Malestar en el profesorado. Analisis del programa Psicologeando. Debate "Docentes al borde de un ataque de nervios"

Buscando información sobre el malestar – bienestar del profesorado he encontrado un programa de la televisión argentina en donde se trata este tema y que me ha parecido muy interesante.

Me ha parecido interesante abordar este tema desde otra perspectiva como son los debates televisivos.

La referencia a dicho programa es esta:

 

Psicologeando - Programa 28 "Docentes al Borde de un Ataque de Nervios" 
"Psicologeando con Gabriel Massaro" se emite en Telered Moreno, Bs. As., Argentina. 
Conduce: Lic. Gabriel J.Massaro 
Emitido: 21/04/2010

 

Estos son los links en los que podéis encontrar el programa, divido en 6 partes:


Esta es la primera parte donde podéis empezar a verlo en el MINUTO 5:00, ya que antes es publicidad, entre otras cosas.

 

De todo lo que he visualizado en este programa he extraído algunas cosas que me parecen oportunas comentar con respecto al malestar del profesorado.

“Hay muchas escuelas en las que no hay psicopedagogo, y esta labor la tienen que hacer los docentes”

Esta situación, aunque cada vez menos, podemos encontrarla en muchas de nuestras escuelas españolas. ¿Debemos o podemos ejercer esta labor como docentes en vista de la falta del profesional de la orientación?

En mi opinión, depende en primer lugar de la formación que poseamos. Si tenemos conocimientos y herramientas para poder abordar esta labor y si nos preocupan nuestros alumnos podríamos, como docentes, echar mano en esta labor. Del mismo modo, sería necesario también contar con el apoyo y asesoramiento de profesionales que están formados en este ámbito para no actuar erróneamente y por supuesto, reclamar la figura del psicopedagogo, entre otros profesionales de la orientación en dichas escuelas. Como docentes, tampoco podemos sobrepasar nuestras funciones pero sí es cierto que podemos contribuir a la tarea del psicopedagogo.

“El docente que se acercaba a casa del alumno para ver que le pasó, por qué no fue a clase, murió”

Obviamente la situación ha cambiado, pero creo que parte de esta afirmación que se ha perdido debiera mantenerse en el tiempo. La preocupación personal por nuestros alumnos quizá ha ido en detrimento para dejar paso a la profesionalización y a la separación de la implicación emocional. La línea donde empieza una y termina otra afirmación es tan vaga que perfectamente podemos traspasarla hacia un terreno como hacia el otro. En mi opinión habría que buscar la manera de no traspasar la implicación personal de forma que nos afecte acusadamente, pero tampoco llegar a una profesionalización del trabajo que no permita implicación alguna, pues no dejamos de trabajar con personas a las que estamos guiando, que sienten, que sufren y que tienen problemas personales donde la escuela es una fuente de detección y superación fantástica.

“Si en casa no se le da el valor suficiente a la educación, ¿como se lo van a dar los alumnos? (…) Mira para que me sirvió a mi estudiar…”

Como se ha comentado en clase, es cierto que la consideración de la educación ha sufrido cambios espectaculares. Si oímos hablar a nuestros abuelos estiman la educación como un privilegio al que no todos pudieron acceder en tiempos pasados y que debiéramos valorar y estar agradecidos por ella. Hoy en día, que podemos disfrutarla como un derecho universal no la valoramos como tal, sino como una obligación. Actitudes como ésta contribuyen a la desmotivación de los alumnos, al desprestigio y pérdida de autoridad de la labor docente que inciden en el malestar docente. En este terreno, más que con los alumnos debiéramos trabajar con las familias por ser la institución primaria que va a influir en nosotros. Las familias tienen un peso y una función muy importante en la educación de sus hijos que no puede quedar relegada a la escuela y aunque trabajemos con sus hijos, se debiera concienciar y colaborar con las familias y la familia con la escuela para no estar pisándonos el terreno con las consecuencias que ello acarrea en la labor docente.

“El padre de los 60 tenía a la figura del profesor como una autoridad, ahora culpan al docente.”

Ésta es otra de las afirmaciones y situaciones que ofrece razones para el malestar docente, muy relacionada con la afirmación anterior. Del mismo modo, el trabajo en este caso debiera ir dirigido a las familias, pues actuando por separado (familia y escuela) sólo contribuimos a perjudicar al alumno, el cual recurrirá a la defensa de sus padres o del profesor a según le convenga.

No podemos olvidar que el alumno todavía está formando su personalidad y que la responsabilidad de su desmotivación y de sus acciones todavía recae en la familia y en la escuela con lo que si queremos promover cambios en ellos, además de motivarlos y educarlos, también debiéramos motivar y concienciar a las familias y a los docentes como promotores y guías de la educación de nuestros hijos y alumnos.

“Padres que trabajan todo el día. Cuando llegan para evitar conflictos actúan como amigos”?

Los nuevos modelos de familia, la incorporación de la mujer al mundo laboral, la (difícil) conciliación de la vida familiar y laboral producen efectos negativos (y positivos) que estamos observando en las situaciones educativas. Muchos de estos efectos participan en el incremento de las problemáticas que sufren los alumnos y por tanto de problemáticas que se dan en la escuela contribuyendo al malestar del profesorado. Alumnos más desatendidos por sus padres o tutores, menos relación entre escuela y familia, más preocupaciones, menos tiempo para estar con los hijos, menos control, menos disciplina… Este es otro de los motivos por los que la educación que se debiera proporcionar desde las familias queda relegada a la escuela, entre otras. Los padres ya no tienen tiempo para hacer los deberes con sus hijos, para estar al corriente de cuánto tiempo dedican al estudio y cómo lo hacen… incrementando así las tareas de la labor docente.

La mujer tiene pleno derecho a trabajar al igual que el hombre, y en muchos casos, ninguno de los dos quiere ejercer la labor de “ama de casa” que está todo el día pendiente de sus hijos. La solución a este enigma es complicada a pesar de que existen opciones como reducción de la jornada laboral de uno o ambos o beneficiarse de los programas de conciliación familiar, entre otras. Invertir en programas de este tipo y en profesionales que los llevan a cabo es necesario, pero también que las familias vuelvan a ocupar su puesto como primera guía de sus hijos sin relegar deberes que les pertenecer como padres a las escuelas.

Controvertida situación que creo tiene mucho que ver en la problemática de muchas escuelas y en el malestar del profesorado.

“Un docente también no tiene suficiente tiempo o el que le gustaría para estar con sus hijos.”

Además de docentes también son padres y componen una familia, con lo que los docentes también sufren los mismos problemas de conciliación que el resto de las familias, con lo que tampoco pueden desatender a sus familias ni a sus hijos para atender a los de los demás. He aquí otro hecho muy importante en el malestar y el síndrome de bornout (“quemado”) del profesorado y de las personas que trabajan y se implican en lo social y en el trabajo con las personas.

Con respecto a los directivos se dice en dicho programa:

 “No tenemos herramientas para tratar la violencia que traen de sus casas”

A raíz de esta afirmación procedente de los propios docentes resulta necesario plantearse muy seriamente el trabajo con las familias. Es desde la familia, como primera instancia socializadora y educativa, desde donde debieran inculcarse las primeras normas de comportamiento y disciplina, pero sabemos que no siempre es así. Es cierto que el docente puede colaborar en esta tarea educativa pero no puede quedar relegada exclusivamente a su competencia.

Si no contamos con el apoyo y la colaboración de las familias esta tarea es tremendamente complicada pues estaremos actuando por dos vías distintas perjudicando seriamente a los futuros adultos.

De este hecho se derivan situaciones como aquella en la que la familia reclama al profesor por amonestar o suspender a sus hijos, haciendo culpable en primera instancia al profesor y defendiendo en exceso al alumno con las consecuencias que ello acarrea en la autoridad y veracidad del profesor.

Por ello, considero que muchas de estas situaciones que provocan malestar entre los docentes  y disrupciones en las aulas están desprovistas del trabajo con las familias pues es desde ellas desde donde se debe cambiar la situación para lograr el cambio en los alumnos y en los hijos.

“Al docente le faltan herramientas”

Del mismo modo, el docente también se ve desprovisto de herramientas para enfrentarse a numerosas situaciones que hoy en día se producen en las aulas y para las que probablemente no está formado. Violencia, drogadicción, absentismo…

En este terreno es imprescindible incidir en la formación del profesorado, en el apoyo de los profesionales de la orientación y los servicios comunitarios como pueden ser servicios sociales o equipos de orientación externos al centro.

Las bajas, los fármacos… “no implican que el conflicto no siga estando” “…por eso es que son tan reincidentes”.

Nos encontramos en el terreno actual de las bajas de los profesores, entiendo que baja por depresión, estrés, ansiedad, etc. Se hace mención en este debate a que el hecho de solicitar una baja o la administración de fármacos no solucionarán el problema. Simplemente servirán de alivio temporal ya que a la incorporación del docente el conflicto seguirá presente y de ahí la reincidencia en las bajas.

Es necesario como se comentaba anteriormente que el docente adquiera herramientas para enfrentarse a estas situaciones conflictivas y problemáticas y que reciba apoyos para poder erradicarlas. Ante estas situaciones nos encontramos en una espiral en la que el problema no queda solucionado a largo plazo, sino que simplemente se palia de manera provisional.

“Pasamos del padre autoritario al colega de mi hijo” “Hemos perdido los papeles” (Emilio Calatayud)

 “Es el autoritarismo el que nos impide ver la autoridad como un factor de progreso y un factor de ayuda”

“La escuela, la familia y el docente que debe recuperar su lugar, saber cuando decir si y cuando no, cuando amonestar y cuando no.”

Se presenta un vídeo de unas alegaciones de Emilio Calatayud, juez titular del juzgado de menores de Granada, en las que, aunque duro y directo, no le falta razón. Es cierto que los estilos educativos (autoritario, democrático, permisivo) actuales han cambiado de manera importante. La línea entre lo autoritario, lo democrático y lo permisivo no está muy bien definida actualmente.

Ha sido necesario vencer el autoritarismo de épocas pasadas que caracterizaba tanto a la escuela como a la familia, pero en muchas situaciones nos olvidamos que la autoridad y la disciplina siguen siendo necesarias en su justa medida. La falta de autoridad y disciplina provocan situaciones en las que tanto la familia como el docente se ven superados por sus hijos y sus alumnos, “no pueden con ellos”, nos dominan… y tampoco se pueden permitir dichas situaciones pues a la larga las consecuencias que acarrean están siendo visibles en nuestra sociedad.

Es muy difícil la línea entre la democracia, el diálogo, la autoridad, el respeto… donde termina una y donde termina la otra, pero es necesario combinarlas lo más justamente posible para no “perder los papeles”. Ni todo es tolerable, ni todo es prohibición, pero sí son necesarios los límites tanto desde la familia como desde la escuela.

 

Silvia Alvarez Otero

Asesoramento Curricular a Centros e Profesores

15/04/2012