El asesoramiento a centros educativos, una cuestión de saber, poder e identidad.pdf

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  • Ana Fernández Viso

    Tras la lectura del artículo  El asesoramiento a centros educativos, una cuestión de saber, poder e identidad de Jesús Domingo, publicado en la revista: Profesorado, revista de currículum y formación del profesorado en el año 2003, considero necesario realizar una breve reflexión sobre el mismo.

    En primer lugar, el autor reflexiona sobre el origen del asesoramiento y los diversos campos de donde proviene esta práctica, haciendo especial hincapié en que la concepción que actualmente tenemos y desarrollamos en la práctica educativa proviene de la convivencia, solapamiento y competición entre los campos de psicología, desarrollo organizativo, educación especial, orientación y trabajo social; así como que los diversos procesos de innovación y mejora dieron lugar a la concepción actual del asesoramiento.

    Para reforzar esta idea, cito al autor cuando establece que:

    El asesoramiento es una práctica socialmente comprometida (Escudero, en Escudero y Moreno, 1992) y esta capacidad de asumir compromiso y responsabilidad es personal y contextual […] Luego, hay un campo de asesoramiento compuesto por una compleja serie de puentes de enlace y superación de fronteras que pueden aliarse en pro de la innovación y el desarrollo curricular, profesional e institucional”.

    El artículo continua enfatizando en que el asesoramiento se debe a una cuestión de poder, de saber y de ser (identidad).

    En cuanto al asesoramiento como cuestión de poder, hace referencia a la herencia de los modelos de apoyo externo, donde el asesor era un técnico y experto y se relacionaba verticalmente con el profesorado. Actualmente, este poder se refleja como experto facilitador de cambio en colaboración con el profesorado y desde una perspectiva de equilibrio, donde el consenso es la base de las actuaciones.

    El saber del asesor, tradicionalmente hacía referencia a la búsqueda de problemas, prescripción y decisión sobre su actuación e intervención, relegando al profesorado a un segundo plano. En contraposición, Domingo propone que el saber del asesor proviene, principalmente, de un proceso de desarrollo profesional donde se entremezclan saberes históricos, culturales, contextuales y biográficos. Asimismo, defiende la importancia de saber ajustar el conocimiento a cada profesor y centro en función de sus capacidades, necesidades y conocimientos.

    Finalmente, en cuanto a la identidad del asesor, el autor defiende la necesidad de establecer contactos e interrelaciones con profesores y otros asesores, puesto que le obligan a comprender, oír y argumentar, lo que supone aprender y dotarse de una identidad como docente y asesor.

    De este artículo, destaco una nueva concepción triádica del asesor, lo que me ayuda a profundizar en la definición sobre el asesoramiento.