Informe Pisa

A la vista de los resultados del último informe de la OCDE, parece que estamos poco menos que a la cola de Europa en cuando a calidad de nuestra enseñanza, situación que no hace sino añadir aún más estrés tanto a los profesionales involucrados en las labores educativas como en menor medida a la sociedad en su conjunto a la vista de lo que ella considera, y debe suponer sin duda, algún tipo de "problema".

En mi opinión, dichos resultados reflejan sólo una mínima parte de lo que puede ser el proceso de enseñanza-aprendizaje y por tanto los creo parciales y, aunque significativos en cuanto al nivel cuantitativo de conocimientos que reflejan, de ningún modo exhaustivos para una tarea que pretende ser de evaluación de la calidad educativa de un sistema.

En un aula ocurren multitud de cosas más que la adquisición de contenidos teóricos cuantificables, quiero decir que el entramado de relaciones, actitudes, emociones, valores, etc., que continuamente fluyen dentro de ella son quizá de los componentes más importantes a evaluar bajo mi punto de vista.

Con ello no quiero decir que no se deba atender a unos resultados que nos hablan de un pobre nivel en contenidos fundamentales y básicos para cualquier persona, ni que no se deba hacer autocrítica, ya que no parece haber discusión en cuanto a que algo no funciona en nuestro sistema educativo, lo que quiero expresar es mi descontento con los criterios empleados para evaluar un constructo tan complejo como el de "calidad educativa", que a la vez pretenden elaborarlo a su manera.

Al hilo de la publicación de este informe, quiero también denunciar las declaraciones del Ministro de Educación Juan Ignacio Wert achacando al descenso en las puntuaciones a las fuertes oleadas de inmigración que parece que "asolan" nuestro territorio. Sé que no debería ni mentar una reflexión tan simplemente burda al respecto, pero no puedo por menos que mostrar mi indignación antes las reacciones de nuestra cúpula dirigente ante un tema tan sumamente delicado y fundamental para nuestra sociedad, hace descender las ya pocas esperanzas depositadas en el gobierno a la hora de proponer soluciones.