Retrospección de mi vida académica ¿Cómo ven los alumnos a sus profesores?

Respondiendo a las preguntas realizadas por Lourdes Montero en clase (¿Qué pensamos como asesores de los profesores?¿Qué creemos que los profesores piensan sobre nosotros?) nos dimos cuenta que nuestras respuestas no sólo estaban influenciadas por nuestros conocimientos sino también por nuestras vivencias. Por lo tanto, creo que antes de comenzar a realizar el micro relato sería necesario hacer una retrospección a mi vida académica.

"Hay cosas que por muchos años que pasen el tiempo no logra destruir y ahí esta la diferencia entre las cosas que valen y las que no..."

Todo empezó cuando tenía cuatro años, mis padres podían elegir la edad de ingreso en el sistema escolar y esa fue su “elección”. Pongo elección entre comillas por que la sociedad actúa de la forma más inesperada la mayoría de las veces, supuestamente tenías ese poder de elección pero la realidad era una cosa muy diferente para los que podían y querían disfrutar de sus hijos el máximo tiempo posible. En los “colegios buenos” (por su puesto me refiero a los privados, con cierto toque superfluo de ironía) las madres y/o padres metían a sus hijos lo antes posible, supuestamente siempre por motivos de trabajo, entonces los pobres locos que deseaban quedarse con sus hijos un año más ya no tenían plaza  por que los que estaban anteriormente tenían prioridad, como es lógico. Esta pequeña introducción creo que refleja muy bien las obligaciones a las que la sociedad te somete, si quieres conseguir un fin determinado. Pero dejando de lado la sociedad volvamos al tema central...

Al entrar en el aula supongo que me llamó la atención los colores y  encontrarme con tanta gente (aunque me llevaban mucho al parque y a algunos ya los conocía), pero como es lógico es mucho suponer por que no guardo ningún recuerdo.

A partir de los seis años ya empiezo a tener recuerdos vagos, el olor de la plastilina  (aunque parezca mentira uno de los mejores recuerdos de educación infantil), las zonas de colores, las suaves manos de la Profesora Amor (que os prometa que se llamaba así pero ojalá se hubiera llamado Paciencia y se le pegara algo de su nombre), y  las carcajadas de los niños cuando íbamos al patio. Para mí en este año  todo cambió no sé si fue porque ya estaba acostumbrada al colegio o porqué cambió la profesora y esta era de otra manera, mucho más cariñosa y atenta a los problemas de los alumnos.

 Aprendí muchas cosas con ella, fue una de las profesoras de las que guardo mayor y mejor recuerdo. Hacíamos muchas manualidades con palillos, cartulinas, ... Aparte de esto también nos enseñó a leer y escribir nuestras primeras palabras y a hacer las primeras sumas, fue un año muy completo. Íbamos al recreo dos veces por la mañana y una por la tarde.

Pero no sólo realizábamos manualidades,  salíamos a ver el campo porque al lado de mí colegio había una extensión de terreno bastante grande. Realmente creo que fue algo emocionante en mi vida por que lo recuerdo con gran añoranza, pero el gran paso decisivo de todo niño de educación infantil es volverse mayor. Iba en primero de primaria, repito primero de primaria ya podía ir en el autobús de los mayores, en el patio de los mayores, en el baño de los mayores, en el horario de los mayores y otras muchas actividades que terminan en  “el de los mayores”, ilusa de mi pensaba  que ya era mayor, y al fin y al cabo es lo que todo los niños pequeños desean ser.  Me había tocado la Profesora Pilar, la cual tenía fama de estricta, pero de  enseñar rápido y mucho. La verdad, es que la diferencia aunque un poco brusca era graciosa con otras que estaban a punto de llegar. Creo que aprendí bastante con ella, era firme y constante o te lo sabías o te reñía y aunque no creo que esa técnica se deba utilizar nunca, conmigo funcionó bien. Aunque el estar siempre nerviosa, por lo que te iban a decir, causaba en mí una sensación difícil de explicar. Además esta profesora era muy religiosa y como algún alumno dijera alguna palabra mal sonante referida a la religión estaba castigado casi todo el curso.

 Después de este año en el que no me quejo de lo que me tocó, pasamos a segundo de primaria mi tutora fue  Profesora Paula. La verdad es que de ella sólo tengo recuerdos bonitos, donde las clases estaban llenas de canciones y donde la frase de aprender jugando no era un mito. Era una profesora que temperamental, joven con ganas de aprender y de darlo todo. Tal  vez, algo inexperta pero con una fuerza de voluntad que superaba todo lo demás. Ella llegaba a clase, pedía voluntarios para que contáramos de qué  iba el libro que leíamos en esa semana y mandaba aplaudir hiciéramos como lo hiciéramos. Puede que no todo fuera perfecto, pero lo que está claro es que motivación no le faltaba. La clase seguía con las diferentes materias a las que siempre le ponía  algo de humor y una canción. Mira si realmente me enseñó cosas esa mujer, que cuando yo sea profesora quiero cantarles esas canciones que animaban a cualquiera y me da igual que me digan que son de la antigua usanza o que tengo que renovar mi formación, por que  hay cosas que por muchos años que pasen el tiempo no logra destruir y ahí esta la diferencia entre las cosas que valen y las que no, y tal vez, con mucha suerte, alguno de mis alumnos piense eso de estas canciones que un día me enseñaron y sus palabras empiecen un ciclo que ya no tenga fin.

Como resumen debo de decir que una profesora muy especial, era muy eficiente, buena, comprensiva y atenta a todas las dificultades de los alumnos, incluso a veces se quedaba con los que iban más atrasados en las materias o que no entendían algo y se lo explicaba fuera del horario escolar.

Después de contar mi idílico segundo de primario, comenzó tercero con una nueva profesora la señorita Ana. Una mujer un tanto peculiar, acostumbrada a vivir en mi humilde opinión de las sobras de los demás, o dicho de otro modo de rentas. Tal vez sea un poco dura con ella, pero como mínimo creo que una profesora le tiene que poner entusiasmo, paciencia, compromiso, también una pizca de coraje porque no... en fin, dedicación a la hora de enseñar y ya con mi edad veía que algo no funcionaba, imaginaros ahora. La señorita Ana nos tenía que enseñar la base de la educación los pilares básicos para que toda la maquinaria funcionara perfectamente, pero...eso no fue así.

Su forma de enseñar seguía una estructura clara y según creían todos razonable. Los niños que no sabían hacer lo dado en los cursos anteriores tenían máxima prioridad, y hasta aquí puede ser comprensible, pero ¿Qué pasa con los niños que sí sabíamos hacer las cosas?. Gracias a esta pregunta empecé a forjar  mi personalidad o a darle un  toque personal a mi carácter. Se que quienes lean esto puede pensar que era demasiado pequeña y que no era consciente, pero si seguís leyendo cambiaréis de opinión.

Dado el aburrimiento al que me encontraba dictatorialmente sometida, decidí romper con la monotonía y decirle a la profesora que estaba  harta de hacer dibujos, que lo que quería era aprender y que me enseñara otras cosas nuevas, (aunque no podría afirmar con veracidad si fui totalmente consciente de mi propósito en todo momento), a lo que la profesora me respondió: “Yesshenia, tú ya sabes hacer esto no seas egoísta déjale a los demás que aprendan”.Como se puede predecir, no me conformé con esa respuesta así que le dije : “No me parece mal que los demás aprendan, sólo quiero que me enseñes más cosas de las que sé...” y aviso a navegantes nunca le llevéis la contraria a una profesora que no quiere trabajar por que el resultado  será catastrófico. Después de esto, y recordando que tenía nueve años decidí por miedo a las frases de la profesora contarle lo ocurrido a mis padres. Las primeras reacciones eran las que se podían esperar: No digas tonterías, tú estás aprendiendo mucho,.. pero después de una investigación exhaustiva a mis dibujos de los dos últimos meses.. decidieron ir a hablar con la profesora. Me acuerdo que mientras tenían la reunión me había quedado jugando en el patio, no paraba de pensar que estarían hablando tanto tiempo. Cuando vi salir a mi padre y a mi madre con esa cara, pensé en esa frase dicha más de una vez en algún momento de tú vida y que dice algo así como: “Trágame tierra”. Durante todo el camino en coche estuvieron callados, después de llegar a casa mis padres me dijeron: La profesora nos dijo que eras una alumna excelente, que siempre hacías lo que te mandaban (que pena, que nunca más me dijeran esta frase) y que eras muy educada. Después de escuchar esto yo  no daba crédito a nada y les volví a repetir que no me enseñaba nada nuevo, a lo que ellos me respondieron que no tuviera prisa que ya aprendería...y así prosiguió mi tercero eterno. Pero si tuviera que destacar algo positivo del sistema escolar español, sería la  organización del tiempo que para mi representan un equilibrio perfecto. Era consciente de que aquello tenía que terminarse en un año y por fin, entre lloros y aplausos llegó cuarto. En cuarto de primaria pasé de tener uno  solo profesor a cuatro. La tutora era la profesora de educación física (y no gimnasia) llamada Maria del Carmen. Era una  mujer infeliz que no había echo la carrera para trabajar con niños y eso se notaba. Durante todo ese año me cansé de hacer copias por llamar a su asignatura gimnasia y no educación física, pero la verdad es que a día de hoy no encuentro la diferencia o mejor dicho no la quiero encontrar. Esa profesora nos tenía la mitad de la clase corriendo y la otra mitad saltando, acaso eso no es gimnasia. Yo soy de la generación en la que los profesores de educación física quisieron parar de ser el pito del sereno y se pasó de práctica a teoría en sólo  dos años. Como os he contado las clases de Maria del Carmen eran todo práctica, pero en primero de la eso  todo cambió con Rosa sólo teníamos teoría. Lo malo que tienen estos cambios en educación es que necesitan un proceso de asimilación y los alumnos no siempre teníamos el tiempo necesario para asimilarlo. También tenía otros profesores como Manolo (que daba inglés), Pilar (que daba gallego) y la Profesora Luisa que se ocupa del resto. La Profesora Luisa era una mujer que se salía de los estereotipos, pero buena profesora, ella fue mi tutora en quinto de primaria. En quinto nos sentábamos de dos en dos.

Siempre empezaba las clases con una frase trampa o en lenguaje técnico una situación  de  conflicto, solía dejarnos con la incertidumbre pero cuando veía que las masa nos empezábamos a alterar, hacia explosión pero su efecto no era catastrofista sino  todo lo contrario, era una  cascada de información constante. Ella se pasaba clases y clases contando dilemas y sus posibles respuestas, dejando un campo abierto a la interpretación y a la opinión personal. Parece mentira que fuera ella la que te enseñe a ser crítica con todo el mundo, pero en parte, en gran parte se lo debo a ella. La profesora que tenía que me enseñaba gallego, lo explicaba de una manera sencilla y natural. Tal vez, con pocos recursos didácticos, pero suficientes para  mi aprendizaje. No vivía para la educación, sino que vivía de la educación y ese es  el gran papel diferencial  que tenía con la Profesora Luisa. Luisa lo daba todo por que un niño aprendiera algo, cualquier detalle era gratificante para ella.

El curso terminó y llegó sexto de primaria. La mayoría de los profesores seguían siendo los mismos y los nuevos  no me marcaron tanto como  yo deseaba. Fue un  año  fácil para mi desde el punto  de vista escolar, era el repaso de los repasos. Había escogido francés de optativa y recuerdo que fue una de las mayores ilusiones del curso fue estudiar lo que  realmente quería estudiar era un sentimiento  de satisfacción enorme. La  profesora no era  una buenísima pero quién lo es, hay una línea demasiado fina entre lo políticamente bueno y lo políticamente malo. Fue el  año de las celebraciones, de la ilusión por el gran cambio, de la pandilla de amigos, de las fiestas de pijamas (que brillaron por su ausencia) y de un  sin fin de  actos sociales más.

Comenzamos primero de la ESO Las aulas eran bastante grandes ya que éramos un grupo entre 35-40 alumnos, pero  nos sentábamos de dos en dos,  formando filas. Las clases empezaban a las 9:30 hasta las2:00, a media mañana 11:00 teníamos el recreo de media hora que solía ser en un patio que tenía una parte cerrada por si llovía, también teníamos un gimnasio por si no llegaba el sitio para taparnos.

Había clases extraescolares no tantas como ahora, actividades fuera del horario escolar, había campeonatos de fútbol o de baloncesto con otros colegios y también clases de teatro, baile gallego, y un día a la semana quien quería iba a la piscina de un polideportivo cercano en un autobús puesto por el A.P.A del colegio.

También teníamos comedor escolar obligatorio, primero comían los más pequeños y después los mayores. Los  alumnos de primero y segundo de bachillerato ayudaban a controlar que los primero y segundo de la ESO no hicieran gamberradas, dándonos así responsabilidad.

En primero de la Eso mi  tutor fue Primitivo. Este era un hombre tranquilo amante de las plantas y los animales, y con mucho sentido del humor.

La verdad es que daba las clases de una manera especial, no sé,  te envolvía en esa espiral de buen rollito y te hacía que  tuvieras ganas de aprender. No sé, te contagiaba intriga era algo que a día de hoy aún no entiendo como lo hacía. Las clases de naturales y matemáticas que eran las que nos daba él se pasaban en un plis plas, como por arte de magia y mira que es difícil que a alguien le guste una asignatura a la que nunca le ha cogido cariño, pero para él eso no era un reto. Me acuerdo que explicaba las matemáticas como algo tan obvio que era difícil que no te gustara. Explicaba que estaban en todos lados, que eran un código de nuestra sociedad y que si lo analizabas fríamente era imposible que algo que hacías día a día y no lo hacías mal, después cuando llegaras a clase no lo entendieras…En fin, muchas veces sus palabras no eran entendidas por nosotros, pero sólo necesitaba un guiño de ojos para que eso nos relajara. En este curso tuve muchos profesores buenísimos, pero miento si no digo que todos eran eclipsados por Primitivo. Estaba también Tareixa, que daba lengua castellana  y  que también era muy dulce. Por otro lado, estaba la profesora de gallego que no me acuerdo del nombre y que la verdad no me gustaba por que las clases con ella no las daba en el idioma que las tenía que dar y eso a mi me molestaba. Tal vez, por que era un colegio privado y su filosofía era tirar hacia lo internacional dejando de lado o prestando menos importancia a las costumbres e idioma del lugar donde vivíamos. Mis padres sabían que este era el hándicap de ese colegio, pero dado  que el colegio no es más que un montón de gente con una ideología en común semi-compartida, no se podía pedir más. Hablando claro que durante el curso de primero, segundo y tercero de la ESO el gallego fue un idioma del que no tengo constancia alguna y que durante prácticamente toda mi vida escolar no utilice ni tan siquiera en la propia asignatura. La verdad es que esto a lo largo de mi vida no sólo escolar, si no durante toda mi vida me marcó muchísimo supongo que siento la necesidad de cubrir ese hueco que de alguna manera no me dejaron llenar.  Supongo que por este motivo, soy tan enérgica al defender el gallego y no entiendo el pasotismo  general que se da entre los jóvenes. La verdad es que de este curso guardo muchas anécdotas interesantes, que me hicieron ver que la diferencia entre pequeños y mayores no es tal diferencia, y que un año no cambia nada. El niño es un niño y lo será hasta que este decida no serlo, en el fondo te pase lo que te pase nadie te lo puede arrebatar.

Durante todo este mini-diario que estoy haciendo me doy cuenta de no estoy incluyendo hechos de mi vida personal que influyeron decisivamente en mi educación pero es que todo no se puede contar…. Por que….Algunos recuerdos se quedan encerrados entre la línea de la realidad y del sueño, otros enterrados debajo de una lápida que pone sellado (por favor no desenterrar) y otros flotan como el aceite hace sobre el agua,  rozando pero sin profundizar.

Dada esta explicación comienzo a describir mi segundo de la ESO, un segundo de la ESO que como decía antes  lleva la advertencia de enterrados debajo de una lápida que pone sellado ( por favor no desenterrar) y no sé muy bien que puedo decir de este curso. Empezaré comentando que apenas me acuerdo de los nombres de los profesores por que a todos los tratábamos de “profesor” sin más, supongo que la memoria es caprichosa. Referente a las asignaturas supongo que  se daba la misma materia que en otros centros, no era  muy difícil y tampoco había una diferencia exagerada entre primero y segundo. Las clases eran grandes y estábamos sentados de la misma manera que en el curso anterior. Empezamos a utilizar los laboratorios, el local en sí era viejo (se veía que tenía muchos años), pero el material era el más reciente  de nuestra época. Las amistades en su mayoría positivas, pero  bueno con los conflictos típicos de esta edad. Y una vez que ya hemos hablado del material, del profesorado, de las materias, de los compañeros y del edificio en sí no tengo mucho más que añadir.

Desearía que este año hubiera sido de otro modo, pero supongo que lo que ha pasado, pasado está y como decía un gran político estadounidense el pasado no se debe utilizar como un sofá si no como un trampolín. Así que pasemos este bochornoso capítulo para encontrarnos en tercero de la ESO.

En tercero mi tutor fue Paco daba historia y era un hombre de pocas palabras. El daba la asignatura siguiendo las pautas que aparecían en el libro de texto, constaban de una explicación del tema a tratar y después hacer un montón de ejercicios, de los cuales la mayoría no entendíamos pero eso si respondía  a todas las preguntas que hiciesen falta, siempre y cuando estuvieran dentro del libro de respuestas del profesor. Se puede decir que no era un profesor ni correcto ni incorrecto, era lo que se llama hoy en día un profesor de  librillo. Llegaba, daba la clase, ponía ejercicios, corregía y  se marchaba. La definición correcta sería metodológico y sistemático. Con el aprendí a hacer bien los esquemas, pues antes tendía a poner demasiada información y a hacer resúmenes correctamente. En este curso tenía otros profesores como el padre Teodoro con  el cual aprendías muchas cosas el era la parte humana de Paco y la verdad es que lo recuerdo con mucho cariño. Me acuerdo que había sacado muy buena nota en su asignatura francés, por que este idioma lo daba desde primaria y además aprendí mil cosas más trucos que nadie me había enseñado para que la asignatura me fuera más fácil todavía. Recuerdo que el organizó un viaje  a Francia para poner en práctica lo aprendido y para aprender  como se habla realmente que según el era muy diferente. Al terminar la clase y oírnos nuestra jerga siempre decía que la lengua estaba siempre en  movimiento y que todo, absolutamente todo la enriquecía. Así que si alguna vez nos reñían por nuestra forma de expresarnos estaban equivocados. Era un cura fuera de lo usual, marcaba diferencia entre él y el resto, pero sobre todo era un buen profesional. La verdad es que al estar escribiendo esto, me doy cuenta de que no me importaría para nada volverlo a vez.

En cuarto de la ESO me fui a Estados Unidos por problemas de salud, mas concretamente a Houston en el estado de Texas, a finales de tercero de la ESO y cuando volví a España para realizar cuarto no tenía plaza en el centro en el que había estudiado hasta ahora y entonces me fui al instituto público, allí las cosas eran más diferentes de lo que yo me imaginaba. Lo que más me llamaba la atención era el poco respeto al profesora, no entendía como pasaba esto y la profesora no hacía nada. Eso y todas las demás diferencias que fui encontrando marcaron el descubrimiento de un nuevo mundo. Como aspecto positivo, la libertad de expresión, la autonomía y el profesorado (en su mayoría) lo que más destacaría. Como aspectos negativos, el cachondeo, la falta de educación, el nivel escolar, y los conflictos entre los diferentes miembros del sistema escolar. Este no fue un año que llame la atención por los estudios, si no por el aprendizaje de todo lo que existía y yo no me había dado cuenta. De todo ese mundo paralelo que se escondía detrás de una cortina de humo, pero que existía. Año de adaptación, asimilación y negación de las cosas que no quería aceptar como mías.

Mi tutora se llamaba Berta era una mujer de cuarenta y tantos años, que siempre había trabajado el aldeas y que ahora le habían destinado a una gran ciudad. Creo que la pobre, aunque muy buena profesional, estaba casi tan descolocada como yo. Ella decía que estaba acostumbrado a chicos más pequeños, a un lugar más familiar, a….y su comportamiento no ayudaba mucho a que no hubiera conflictos en clase, pero no hay que negarle que la historia la sabía como nadie y era capaz de transmitirla con exagerada ilusión. Para cada asignatura teníamos un profesor y otra variante es que podíamos escoger optativas. Recuerdo que yo elegí física y  química, y informática, unas optativas que pocas niñas habían elegido. La clase descendió de número considerablemente si la  comparamos con el principio de curso, esto se debía a que muchos chavales dejaban los estudios por falta de interés, llamadas de atención, conducta inadecuada, por motivos económicos y un sinfín de cosas más. A principio de curso éramos 28 y a finales 19, supongo que un descenso considerable ¿no?. De esas 19 sólo 4 chicas, el machismo y los chistes graciosos del aula no hace falta que lo explique, lo doy por sabidos, muy a mi pesar.

Las asignaturas en general no tenían un nivel alto con lo cual no tenía problemas, y del resto de los profesores que no ha hablado destacaría a Elisa Fondo profesora de gallego por que me hacía feliz que  se esmerara tanto por algo que a mi me habían enseñado a despreciar. Y también se merece una mención  especial mi profesor de matemáticas Lete, al que siempre tendré gran admiración, luchaba por los derechos de las mujeres más que ellas mismas, entregado a su vida como profesor y sobre todo muy buena persona. Se preocupaba por ti no sólo en el ámbito de la enseñanza y eso se agradecía. Su dedicación era sin lugar a dudas ejemplar. Con un buenos días empezaba su clase y era imposible no apreciar su gran sonrisa. Ente el profesorado era muy querido, y aunque había sido seleccionado varias veces para ser jefe de estudio el siempre rechazó este puesto. El motivo de este acto, según él, era que su función en la escuela era muy diferente y que no quería cambiarla.

Podíamos decir que los recuerdos que guardo de 4º son agridulces, recuerdo…, el olor de la biblioteca vieja, la sensación de estar en un sitio equivocado, la música de la pelea, el fácil alcance a mundos peligrosos (alcohol y drogas), y la sonrisa fingida que parecía pegada con celo a las orejas.

Aprobadas todas las asignaturas de ESO pasamos a 1º de Bachillerato. En 1º mi tutor fue Andrés, mi profesor de filosofía. Este año aprendí que aun profesor no solo se le podía llamar profesor o maestro, ni pepito…, Sino que se le llamaba por los motes, a mi profesora de historia le llamaban la pestru, diminutivo claro de pestrucha, y mi tutor era Manu, a pesar de llamarse Andrés, dado su parecido al cantante Manu Tenorio, del programa Operación Triunfo, y por último el mote de mi profesora Elisa, la elf, y esto era porque era muy bajita y esto en inglés significa bajita (Elfo). Si me preguntan el motivo por el que estos profesores tenían apodo, no lo sé, porque la profesora de gallego no era una persona que llamará la atención por su mal genio, ni por su conducta inadecuada, ni tan siquiera porque explicará mal, al igual que Andrés y Dolores, porque ellos tenían apodo y sus compañeros no, siempre será un enigma. 1º de bachillerato seguía siendo un curso conflictivo, pero no tanto debido a que 4º era “el curso colador”, y digo esto porque todos los que” no servían para estudiar”, comenzaban un fp medio para poder trabajar, empezaban a trabajar directamente, o se quedaban durmiendo en sus casas hasta que sus padres se cansaban y les daban un ultimátum, “o trabajas o te vas de casa”. Aún así el eco de las peleas de 4º estaba presente. Este fue un año que destacó por su timidez y su falta de acontecimientos importantes.

En 2º de bachillerato las cosas cambiaron, vino gente rebotada de otros centros, había una cantidad importante de repetidores y se respiraba un ambiente tenso debido a la selectividad. Se supone que estamos en el último curso de nuestro sistema escolar, se supone que la gente que estábamos allí estábamos porque queríamos y no porque nadie nos lo había impuesto, se supone que teníamos motivación, se supone que teníamos las ideas claras sobre nuestro futuro…, pero es que se suponen tantas cosas. Muchos niños y muy pocos adultos había en clase. La mayoría estaba haciendo este curso por la imposición de los padres sin haberse planteado que hacer después, y yo creo que este es uno de los problemas fundamentales, la falta de vocación o motivación. ¿Cómo una persona que está a punto de trabajar en algo que le va a ocupar el resto de su vida, no lo tiene claro todavía?, ¿Acaso esto no merece una mínima reflexión?, es algo que no he entendido en su momento y no lograré entender nunca.

Por lo demás mi segundo de bachillerato fue un año sin complicaciones, en general las asignaturas no me costaron mucho y las notas las saque bien. De los profesores, de muchos guardo un buen recuerdo, y del personal del centro también, sobre todo de la señora Ana de la limpieza que incluso a veces estaba más cerca que algún profesor. Durante todo este tiempo eché en falta el cariño del colegio donde siempre había estudiado, y algunas caras conocidas. Pero en la vida supongo que la mis importante es saberte adaptar y eso fue lo que hice yo. Otro de los momentos que creo que merecen ser mencionados , fue cuando me dieron el premio de excelencia académica. Un día difícil de olvidar.

Después hice selectividad, y mi media fue de sobresaliente, por lo tanto pude hacer la carrera que siempre había deseado magisterio en educación infantil. Era algo que quería hacer desde que era pequeña, puedo afirmar que es algo totalmente vocacional.

Al entrar en primero me llevé el gran chasco de mi vida. No me gustaban las asignaturas y lo peor no le veía la relación entre lo que estaba estudiando y mi profesión. Supongo que este hecho me traumatizó aún más por que a diferencia de los demás cursos realizados este lo había escogido yo porque quería. Y tener la sensación de que has hecho una mala elección, le fastidia a cualquiera. Incluso puedo llegar a afirmar que si no  tuviera tan claro que quería ser maestra, hubiera dejado la carrera por falta de …por falta de todo.

Las asignaturas al igual que los profesores no están mal. Lo que a mi realmente me molesta es que los contenidos no se relacionan con lo que un futuro va a ser mi trabajo. ¿Cómo voy a saber que es lo que debo y lo que no debo hacer si aquí no me enseñan ni tan siquiera un guión? . Realmente supongo que tendré que aprenderlo con la práctica y todo lo demás serán factores secundarios.

No voy a seguir redactando las impresiones pasadas intentando evadirme de mis conocimientos sobre pedagogía y didáctica. Pero creo que es necesario, que todos escribamos un diario devolviéndonos al pasado por que así entenderemos algunas decisiones de nuestro presente.  

 

Hay cosas que por muchos años que pasen el tiempo no logra destruir y ahí esta la diferencia entre las cosas que valen y las que no...

Todo empezó cuando tenía cuatro años, mis padres podían elegir la edad de ingreso en el sistema escolar y esa fue su “elección”. Pongo elección entre comillas por que la sociedad actúa de la forma más inesperada la mayoría de las veces, supuestamente tenías ese poder de elección pero la realidad era una cosa muy diferente para los que podían y querían disfrutar de sus hijos el máximo tiempo posible. En los “colegios buenos” (por su puesto me refiero a los privados, con cierto toque superfluo de ironía) las madres y/o padres metían a sus hijos lo antes posible, supuestamente siempre por motivos de trabajo, entonces los pobres locos que deseaban quedarse con sus hijos un año más ya no tenían plaza  por que los que estaban anteriormente tenían prioridad, como es lógico. Esta pequeña introducción creo que refleja muy bien las obligaciones a las que la sociedad te somete, si quieres conseguir un fin determinado. Pero dejando de lado la sociedad volvamos al tema central...

Al entrar en el aula supongo que me llamó la atención los colores y  encontrarme con tanta gente (aunque me llevaban mucho al parque y a algunos ya los conocía), pero como es lógico es mucho suponer por que no guardo ningún recuerdo.

A partir de los seis años ya empiezo a tener recuerdos vagos, el olor de la plastilina  (aunque parezca mentira uno de los mejores recuerdos de educación infantil), las zonas de colores, las suaves manos de la Profesora Amor (que os prometa que se llamaba así pero ojalá se hubiera llamado Paciencia y se le pegara algo de su nombre), y  las carcajadas de los niños cuando íbamos al patio. Para mí en este año  todo cambió no sé si fue porque ya estaba acostumbrada al colegio o porqué cambió la profesora y esta era de otra manera, mucho más cariñosa y atenta a los problemas de los alumnos.

 Aprendí muchas cosas con ella, fue una de las profesoras de las que guardo mayor y mejor recuerdo. Hacíamos muchas manualidades con palillos, cartulinas, ... Aparte de esto también nos enseñó a leer y escribir nuestras primeras palabras y a hacer las primeras sumas, fue un año muy completo. Íbamos al recreo dos veces por la mañana y una por la tarde.

Pero no sólo realizábamos manualidades,  salíamos a ver el campo porque al lado de mí colegio había una extensión de terreno bastante grande. Realmente creo que fue algo emocionante en mi vida por que lo recuerdo con gran añoranza, pero el gran paso decisivo de todo niño de educación infantil es volverse mayor. Iba en primero de primaria, repito primero de primaria ya podía ir en el autobús de los mayores, en el patio de los mayores, en el baño de los mayores, en el horario de los mayores y otras muchas actividades que terminan en  “el de los mayores”, ilusa de mi pensaba  que ya era mayor, y al fin y al cabo es lo que todo los niños pequeños desean ser.  Me había tocado la Profesora Pilar, la cual tenía fama de estricta, pero de  enseñar rápido y mucho. La verdad, es que la diferencia aunque un poco brusca era graciosa con otras que estaban a punto de llegar. Creo que aprendí bastante con ella, era firme y constante o te lo sabías o te reñía y aunque no creo que esa técnica se deba utilizar nunca, conmigo funcionó bien. Aunque el estar siempre nerviosa, por lo que te iban a decir, causaba en mí una sensación difícil de explicar. Además esta profesora era muy religiosa y como algún alumno dijera alguna palabra mal sonante referida a la religión estaba castigado casi todo el curso.

 Después de este año en el que no me quejo de lo que me tocó, pasamos a segundo de primaria mi tutora fue  Profesora Paula. La verdad es que de ella sólo tengo recuerdos bonitos, donde las clases estaban llenas de canciones y donde la frase de aprender jugando no era un mito. Era una profesora que temperamental, joven con ganas de aprender y de darlo todo. Tal  vez, algo inexperta pero con una fuerza de voluntad que superaba todo lo demás. Ella llegaba a clase, pedía voluntarios para que contáramos de qué  iba el libro que leíamos en esa semana y mandaba aplaudir hiciéramos como lo hiciéramos. Puede que no todo fuera perfecto, pero lo que está claro es que motivación no le faltaba. La clase seguía con las diferentes materias a las que siempre le ponía  algo de humor y una canción. Mira si realmente me enseñó cosas esa mujer, que cuando yo sea profesora quiero cantarles esas canciones que animaban a cualquiera y me da igual que me digan que son de la antigua usanza o que tengo que renovar mi formación, por que  hay cosas que por muchos años que pasen el tiempo no logra destruir y ahí esta la diferencia entre las cosas que valen y las que no, y tal vez, con mucha suerte, alguno de mis alumnos piense eso de estas canciones que un día me enseñaron y sus palabras empiecen un ciclo que ya no tenga fin.

Como resumen debo de decir que una profesora muy especial, era muy eficiente, buena, comprensiva y atenta a todas las dificultades de los alumnos, incluso a veces se quedaba con los que iban más atrasados en las materias o que no entendían algo y se lo explicaba fuera del horario escolar.

Después de contar mi idílico segundo de primario, comenzó tercero con una nueva profesora la señorita Ana. Una mujer un tanto peculiar, acostumbrada a vivir en mi humilde opinión de las sobras de los demás, o dicho de otro modo de rentas. Tal vez sea un poco dura con ella, pero como mínimo creo que una profesora le tiene que poner entusiasmo, paciencia, compromiso, también una pizca de coraje porque no... en fin, dedicación a la hora de enseñar y ya con mi edad veía que algo no funcionaba, imaginaros ahora. La señorita Ana nos tenía que enseñar la base de la educación los pilares básicos para que toda la maquinaria funcionara perfectamente, pero...eso no fue así.

Su forma de enseñar seguía una estructura clara y según creían todos razonable. Los niños que no sabían hacer lo dado en los cursos anteriores tenían máxima prioridad, y hasta aquí puede ser comprensible, pero ¿Qué pasa con los niños que sí sabíamos hacer las cosas?. Gracias a esta pregunta empecé a forjar  mi personalidad o a darle un  toque personal a mi carácter. Se que quienes lean esto puede pensar que era demasiado pequeña y que no era consciente, pero si seguís leyendo cambiaréis de opinión.

Dado el aburrimiento al que me encontraba dictatorialmente sometida, decidí romper con la monotonía y decirle a la profesora que estaba  harta de hacer dibujos, que lo que quería era aprender y que me enseñara otras cosas nuevas, (aunque no podría afirmar con veracidad si fui totalmente consciente de mi propósito en todo momento), a lo que la profesora me respondió: “Yesshenia, tú ya sabes hacer esto no seas egoísta déjale a los demás que aprendan”.Como se puede predecir, no me conformé con esa respuesta así que le dije : “No me parece mal que los demás aprendan, sólo quiero que me enseñes más cosas de las que sé...” y aviso a navegantes nunca le llevéis la contraria a una profesora que no quiere trabajar por que el resultado  será catastrófico. Después de esto, y recordando que tenía nueve años decidí por miedo a las frases de la profesora contarle lo ocurrido a mis padres. Las primeras reacciones eran las que se podían esperar: No digas tonterías, tú estás aprendiendo mucho,.. pero después de una investigación exhaustiva a mis dibujos de los dos últimos meses.. decidieron ir a hablar con la profesora. Me acuerdo que mientras tenían la reunión me había quedado jugando en el patio, no paraba de pensar que estarían hablando tanto tiempo. Cuando vi salir a mi padre y a mi madre con esa cara, pensé en esa frase dicha más de una vez en algún momento de tú vida y que dice algo así como: “Trágame tierra”. Durante todo el camino en coche estuvieron callados, después de llegar a casa mis padres me dijeron: La profesora nos dijo que eras una alumna excelente, que siempre hacías lo que te mandaban (que pena, que nunca más me dijeran esta frase) y que eras muy educada. Después de escuchar esto yo  no daba crédito a nada y les volví a repetir que no me enseñaba nada nuevo, a lo que ellos me respondieron que no tuviera prisa que ya aprendería...y así prosiguió mi tercero eterno. Pero si tuviera que destacar algo positivo del sistema escolar español, sería la  organización del tiempo que para mi representan un equilibrio perfecto. Era consciente de que aquello tenía que terminarse en un año y por fin, entre lloros y aplausos llegó cuarto. En cuarto de primaria pasé de tener uno  solo profesor a cuatro. La tutora era la profesora de educación física (y no gimnasia) llamada Maria del Carmen. Era una  mujer infeliz que no había echo la carrera para trabajar con niños y eso se notaba. Durante todo ese año me cansé de hacer copias por llamar a su asignatura gimnasia y no educación física, pero la verdad es que a día de hoy no encuentro la diferencia o mejor dicho no la quiero encontrar. Esa profesora nos tenía la mitad de la clase corriendo y la otra mitad saltando, acaso eso no es gimnasia. Yo soy de la generación en la que los profesores de educación física quisieron parar de ser el pito del sereno y se pasó de práctica a teoría en sólo  dos años. Como os he contado las clases de Maria del Carmen eran todo práctica, pero en primero de la eso  todo cambió con Rosa sólo teníamos teoría. Lo malo que tienen estos cambios en educación es que necesitan un proceso de asimilación y los alumnos no siempre teníamos el tiempo necesario para asimilarlo. También tenía otros profesores como Manolo (que daba inglés), Pilar (que daba gallego) y la Profesora Luisa que se ocupa del resto. La Profesora Luisa era una mujer que se salía de los estereotipos, pero buena profesora, ella fue mi tutora en quinto de primaria. En quinto nos sentábamos de dos en dos.

Siempre empezaba las clases con una frase trampa o en lenguaje técnico una situación  de  conflicto, solía dejarnos con la incertidumbre pero cuando veía que las masa nos empezábamos a alterar, hacia explosión pero su efecto no era catastrofista sino  todo lo contrario, era una  cascada de información constante. Ella se pasaba clases y clases contando dilemas y sus posibles respuestas, dejando un campo abierto a la interpretación y a la opinión personal. Parece mentira que fuera ella la que te enseñe a ser crítica con todo el mundo, pero en parte, en gran parte se lo debo a ella. La profesora que tenía que me enseñaba gallego, lo explicaba de una manera sencilla y natural. Tal vez, con pocos recursos didácticos, pero suficientes para  mi aprendizaje. No vivía para la educación, sino que vivía de la educación y ese es  el gran papel diferencial  que tenía con la Profesora Luisa. Luisa lo daba todo por que un niño aprendiera algo, cualquier detalle era gratificante para ella.

El curso terminó y llegó sexto de primaria. La mayoría de los profesores seguían siendo los mismos y los nuevos  no me marcaron tanto como  yo deseaba. Fue un  año  fácil para mi desde el punto  de vista escolar, era el repaso de los repasos. Había escogido francés de optativa y recuerdo que fue una de las mayores ilusiones del curso fue estudiar lo que  realmente quería estudiar era un sentimiento  de satisfacción enorme. La  profesora no era  una buenísima pero quién lo es, hay una línea demasiado fina entre lo políticamente bueno y lo políticamente malo. Fue el  año de las celebraciones, de la ilusión por el gran cambio, de la pandilla de amigos, de las fiestas de pijamas (que brillaron por su ausencia) y de un  sin fin de  actos sociales más.

Comenzamos primero de la ESO Las aulas eran bastante grandes ya que éramos un grupo entre 35-40 alumnos, pero  nos sentábamos de dos en dos,  formando filas. Las clases empezaban a las 9:30 hasta las2:00, a media mañana 11:00 teníamos el recreo de media hora que solía ser en un patio que tenía una parte cerrada por si llovía, también teníamos un gimnasio por si no llegaba el sitio para taparnos.

Había clases extraescolares no tantas como ahora, actividades fuera del horario escolar, había campeonatos de fútbol o de baloncesto con otros colegios y también clases de teatro, baile gallego, y un día a la semana quien quería iba a la piscina de un polideportivo cercano en un autobús puesto por el A.P.A del colegio.

También teníamos comedor escolar obligatorio, primero comían los más pequeños y después los mayores. Los  alumnos de primero y segundo de bachillerato ayudaban a controlar que los primero y segundo de la ESO no hicieran gamberradas, dándonos así responsabilidad.

En primero de la Eso mi  tutor fue Primitivo. Este era un hombre tranquilo amante de las plantas y los animales, y con mucho sentido del humor.

La verdad es que daba las clases de una manera especial, no sé,  te envolvía en esa espiral de buen rollito y te hacía que  tuvieras ganas de aprender. No sé, te contagiaba intriga era algo que a día de hoy aún no entiendo como lo hacía. Las clases de naturales y matemáticas que eran las que nos daba él se pasaban en un plis plas, como por arte de magia y mira que es difícil que a alguien le guste una asignatura a la que nunca le ha cogido cariño, pero para él eso no era un reto. Me acuerdo que explicaba las matemáticas como algo tan obvio que era difícil que no te gustara. Explicaba que estaban en todos lados, que eran un código de nuestra sociedad y que si lo analizabas fríamente era imposible que algo que hacías día a día y no lo hacías mal, después cuando llegaras a clase no lo entendieras…En fin, muchas veces sus palabras no eran entendidas por nosotros, pero sólo necesitaba un guiño de ojos para que eso nos relajara. En este curso tuve muchos profesores buenísimos, pero miento si no digo que todos eran eclipsados por Primitivo. Estaba también Tareixa, que daba lengua castellana  y  que también era muy dulce. Por otro lado, estaba la profesora de gallego que no me acuerdo del nombre y que la verdad no me gustaba por que las clases con ella no las daba en el idioma que las tenía que dar y eso a mi me molestaba. Tal vez, por que era un colegio privado y su filosofía era tirar hacia lo internacional dejando de lado o prestando menos importancia a las costumbres e idioma del lugar donde vivíamos. Mis padres sabían que este era el hándicap de ese colegio, pero dado  que el colegio no es más que un montón de gente con una ideología en común semi-compartida, no se podía pedir más. Hablando claro que durante el curso de primero, segundo y tercero de la ESO el gallego fue un idioma del que no tengo constancia alguna y que durante prácticamente toda mi vida escolar no utilice ni tan siquiera en la propia asignatura. La verdad es que esto a lo largo de mi vida no sólo escolar, si no durante toda mi vida me marcó muchísimo supongo que siento la necesidad de cubrir ese hueco que de alguna manera no me dejaron llenar.  Supongo que por este motivo, soy tan enérgica al defender el gallego y no entiendo el pasotismo  general que se da entre los jóvenes. La verdad es que de este curso guardo muchas anécdotas interesantes, que me hicieron ver que la diferencia entre pequeños y mayores no es tal diferencia, y que un año no cambia nada. El niño es un niño y lo será hasta que este decida no serlo, en el fondo te pase lo que te pase nadie te lo puede arrebatar.

Durante todo este mini-diario que estoy haciendo me doy cuenta de no estoy incluyendo hechos de mi vida personal que influyeron decisivamente en mi educación pero es que todo no se puede contar…. Por que….Algunos recuerdos se quedan encerrados entre la línea de la realidad y del sueño, otros enterrados debajo de una lápida que pone sellado (por favor no desenterrar) y otros flotan como el aceite hace sobre el agua,  rozando pero sin profundizar.

Dada esta explicación comienzo a describir mi segundo de la ESO, un segundo de la ESO que como decía antes  lleva la advertencia de enterrados debajo de una lápida que pone sellado ( por favor no desenterrar) y no sé muy bien que puedo decir de este curso. Empezaré comentando que apenas me acuerdo de los nombres de los profesores por que a todos los tratábamos de “profesor” sin más, supongo que la memoria es caprichosa. Referente a las asignaturas supongo que  se daba la misma materia que en otros centros, no era  muy difícil y tampoco había una diferencia exagerada entre primero y segundo. Las clases eran grandes y estábamos sentados de la misma manera que en el curso anterior. Empezamos a utilizar los laboratorios, el local en sí era viejo (se veía que tenía muchos años), pero el material era el más reciente  de nuestra época. Las amistades en su mayoría positivas, pero  bueno con los conflictos típicos de esta edad. Y una vez que ya hemos hablado del material, del profesorado, de las materias, de los compañeros y del edificio en sí no tengo mucho más que añadir.

Desearía que este año hubiera sido de otro modo, pero supongo que lo que ha pasado, pasado está y como decía un gran político estadounidense el pasado no se debe utilizar como un sofá si no como un trampolín. Así que pasemos este bochornoso capítulo para encontrarnos en tercero de la ESO.

En tercero mi tutor fue Paco daba historia y era un hombre de pocas palabras. El daba la asignatura siguiendo las pautas que aparecían en el libro de texto, constaban de una explicación del tema a tratar y después hacer un montón de ejercicios, de los cuales la mayoría no entendíamos pero eso si respondía  a todas las preguntas que hiciesen falta, siempre y cuando estuvieran dentro del libro de respuestas del profesor. Se puede decir que no era un profesor ni correcto ni incorrecto, era lo que se llama hoy en día un profesor de  librillo. Llegaba, daba la clase, ponía ejercicios, corregía y  se marchaba. La definición correcta sería metodológico y sistemático. Con el aprendí a hacer bien los esquemas, pues antes tendía a poner demasiada información y a hacer resúmenes correctamente. En este curso tenía otros profesores como el padre Teodoro con  el cual aprendías muchas cosas el era la parte humana de Paco y la verdad es que lo recuerdo con mucho cariño. Me acuerdo que había sacado muy buena nota en su asignatura francés, por que este idioma lo daba desde primaria y además aprendí mil cosas más trucos que nadie me había enseñado para que la asignatura me fuera más fácil todavía. Recuerdo que el organizó un viaje  a Francia para poner en práctica lo aprendido y para aprender  como se habla realmente que según el era muy diferente. Al terminar la clase y oírnos nuestra jerga siempre decía que la lengua estaba siempre en  movimiento y que todo, absolutamente todo la enriquecía. Así que si alguna vez nos reñían por nuestra forma de expresarnos estaban equivocados. Era un cura fuera de lo usual, marcaba diferencia entre él y el resto, pero sobre todo era un buen profesional. La verdad es que al estar escribiendo esto, me doy cuenta de que no me importaría para nada volverlo a vez.

En cuarto de la ESO me fui a Estados Unidos por problemas de salud, mas concretamente a Houston en el estado de Texas, a finales de tercero de la ESO y cuando volví a España para realizar cuarto no tenía plaza en el centro en el que había estudiado hasta ahora y entonces me fui al instituto público, allí las cosas eran más diferentes de lo que yo me imaginaba. Lo que más me llamaba la atención era el poco respeto al profesora, no entendía como pasaba esto y la profesora no hacía nada. Eso y todas las demás diferencias que fui encontrando marcaron el descubrimiento de un nuevo mundo. Como aspecto positivo, la libertad de expresión, la autonomía y el profesorado (en su mayoría) lo que más destacaría. Como aspectos negativos, el cachondeo, la falta de educación, el nivel escolar, y los conflictos entre los diferentes miembros del sistema escolar. Este no fue un año que llame la atención por los estudios, si no por el aprendizaje de todo lo que existía y yo no me había dado cuenta. De todo ese mundo paralelo que se escondía detrás de una cortina de humo, pero que existía. Año de adaptación, asimilación y negación de las cosas que no quería aceptar como mías.

Mi tutora se llamaba Berta era una mujer de cuarenta y tantos años, que siempre había trabajado el aldeas y que ahora le habían destinado a una gran ciudad. Creo que la pobre, aunque muy buena profesional, estaba casi tan descolocada como yo. Ella decía que estaba acostumbrado a chicos más pequeños, a un lugar más familiar, a….y su comportamiento no ayudaba mucho a que no hubiera conflictos en clase, pero no hay que negarle que la historia la sabía como nadie y era capaz de transmitirla con exagerada ilusión. Para cada asignatura teníamos un profesor y otra variante es que podíamos escoger optativas. Recuerdo que yo elegí física y  química, y informática, unas optativas que pocas niñas habían elegido. La clase descendió de número considerablemente si la  comparamos con el principio de curso, esto se debía a que muchos chavales dejaban los estudios por falta de interés, llamadas de atención, conducta inadecuada, por motivos económicos y un sinfín de cosas más. A principio de curso éramos 28 y a finales 19, supongo que un descenso considerable ¿no?. De esas 19 sólo 4 chicas, el machismo y los chistes graciosos del aula no hace falta que lo explique, lo doy por sabidos, muy a mi pesar.

Las asignaturas en general no tenían un nivel alto con lo cual no tenía problemas, y del resto de los profesores que no ha hablado destacaría a Elisa Fondo profesora de gallego por que me hacía feliz que  se esmerara tanto por algo que a mi me habían enseñado a despreciar. Y también se merece una mención  especial mi profesor de matemáticas Lete, al que siempre tendré gran admiración, luchaba por los derechos de las mujeres más que ellas mismas, entregado a su vida como profesor y sobre todo muy buena persona. Se preocupaba por ti no sólo en el ámbito de la enseñanza y eso se agradecía. Su dedicación era sin lugar a dudas ejemplar. Con un buenos días empezaba su clase y era imposible no apreciar su gran sonrisa. Ente el profesorado era muy querido, y aunque había sido seleccionado varias veces para ser jefe de estudio el siempre rechazó este puesto. El motivo de este acto, según él, era que su función en la escuela era muy diferente y que no quería cambiarla.

Podíamos decir que los recuerdos que guardo de 4º son agridulces, recuerdo…, el olor de la biblioteca vieja, la sensación de estar en un sitio equivocado, la música de la pelea, el fácil alcance a mundos peligrosos (alcohol y drogas), y la sonrisa fingida que parecía pegada con celo a las orejas.

Aprobadas todas las asignaturas de ESO pasamos a 1º de Bachillerato. En 1º mi tutor fue Andrés, mi profesor de filosofía. Este año aprendí que aun profesor no solo se le podía llamar profesor o maestro, ni pepito…, Sino que se le llamaba por los motes, a mi profesora de historia le llamaban la pestru, diminutivo claro de pestrucha, y mi tutor era Manu, a pesar de llamarse Andrés, dado su parecido al cantante Manu Tenorio, del programa Operación Triunfo, y por último el mote de mi profesora Elisa, la elf, y esto era porque era muy bajita y esto en inglés significa bajita (Elfo). Si me preguntan el motivo por el que estos profesores tenían apodo, no lo sé, porque la profesora de gallego no era una persona que llamará la atención por su mal genio, ni por su conducta inadecuada, ni tan siquiera porque explicará mal, al igual que Andrés y Dolores, porque ellos tenían apodo y sus compañeros no, siempre será un enigma. 1º de bachillerato seguía siendo un curso conflictivo, pero no tanto debido a que 4º era “el curso colador”, y digo esto porque todos los que” no servían para estudiar”, comenzaban un fp medio para poder trabajar, empezaban a trabajar directamente, o se quedaban durmiendo en sus casas hasta que sus padres se cansaban y les daban un ultimátum, “o trabajas o te vas de casa”. Aún así el eco de las peleas de 4º estaba presente. Este fue un año que destacó por su timidez y su falta de acontecimientos importantes.

En 2º de bachillerato las cosas cambiaron, vino gente rebotada de otros centros, había una cantidad importante de repetidores y se respiraba un ambiente tenso debido a la selectividad. Se supone que estamos en el último curso de nuestro sistema escolar, se supone que la gente que estábamos allí estábamos porque queríamos y no porque nadie nos lo había impuesto, se supone que teníamos motivación, se supone que teníamos las ideas claras sobre nuestro futuro…, pero es que se suponen tantas cosas. Muchos niños y muy pocos adultos había en clase. La mayoría estaba haciendo este curso por la imposición de los padres sin haberse planteado que hacer después, y yo creo que este es uno de los problemas fundamentales, la falta de vocación o motivación. ¿Cómo una persona que está a punto de trabajar en algo que le va a ocupar el resto de su vida, no lo tiene claro todavía?, ¿Acaso esto no merece una mínima reflexión?, es algo que no he entendido en su momento y no lograré entender nunca.

Por lo demás mi segundo de bachillerato fue un año sin complicaciones, en general las asignaturas no me costaron mucho y las notas las saque bien. De los profesores, de muchos guardo un buen recuerdo, y del personal del centro también, sobre todo de la señora Ana de la limpieza que incluso a veces estaba más cerca que algún profesor. Durante todo este tiempo eché en falta el cariño del colegio donde siempre había estudiado, y algunas caras conocidas. Pero en la vida supongo que la mis importante es saberte adaptar y eso fue lo que hice yo. Otro de los momentos que creo que merecen ser mencionados , fue cuando me dieron el premio de excelencia académica. Un día difícil de olvidar.

Después hice selectividad, y mi media fue de sobresaliente, por lo tanto pude hacer la carrera que siempre había deseado magisterio en educación infantil. Era algo que quería hacer desde que era pequeña, puedo afirmar que es algo totalmente vocacional.

Al entrar en primero me llevé el gran chasco de mi vida. No me gustaban las asignaturas y lo peor no le veía la relación entre lo que estaba estudiando y mi profesión. Supongo que este hecho me traumatizó aún más por que a diferencia de los demás cursos realizados este lo había escogido yo porque quería. Y tener la sensación de que has hecho una mala elección, le fastidia a cualquiera. Incluso puedo llegar a afirmar que si no  tuviera tan claro que quería ser maestra, hubiera dejado la carrera por falta de …por falta de todo.

Las asignaturas al igual que los profesores no están mal. Lo que a mi realmente me molesta es que los contenidos no se relacionan con lo que un futuro va a ser mi trabajo. ¿Cómo voy a saber que es lo que debo y lo que no debo hacer si aquí no me enseñan ni tan siquiera un guión? . Realmente supongo que tendré que aprenderlo con la práctica y todo lo demás serán factores secundarios.

No voy a seguir redactando las impresiones pasadas intentando evadirme de mis conocimientos sobre pedagogía y didáctica. Pero creo que es necesario, que todos escribamos un diario devolviéndonos al pasado por que así entenderemos algunas decisiones de nuestro presente. &n