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El malestar docente debido a la desestructuración y condiciones entre la educación y su relación directa con la vida y la sociedad. El bienestar como creación de una lógica educativa entre escuela y vida.

Capítulo 2: El malestar docente debido a la desestructuración y condiciones entre la educación y su relación directa con la vida y la sociedad. El bienestar como creación de una lógica educativa entre escuela y  vida.

La práctica escolar convertida en cultura educativa como repetitivo, estático y engañoso proceso denominado enseñanza y aprendizaje, ha traído consigo un cierto dirigismo, visión vertical y una relación, muchas veces autocrática donde la educación nace, se desarrolla y finaliza en y desde el “adulto docente” y no desde el “niño”. El llamado “educando” pierde su capacidad de ser. El concepto de “alumno” es errado. El denominado “alumno” o “educando”, es más bien un potencial ser, creador y conocedor de sus propias experiencias alternativas de aprendizaje informal, cultural, familiar, social y humano, cual aprendiz ante la vida, como sabiamente deberíamos asumirnos los adultos -continuadores de la infancia ante el laboratorio del mundo y las sociedades y como creadores-hacedores. Y más en el caso, del aprendizaje entre adultos donde la andrología nos hace reflexionar sobre la educación entre iguales para crecer mutuamente. La educación no se integra normalmente en la sociedad actual, desde un proceso comunitario (de creación colectiva). El profesor se siente desubicado, el alumno no entiende que tenga que aprender esos contenidos y los padres observan a la escuela como foco de problemas y no de soluciones... ¿Realmente estamos creando una escuela consolidada en el día a día o un lugar desestructurado donde praxis y teoría a penas se une?

Se hace vital quebrar el paradigma vertical profesor-alumno, yo enseño - tú aprendes, yo arriba - tú abajo, enseñanza-aprendizaje, yo tengo el poder del conocimiento y tú el deber de aprender y ser instruido. He allí la falsa educación, la que realmente crea el malestar. ¿Un profesor que repite conocimientos sin posibilidad de añadir nada a sus propios contenidos, como no se va a sentir con malestar? No hemos estudiado una carrera para ser simplemente un soporte (loros de repetición), queremos ser algo más...Ese no es muestro lugar.

Paulo Freire (1970, pp. 105) nos habla de un revolucionario modelo educativo donde “Nadie educa a nadie” porque en realidad, circularmente y en igualdad de condiciones “nos educamos en comunión”. Y si tal educación permite reflexionar sobre sí mismo, la sociedad y el mundo para transformarlo y hacerlo mejor y más justo, entonces esta educación será crítica y liberadora, convirtiendo a ambos participantes y a los miembros del entorno educativo en sujetos activos.

En las culturas aborígenes, la educación histórica y antropológicamente se ha generado de manera espontánea y natural desde el medio familiar y colectivo (cultural). Es decir, no había que crear estructuras ajenas o desligadas de la dinámica sociocultural cotidiana para trasmitir y reflexionar sobre el conocimiento y la vida como un todo. Hoy día, estas realidades educativas primigenias han ido perdiendo espacios ante la transculturación y los cambios bruscos internos y externos en los pueblos originarios. Nosotros comentamos que los niños ya no quieren estudiar, que son vagos, que nada les motivos. ...¿Y cómo les va a motivar una escuela tan alejada de su realidad vivencial?
 

Ante la desestructuración y contradicciones entre la educación y su relación directa con la vida y la sociedad, pensadores algo más radicales como Iván Illich planteaban prácticamente derrumbar tales estructuras y concepciones para replantear la cuestión educativa como tal –al estilo de su obra: “Un mundo sin escuelas”-. Neill Sutherland en cambio, creó una experiencia original en Inglaterra hacia la segunda mitad del siglo XX, cuya obra denominada “Sumerhill” nos acerca a un experimento de educación para la libertad, la felicidad y el desarrollo del ser. Sutherland (1960, p.89) criticaba la educación para el desarraigo y a la sociedad donde se ha configurado “al niño moldeado, condicionado, disciplinado, reprimido, el niño y el hombre sin libertad, cuyo nombre es legión”.

Diversas estadísticas dicen que, un 11% de los niños son maltratados desde su hogar y en el entorno social, en realidad el maltrato se generaliza hacia el conglomerado de todos los seres humanos: la mujer, el hombre, las trabajadoras, adolescentes, etc. La estructura educativa oficial ha traído consigo una marca histórica de no proveer recursos económicos necesarios, tecnología educativa y medios pedagógicos múltiples, injustos contratos colectivos hacia los gremios de docentes e inclusive sin contrato alguno en caso de diferentes docentes dependientes de entidades privadas. Otra situación intolerable es enfrentarse como “maestro” a vicios partidistas o hacer política para conservar sus condiciones laborales. Tales factores juntos sumado a otros cuantos, resultan normalmente inconcebibles para desarrollar una nueva educación de siglo XXI. Es una pena que realmente nos engañen con medios o nos obliguen a acatar ciertas normas (entiéndase por ello el Real Decreto-ley 14/2012, de 20 de abril, de medidas urgentes de racionalización del gasto público en el ámbito educativo) para conservar este tipo de escuelas que comienzan a crear malestar en el momento de su creación.

En España por lo general, el populismo gubernamental debido al empuje del “período democrático” después de la época franquista, logró ir masificando la educación, hasta multiplicar la construcción de escuelas sin un claro rumbo enmarcado en calidad educativa, y de espaldas a la compleja realidad del país creando a veces, especies de instituciones y programas deformes de raíz y en su desenvolvimiento normal, certificados a su vez con un sello convencional de Ministerio de Educación. Uslar Pietri se refería a esta conflictiva situación como un mal de la democracia, planteando a veces el cerrar escuelas, antes que multiplicar el sinsentido educacional. Yo no soy de las que piensa que cambiar escuelas centralistas o directamente tirarlas sea necesario, pero si creo que para lograr un bienestar ya no sólo docente sino de toda la comunidad educativa deberíamos de replantearnos la desestructuración existente entre escuela y vida. Pienso que si redirigimos ese camino encontraremos un algo de ese bienestar tan deseado.