todo el mundo es consciente de que la educación es la base de la sociedad, es decir, todos los conocimientos, pensamientos, actitudes, etc, que se transmitan desde la escuela van a condicionar la manera de ser y actuar de los futuros ciudadanos de un país. Ya que, para formar a las personas es necesario instruirlas, para que en un futuro sean capaces de poseer sus propias ideas y opiniones, así como ser críticos ante determinados temas como “los recortes en educación”.
Sin embargo cuando se hacen este tipo de recortes en educación, como el que estamos viviendo incesantemente desde hace un año, con continuos recortes salariales y menor cobertura de bajas laborales. No se tienen en cuenta que los profesores ya son personas adultas completamente formadas y en las que no se puede incidir tan fácilmente como en los alumnos, por eso se tiende a retirarle progresivamente los prestigios de los que disfrutaban hasta el momento como: salario estable, menor ratio en las aulas, mejores recursos en la enseñanza…
No obstante, tal y como recoge el artículo de El País titulado “Falta de Educación”, quizás los profesores sean los únicos profesionales que no dejen de trabajar una vez abandonan sus puestos de trabajo; sino que, su labor continúa más allá de los muros del colegio, trasladándose a sus hogares, tiempo de ocio y afectando en muchas ocasiones a su entorno familiar. Esto es algo de lo que el resto de la sociedad no suele ser consciente, o no desea serlo cuando en determinadas ocasiones se le exige más a un profesor; pero sí que es algo de lo que somos plenamente conscientes los que, además de ser hoy docentes, antes fuimos hijos de docentes.
Porque es verdad que para ser docente y ejercer bien la docencia, hay que vivir, sentir y amar esta profesión; puesto que, se trata de una profesión en donde no solo importan los resultados, sino también el proceso, el cual va a estar formado tanto por componentes teóricos, como afectivos y motivacionales. Es una profesión, que influye en los alumnos y los moldea según los patrones de los que van participando a lo largo de la vida, en sus distintas etapas educativas y gracias a los múltiples profesores que le imparten clase.
Por lo tanto, esta situación de masificación en las aulas junto a una limitación de los programas compensatorios, dotación de menos recursos en educación en comparación con una mayor demanda en innovación educativa, aumento del número de horas frente a una reducción salarial, etc; va a repercutir en el gremio docente ocasionándole un estado de malestar generalizado, que en algunas ocasiones puede traducirse en un empeoramiento del estado de salud, dándose así mayores situaciones de estrés laboral, depresión… que lo que hace, no solo es perjudicar al profesional docente, sino que de forma indirecta también le va a afectar al resto de la comunidad educativa.
Esta situación de retroalimentación negativa existe, debido a un aumento del descontento entre el profesorado porque sus aportaciones y esfuerzos ya no son valorados ni recompensados, éste se encuentra en un estado de menor motivación profesional, lo que va a condicionar su enseñanza en el aula. Además, si el profesor se encuentra desmotivado en su tarea, los alumnos percibirán este estado de malestar y lo traducirán en un menor interés por los estudios, así como en un aumento de la dejadez académica.
Pero, debemos tener en cuenta que la gravedad de estos recortes y posterior malestar docente, va a acabar con un mayor aumento del fracaso escolar y una menor calidad de la educación; porque a la larga, esto se traducirá en una sociedad compuesta por personas escasamente formadas, y con escasos conocimientos técnicos y teóricos para poder desempeñar un puesto de trabajo. Lo que conllevará, un aumento en la tasa del paro y, un mayor índice de desempleo a nivel estatal.
En contraposición, es importante propiciar un estado de bienestar entre los docentes de forma que sigan desviviéndose por su profesión, para formar a futuros ciudadanos capaces de desempeñar con éxito su labor profesional. Para ello, en primer lugar se debería comenzar por otorgarle igual prestigio a la carrera de Magisterio, que al resto de las titulaciones universitarias. Para luego terminar, revalorizando la figura del profesor como profesional capacitado para instruir a la sociedad del futuro.
Para concluir, me gustaría resaltar la idea de que los docentes nos encontramos en una etapa incierta con respecto a la educación, y a nuestra función dentro de la misma, debido a todos los cambios y recortes que se están generando en esta situación de crisis económica.