Pequeña Pedagogía de Rozada.

En una de mis entradas he tratado el tema de la “confrontación entre teoría y práctica” señalando aquellos puntos más reflexivos de la misma. Al seguir indagando sobre la temática, me he encontrado con la llamada Pequeña Pedagogía de Rozada, que corresponde a la imagen que en este archivo se presenta.

Para comenzar con la explicación de la imagen, es necesario definir cada uno de los elementos que en ella se plasman, siguiendo las líneas que sienta Rozada (2007):

  • La teoría del segundo orden, es aquella que se caracteriza por aceptar la dispersión y renunciar a la especialización. La teoría o teorías de un profesor deben tomar como nutrientes básicos los saberes académico universitarios, pero no solo en una disciplina, sino en muchas de ellas, dada la complejidad que encierra la actividad práctica de enseñar. Esta teoría renuncia a la investigación y se orienta en dirección a una práctica en la que se está interviniendo como actividad profesional orientada. También asume que los nutrientes teóricos no siempre aportar los saberes clasificadores, sino que a veces pueden plantear contradicciones que complican más que resuelven quehaceres de la práctica.

 

  • La práctica por segundo orden se caracteriza por la reflexión necesaria para tomar conciencia del pensamiento ordinario con el que se dirigen las prácticas de enseñanza, por el distanciamiento crítico de las tradiciones didácticas que configuran los modos de hacer del profesorado en el aula y en el centro implicando disposición para cambiar si es conveniente y no se niega el aula con toda su complejidad pero si se produce un distanciamiento reflexivo. No se define la práctica como un conjunto de actividades que se hacen dentro del aula, sino más bien como problemas que se piensan dentro y fuera de la misma, cuyas respuestas no se materializan siempre.

Por otra lado, la enseñanza teoría y práctica residen en instituciones diferentes que constituyen contextos culturales bien distintos, el académico universitario y el de las escuelas o institutos.

Así, se conocen dos maneras para tratar estas relaciones: por un lado la orientación científico técnica que se basa en la expectativa de dominar y someter a control los quehaceres escolares mediante la aplicación práctica de lo que se hace en la teoría y, por otro lado, la perspectiva interpretativa la que trata de saber acerca de la práctica y de los implicados en ella.

La primera de ellas es un modo inadecuado de establecer las relaciones entre teoría y práctica porque los que llamamos práctica como quienes se ocupan de ella, no se dejan reducir a los términos en los que se ve obligado a haberlo el enfoque de ciencia aplicada. Y la segunda también conlleva a la limitación de que tiende a volver a los sujetos en sí mismos orientándolos muchos más hacia la reflexión que hacia la ilustración.

Esto dio lugar a la llamada Pequeña Pedagogía, la cual se identifica con el desarrollo profesional permanente de un docente en su esfuerzo por relacionar lo que hace y piensa en los procesos de enseñanza-aprendizaje.

La Pequeña Pedagogía se desarrolla mediante la reflexión y acción, haciendo que el profesor desarrolle su trabajo al mismo tiempo que se forma. Es decir, construyendo un intelectual crítico, realizando investigación-acción, reflexionando sistemáticamente sobre la enseñanza, valorando su pensamiento docente… En ella el individuo se ilustra  sobre la educación y racionaliza su práctica, relacionando ambos términos.

Considero que la Pequeña Pedagogía es un una visión interesante ante tal enfrentamiento y equiparación entre la teoría y la práctica, puesto que es necesario avanzar en el reconocimiento de un nivel de teoría que sea distinto al que se lleva a cabo en la  propia institución académica universitaria y de un nivel de práctica distinto al que tiene lugar en la actividad cotidiana del aula.

El docente debe ser un investigador de su propia práctica, lo que le permite reflexionar sobre las acciones pedagógicas y educativas. Y para eso hay que cambiar tanto la forma de hacer las prácticas educativas como de sentar las bases de la teoría, puesto que si observamos la realidad, podemos ver que la transferencia de los aprendizajes académicos hacia la práctica no es correcta, ni tampoco satisfecha por parte de los alumnos. Y por otro lado, algunos  profesores sólo se apoyan en saberes fundamentados por la práctica, dejando al margen los conceptos y la teoría, los cuales también son necesarios.

Esto lleva a que manifestemos nuestro deseo de cambiar tanto la teoría como la práctica, aumentando el número y duración de las segundas así como su organización, pues es necesario guiarlas y evaluarlas bien. Y de igual manera la teoría, que constituye un espacio favorable para el desarrollo profesional del docente.

 

Webgrafía utilizada

http://www.google.es/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&frm=1&source=web&cd=3&ved=0CDsQFjAC&url=http%3A%2F%2Fwww.cepsantander.educantabria.es%2Fcomponent%2Fdocman%2Fdoc_download%2F269-dialogos-de-educacion-rozada&ei=DStQUtWcMIm14ATalYGoAQ&usg=AFQjCNG3qfp4NzlDIlr9X4s6h3z2msBBmQ (Consultada el 6/10/2013)

http://revistas.um.es/educatio/article/viewFile/160871/140871 (Consultada el 7/10/2013)