Navegación

G) Capítulo IV: Primer contacto con una biblioteca terrestre (diálogos sobre la sociedad del conocimiento II)

El transporte se posó lentamente sobre la superficie arrancando de cuajo toda la vegetación que se encontraba al alcance del viento que escupían sus motores. Apostados en el mirador de la cafetería de la sección destinada al personal civil, se escuchaba el crujido de los árboles que, derrotados, se desplomaban al húmedo suelo. Más allá del bosque pelado, se divisaban lo que parecían ser las ruinas de un antiguo asentamiento cubierto de vegetación y claramente desgastado por el paso del tiempo. Entre los edificios que asomaban tímidamente entre la maleza se podían intuir equipos de arqueólogos trabajando por despejar partes del asentamiento y recuperar todos los vestigios posibles de sus habitantes remotos.

Justo después de tomar tierra, nos llegó un mensaje del piloto informado de que habíamos llegado a nuestro destino. La atmosfera exterior era respirable pero debíamos esperar un momento a que nuestra escolta, un equipo militar de élite, asegurase el perímetro.

-       ¿Sabe dónde estamos profesor? –pregunté acercándome al profesor Arthur, el único miembro del equipo que no permanecía en el mirador sino pensativo en la barra de la cafetería.

-       Sus antiguos habitantes llamaban a este asentamiento “Santiago de Compostela” –respondió invitándome a tomar asiento-. El origen del topónimo no está claro pero, aun siendo un asentamiento pequeño, tenía una gran importancia cultural dado que se creía que aquí había sido enterrado uno de los apóstoles de Cristo.

-       ¿Apóstoles? ¿Quiénes eran? –pregunté intrigado.

-       Al parecer eran doce hombres escogidos por Dios encarnado en la Tierra para extender sus enseñanzas –aclaró Arthur.

-       Con razón consideraban importante este lugar –intervine.

-       En cuanto descubrimos documentos hablando de esta ciudad y como gentes de todo el mundo peregrinaban aquí; consideramos que tenía potencial para albergar vestigios de su cultura. Intentamos hacer lo propio buscando Roma, otra ciudad de gran importancia cultural, pero parece que fue totalmente borrada del mapa –dijo en voz baja el profesor.

-       ¿Borrada del mapa? –susurré sorprendido-. No había oído hablar de nada semejante –continué acercando mi silla a la de Arthur.

-       Oficialmente es confidencial y si me preguntan no te he dicho nada, pero ya que estás aquí mereces saberlo. Tenemos pruebas sólidas de que en este planeta existieron grandes ciudades de millones de habitantes.

-       No me sorprendería, dado lo avanzada que llegó a ser su civilización es más que razonable pensar eso. Este es un planeta rico en recursos a pesar de haber albergado una gran civilización. De hecho, seguramente sea ese el verdadero interés que tiene nuestro gobierno en establecer un asentamiento aquí -razoné.

-       Cierto –asintió el profesor- pero lo más extraño es que todas las localizaciones que encontramos de asentamientos importantes están totalmente arrasadas. Ni siquiera han dejado entrar a personal no militar en ellas; pero me han contado fuentes fiables que no queda piedra sobre piedra.

El ruido seco de la rampa de desembarcó de la nave de transporte interrumpió nuestra conversación. Movido por mi curiosidad, me acerqué al mirador donde permanecía el resto del equipo para enterarme de lo que estaba ocurriendo. Una vez allí puede ver un grupo de asalto militar desplegándose alrededor del claro creado por nuestra llegada. Acto seguido, dos enormes camiones oruga comenzaron a recorrer la rampa parándose justo antes de llegar a su final y, pasados unos segundos, bajaron para colocarse a ambos lados de la aeronave.

-       Puede estar seguro de que se toman muy en serio su trabajo, hijo –me comentó Elisabeth quien llevaba unos segundos a mis espaldas.

-       Ya lo creo –respondí mientras miraba fijamente el despliegue de las tropas de asalto-. Verlos tiene cierto atractivo inquietante ¿no cree? –pensé en alto.

Justo después se nos concedió autorización para descender y nos subimos en una de las orugas; una mole inmensa con seis grandes ruedas preparadas para derribar o superar cualquier obstáculo a su paso, ya fuese pétreo o biológico. Delante de nosotros, en el otro camión, parte del equipo de asalto abría un camino por el bosque mientras que, detrás, un par de aeronaves ligeras les cubrían desde el cielo trazando círculos. Tras media hora de trayecto, que transcurrió tranquilamente con la tripulación centrada en el paisaje, llegamos a una loma con grandes estructuras pétreas. Entre ellas, se podía ver una gran abertura que parecía ser la entrada a algún tipo de túnel subterráneo.

-       Este es nuestro primer destino, queridos colegas –dijo Tom.

-       ¿Qué es? –pregunté en alto.

-       No estamos seguros del uso que le daban pero parece una especie de bunker de piedra y hormigón.

-       ¿Un búnker? ¿¡Y qué se supone que hacemos nosotros en un sitio como ese!? –exclamé perplejo.

-       Estamos aquí porque hemos encontrado una placa identificándola como “Ciudad de la Cultura” y, además, alberga la biblioteca más intacta que hemos encontrado hasta ahora, la “Biblioteca de Galicia”.

-       Parecen dos buenas razones –respondí justo antes de que se abriese la compuerta del transporte oruga y bajásemos todos.

Aquel lugar era increíble, tenía enormes estructuras de piedra con túneles subterráneos que parecían pensados para el tránsito de grandes vehículos. En su interior, había grandes espacios con lo que parecían puestos de trabajo y salas con amplios techos, todos ellos de piedra recubierta de vegetación. En uno de estos grandes espacios se encontraba la biblioteca, formada por decenas de hileras de estanterías medio enterradas y mobiliario diverso diseminado por el suelo por el que ahora crecían a sus anchas los arbustos.

Cuando llegamos al centro de la biblioteca Arthur, como coordinador del equipo, nos remitió mentalmente sendos mapas de la biblioteca con las ubicaciones que quería que comprobásemos cada uno de nosotros de acuerdo con nuestras respectivas especialidades. En mi caso, por motivos obvios, me toco revisar la misma sección que el propio Arthur.

Los primeros 30 minutos de exploración fueron enormemente frustrantes, la mayor parte de los libros que encontrábamos o estaban demasiado dañados, y se catalogaban para ser recuperados, o estaban escritos en una lengua desconocida para nosotros pero que recordaba sobremanera al castellano (una lengua que Tom identificó como “gallego” y que según él guardaba algún tipo de parentesco con el “castellano”). Sin embargo, cuando me senté a descansar en una piedra, me pareció ver algo entre la vegetación del suelo. Parecía una bolsa de tela a punto de desintegrarse de entre la cual sobresalían unas hojas plastificadas en bastante buen estado. El título que aparecía en la primera página era el siguiente:

Encabezado del documento hallado por Talon en una bolsa en la Biblioteca de Galicia

Encabezado del documento hallado por Talon en una bolsa en la Biblioteca de Galicia

En ese breve texto de seis páginas escritas en inglés [1] el autor, un tal Marc Prensky del que no había oído hablar nunca, definía una serie de conceptos relacionados con el acceso a la sociedad del conocimiento. La fortuna parecía sonreírme después de todo. En concreto el autor hablaba de la existencia de “nativos digitales” e “inmigrantes digitales,siendo los nativos los que nacieron en la era digital mientras que los inmigrantes pertenecerían a generaciones que se han acercado posteriormente a la misma. Adicionalmente, profundizaba en las características que a su entender definían a un nativo digital: trabajo paralelo y multitarea, preferencia por los medios multimedia, acostumbrados a trabajar en red, preferencia por los juegos

Al terminar el texto compartí telepáticamente mis hallazgos con el resto del equipo y se inició un debate a través de la “consciencia colectiva” que nos mantenía permanentemente conectados:

-       ¿Qué os parece este hallazgo? Interesante, ¿no? –comencé comentando.

-       Muy interesante, no había oído hablar de esta autor –dijo Arthur-. ¿Cómo lo encontraste?

-       Estaba dentro de una bolsa de tela, debajo de una estantería. Creo que al estar plastificado se conservó extraordinariamente bien –respondí.

-       Eso parece –intervino Elisabeth- normalmente los libros impresos en pastas vegetales que encontramos están en penosas condiciones por las inclemencias y el paso del tiempo, has tenido mucha suerte querido.

-       ¿Qué os parece su visión de la relación de los individuos con la sociedad del conocimiento? ¿Demasiado generacional no? –interrogué al grupo sondeando su postura.

-       Estoy de acuerdo, puedo entender a qué se refiere el autor –respondió el profesor Arthur-, es lo que comentábamos antes referente a como los aspectos generacionales inciden en la brecha digital pero reducirlo tanto a esa dimensión parece excesivamente simplista, con todos mis respetos.

-       Coincido totalmente –afirmó Elisabeth-. Personalmente, soy partidaria de una visión más funcional en línea con la que defienden otros autores terrestres como Sue Bennett [2]. En todo caso, existen otros muchos autores conocidos que se expresan desde posturas similares a las de Marc Prensky como la generación X de Douglas Coupland [6] o las generaciones definidas por avances en las TIC de Jerome Tapscott [5].

-       Desconocía que hubiese autores que expresasen posturas similares a la de este escrito, puede que no sea un hallazgo tan importante después de todo –lamenté después de mi emoción inicial-. Por cierto, ¿a qué te refieres con posturas más funcionales? –pregunté abiertamente a Elisabeth.

-       Creo que las perspectivas eminentemente generacionales no se sustentaban en realidades tangibles –respondió-. Hemos tenido acceso a fuentes documentales que indican como las TIC y la sociedad del conocimiento se extendieron rápidamente en el transcurso de años o décadas. Es cierto que persistía la brecha digital, pero parece que personas de todas las edades se embarcaron de lleno en ese nuevo espacio. Además, a mi modo de verlo, la diferencia realmente relevante es el rol que tomas a la hora de participar de ese espacio y no necesariamente la correlación temporal que guarda con tu generación.

-       Ahora que lo comentas, el texto está lleno de anotaciones manuscritas. Parece que la persona que lo tenía opinaba algo similar a usted Elisabeth. Tiene una nota al pie que dice “Sue Bennett: aproximación funcional” y al lado pone “ciudadanías digitales” –comenté analizando con más detalle el texto -. Además hay una infografía. No hay duda, la persona que estaba leyendo estableció las siguientes categorías en base al comportamiento que pueden asumir los ciudadanos en la sociedad del conocimiento:

  • Creadores activos que crean y comparten conocimiento.
  • Difusores pasivos que acceden, analizan y comparten conocimiento pero no llegan a crearlo.
  • Espectadores, que tan sólo acceden a los contenidos que crean otros sin crear los suyos propios o partir lo que encuentran.
  • Los extranjeros (representados, o paradoja, por un extraterrestre) que son los ciudadanos que se mantienen alejados de la sociedad del conocimiento debido a la brecha digital y nunca han participado de ella por uno u otro motivo.
  • Finalmente, los exiliados, como personas que han llegado a participar de la sociedad del conocimiento pero se encuentran actualmente aislados por motivos diversos como puede ser la pérdida de poder adquisitivo.

En todo caso, supongo que al ser patrones de comportamiento una misma persona presentaría varios diferentes y el más avanzado que tome de forma regular sería en el que se categorizaría.

Infografía: La ciudadanía digital

Infografía anexa al documento encontrado que representa categorizaciones respecto a la ciudadanía digital. Los espectadores y difusores serían patrones más propios de la sociedad de la información siendo el creador el realmente representativo de la sociedad del conocimiento (elaboración propia).

-       Parece lo más razonable sin duda –apuntó Arthur.

-       Vaya, después de este repaso creo que me queda mucho más clara la relación que mantenían las personas de este planeta respecto de la sociedad del conocimiento –comenté resumiendo el debate-. Complementa muy bien los conceptos que habíamos discuto sobre la brecha digital. Hablando de brecha digital, ¿cómo creéis que se podría reducir la brecha digital en aquella época?

-       Como comenté brevemente en nuestra conversación sobre las sociedades del conocimiento y de la información –intervino de nuevo Arthur- existían diferentes iniciativas impulsadas por los gobiernos de la Tierra que, básicamente, consistían en extender redes de comunicaciones que servían de soporte a la sociedad del conocimiento y formar a diferentes colectivos en su uso.

-       De ese modo se focalizaban tanto en la parte “física” de acceso como en la funcional de uso ¿no? –dije intentando clarificar mi interpretación.

-       Eso mismo –respondió Arthur-. Adicionalmente, existían proyectos dirigidos por empresas privadas para generalizar el acceso y uso de Internet, la punta de lanza de la sociedad del conocimiento [7][8][9][10].

-       ¿Empresas privadas? –dije no sin cierto asombro.

-       Si, empresas privadas del sector tecnológico que tenían interés en que accediese toda la ciudadanía a la sociedad del conocimiento –continuó Arthur-. Puede que sus motivaciones pareciesen egoístas pero en último término contribuyeron a luchar contra la brecha digital y ¿acaso no puede beneficiarse mutuamente todo el mundo? Sin embargo, algunos gobiernos de la Tierra parecían especialmente decepcionados por cómo estaba yendo la integración de las TIC y la sociedad del conocimiento en los procesos de enseñanza-aprendizaje.

-       ¿Y eso? –preguntó Emma.

-       Al parecer, en algunos países los jóvenes empleaban cotidianamente las TIC y habitaban los espacios propios de la sociedad del conocimiento pero no se manejaban plenamente en ellos –aclaró el profesor Arthur.

-       Seguramente fuese debido a que mantenían los mismos paradigmas educativos que en las épocas anteriores al surgimiento de la sociedad del conocimiento –replicó Emma-. Las transiciones tienen esos problemas, lleva cierto tiempo adaptarse a un cambio de ese calado.

En ese momento nuestra conversación mental, que apenas se extendió durante unos pocos segundos gracias al intercambio directo de pensamientos, se vio interrumpida por un mensaje urgente. La atmósfera en torno a la biblioteca se estaba volviendo nociva, incluso para nuestros trajes de soporte vital por lo que los activamos, tomamos todo el material que pudimos, y nos reunimos con nuestra escolta en la salida de las instalaciones.

-       ¡Tenemos que evacuar esta zona! –exclamó un miembro del grupo de asalto.

-       ¿Por qué motivo? –pregunté.

-       No le incumbe –respondió secamente uno de sus compañeros-. Limítese a cumplir con lo que se le ordena y suba al camión oruga, trabajamos para garantizar su seguridad, colaboren por favor.

-       Siga el protocolo y no haga más preguntas de las necesarias –me dijo Arthur en voz baja-. Ellos se mantiene con vida y nos mantiene vivos gracias a que siguen las normas y las órdenes a rajatabla, le recomiendo que tenga mano izquierda con los militares o tendrá problemas.

Asentí y me dispuse a subir al transporte junto con el resto del equipo mientras nos escoltaba la mitad del grupo de asalto. Una vez subimos todos, nuestra escolta se quedó en la entrada de la rampa de carga mientras sus compañeros comprobaban el perímetro desde el segundo oruga con el apoyo de los vehículos aéreos. Pasados unos minutos, ambos transportes reanudaron su marcha colina abajo dejando a la “Ciudad de la Cultura” envuelta en una extraña neblina grisácea que parecía emerger de la nada.

Entradas relacionadas con este capítulo

Ciudadanías digitales

El papel de los proveedores de servicios en la generalización del acceso a Internet

 

Referencias bibliográficas

[1] Prensky, M. (2001). Digital natives, digital immigrants part 1. On the horizon,9(5), 1-6.

http://www.marcprensky.com/writing/Prensky%20-%20Digital%20Natives,%20Digital%20Immigrants%20-%20Part1.pdf

[2] Bennett, S., Maton, K., & Kervin, L. (2008). The ‘digital natives’ debate: A critical review of the evidence. British journal of educational technology, 39(5), 775-786.

http://www.pgce.soton.ac.uk/ict/NewPGCE/PDFs/Digital%20Natives%20Debate%20Critical%20review%20of%20evidence.pdf

[3] Palfrey, J. G., & Gasser, U. (2013). Born digital: Understanding the first generation of digital natives. Basic Books.

http://books.google.es/books?hl=es&lr=&id=LlFNT1ER4scC&oi=fnd&pg=PR7&dq=Palfrey,+J.+G.,+%26+Gasser,+U.+(2013).+Born+digital:+Understanding+the+first+generation+of+digital+natives.+Basic+Books.&ots=XFLphYkXH4&sig=a9v55SFWO5gKQWj7z4u1CdcJV-g#v=onepage&q&f=false

[4] Barrio, F. G., Medina, J. F. D., Arroyo, R. G., & García, F. G. (2010). Una taxonomía del término “nativo digital”. Nuevas formas de relación y comunicación.

http://www.researchgate.net/publication/228701744_UNA_TAXONOMA_DEL_TRMINO_NATIVO_DIGITAL._NUEVAS_FORMAS_DE_RELACIN_Y_DE_COMUNICACIN/file/d912f507571ef48d04.pdf

[5] Tapscott, D. (2008). Grown up digital: How the net generation is changing your world HC. McGraw-Hill.

http://www.osra.org/itlpj/sheets.pdf

[6] Coupland, D. (1991). Generation X. New York: St.

http://es.scribd.com/doc/4838102/Douglas-Coupland-Generation-X

[7] Google Fiber (https://fiber.google.com/about/)

[8] Internet.org (http://internet.org/)

[9] Project Link (http://www.google.com/get/projectlink/)

[10] Project Loon (http://www.google.com/loon/)