Silvia Alvarez Otero

Observadora, intuitiva, temperamental, impulsiva, en ocasiones más emocional que racional, activa, sincera (a veces demasiado), alegre, optimista, habladora... Dicen que incluso gusto de las discusiones...

8. Conclusiones: Cierre del Collar.

8. Conclusiones: Cierre del Collar.

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CONCLUSIONES: CIERRE PROVISIONAL DEL COLLAR

Comienza el final de este proceso de construcción.  Entradas todas las bolas en la tanza y ordenadas en función de sus colores, formas y texturas para hacerlas cuadrar de forma estética y no distorsionada, creo que se puede comenzar a elaborar el cierre de este collar para poder lucirlo. Quisiera recalcar que este es un cierre provisional, pues como he dicho en mi autoevaluación aquí se cierra el portafolios como tal, se cierra el collar para que todas las bolas que he ido elaborando queden sujetas, pero la construcción de mi aprendizaje en torno al asesoramiento sigue quedando abierta, pues todavía queda mucho por descubrir y por construir.

Cada uno de los temas abordados en este portafolios considero que están contextualizados y que se puede apreciar una base sólida para seguir asentando conocimientos, pero indudablemente podrían incluirse y abordarse muchos más. Queda mucha información y mucha bibliografía por manejar, aunque tampoco se recogen como tal todas las referencias de las que se ha echado mano en algún momento. Quiero decir con esto, que a partir de las evidencias aquí plasmadas podemos seguir avanzando y documentándonos. Ahora sé el camino a tomar y por donde dirigirlo.

En cuanto a la conceptualización del asesoramiento, creo que hemos sentado una base sólida en cuanto a su definición así como a su identificación y su diferenciación con la orientación, bagaje plasmado en el bloque I. Hemos podido profundizar en el asesoramiento, este gran paraguas conceptual que incluye en su definición múltiples ámbitos y funciones determinadas en base a cada uno de ellos. Pero el que nos interesa a nosotros es el asesor/a a centros educativos, bien sea, interno o externo al centro.

Ahora sabemos que el asesoramiento no está enfrentado a la orientación, si no que ambos están en constante sintonía si nos situamos en la perspectiva del asesor/a interno, el orientador/a de centros educativos. Perspectiva predominante a lo largo de esta materia y de este portafolios. Pues el orientador de centros educativos, como asesor interno, realiza una labor de guía con los docentes, de consejo, de consulta, de orientación y de asesoramiento, para que estos puedan intervenir con sus alumnos, proviniendo la demanda del orientador o del docente, movida por la atención al alumnado. Se trata de la relación triádica a la que hacíamos alusión anteriormente. Del mismo modo, ésta relación no excluye que el orientador/a, como asesor/a interno/a en centros educativos, si fuera necesario, pueda a su vez guiar y orientar por medio de una relación directa a sus alumnos. 

En lo que respecta al asesoramiento externo, sabemos ahora que realiza funciones tanto de guía, de consejo y consulta de los asesores internos (orientadores) y del equipo docente y directivo de los centros, y del mismo modo, le competen funciones como formador de éstos.

Existe a su vez, la figura del asesor interno – externo, el que aunque no pertenece estrictamente a la institución sí mantiene una relación más o menos constante, consolidándose como asesor directo de esta institución y trabajando con el equipo docente constantemente. Se trata de una relación de colaboración, en muchas ocasiones por medio del trabajo por programas ofreciendo su ayuda y sus conocimientos para construir entre todos, bien sea para la formación docente o una labor de consulta, de guía para la mejora de la educación.

Sale a la luz el término colaboración, objetivo actual (y deseable) tanto por parte de profesionales de un mismo centro que trabajan en equipo, incluyendo a la comunidad educativa, a las familias…, que comparten experiencias, que se apoyan, programan y toman decisiones juntos, reflexionan…, como el resultado de aunar esfuerzos tanto profesionales de un mismo centro con otros externos a éste, como puede ser con la figura del asesor externo antes mencionada. Este asesor externo puede pertenecer a otras instituciones o a otros equipos de profesionales, como son los equipos de orientación específicos o a instituciones como la universidad.

A raíz de esta relación, podemos destacar la importancia de la investigación – acción, que nace ante la necesidad de compartir el bagaje de los investigadores y los teóricos que poseen un conocimiento experto en una determinada materia, con la práctica y la experiencia de los docentes que se encuentran en ejercicio, dando lugar así a una rica retroalimentación entre ambos. Aunque se han hecho avances y se encuentra en creciente impulso, esta relación todavía no está totalmente implantada en el contexto general en el que nos encontramos, pues cada institución es diversa tanto en su práctica como en sus relaciones con la comunidad y con el entorno.

Es preciso destacar, que la visión que en estas conclusiones se está plasmando es aquella que es considerada como la más favorable de cara a la mejora de las prácticas educativas, el funcionamiento de los centros educativos, el óptimo aprovechamiento de los recursos…, y por tanto, para la atención integral y óptima del alumnado, objetivo último al que conducen dichas prácticas.  

Ante estas reflexiones y aportaciones que aquí figuran, se puede entender que son conclusiones extraídas de la información trabajada con las que se está de acuerdo y por las que se aboga.

Es importante resaltar, que esta visión todavía está en auge y en construcción, pues todavía queda mucho trabajo por hacer para la consecución de estos objetivos. Lo aquí concluido son los pasos que se considera debiéramos seguir para sacar el mayor partido a nuestras prácticas como futuros docentes, asesores/as, orientadores/as, educadores/as sociales… y para la revisión, asesoramiento y mejora de los que ya están en ejercicio.

Destacar la importancia del trabajo en red, pues nos guste o no, formamos parte de un todo, aunque estemos inmersos en una determinada institución formamos parte de un entorno en el que convivimos con más instituciones, organizaciones, administraciones y profesionales de otros ámbitos con los que es preciso coordinarse, colaborar y compartir prácticas de cara a un trabajo en común para la consecución de unos fines compartidos. Como profesionales o como institución, es sabido que no podemos atender de manera aislada ni por nosotros solos a todas las demandas que la sociedad actual nos requiere, por ello, se hace latente la necesidad de contar con el apoyo y la coordinación de otros entes, bien sean familias, administración, organizaciones o instituciones. Este trabajo en red alude a la coordinación y colaboración que se produce por ejemplo, entre varias escuelas de un entorno próximo, entre escuela y servicios sociales, escuela y organizaciones sociales, administraciones, entidades, instituciones… y éstas entre ellas a su vez. La combinación de posibles relaciones existentes en innumerable. Y este es un buen camino a seguir. Destacar la importancia de que las instituciones estén abiertas al entorno, a la relación con éste y todos los que se encuentran en él, que los equipos directivos sean tolerantes y estén abiertos a nuevas propuestas y recomendaciones como base para el trabajo en red y el asesoramiento externo.

Estando en posesión de estos conocimientos y tomando conciencia crítica debiéramos abogar por abandonar el individualismo y el aislamiento de las prácticas, tanto como profesionales como instituciones. Tendemos a considerar que cuando hacemos buenas prácticas o estamos satisfechos con nuestro trabajo, es mejor aislarlo y no compartirlo con los demás. Gran error nuestro, pues ni los demás se podrán beneficiar de nuestro trabajo ni nosotros de las aportaciones de los demás. Lo mismo ocurre cuando creemos que no lo estamos haciendo bien, o cuando nos acomodamos a prácticas poco laboriosas o no queremos ser cuestionados. Resulta una práctica cómoda pero poco factible de cara a la mejora y a la tan aludida calidad educativa.

Las prácticas por las que abogamos en este portafolios, pueden llegar a contribuir a la mejora de la profesión docente y a la disminución del malestar docente. El apoyo y la construcción conjunta, el compartir experiencias, incertidumbres, dejarnos orientar y asesorar en aquellos aspectos que no sabemos cómo abordar, puede contribuir a reducir las tensiones, la sobrecarga, la desmotivación, el sentimiento de haber fracasado. Probablemente, muchos de los compañeros/as de la misma u otras profesiones tendrán sentimientos similares a los nuestros, y otros podrán alentarnos y animarnos, e incluso guiarnos. El miedo a ser cuestionados, a confesar que no siempre sabemos cómo actuar ni estamos seguros de estar haciéndolo bien, conduce a prácticas como el individualismo y el aislamiento, del cual el malestar docente puede alimentarse.

Manteniendo la postura de la horizontalidad de las relaciones que se producen en el asesoramiento de y entre profesionales, en la coordinación y la colaboración, parece más oportuno compartir con los demás profesionales nuestras tensiones e incertidumbres y dejarnos asesorar mutuamente. Ello reducirá esa tendencia al encierro y fomentará relaciones muy productivas y valiosas en un proyecto común hacia la revisión y mejora de nuestras prácticas, contribuyendo así al bienestar docente. De esta manera, podemos ser conscientes de que la incertidumbre no solo nos ronda a nosotros mismos, sino también a los demás compañeros/as y podemos retroalimentarnos y asesorarnos unos y otros.

Finalmente, queda presentado mi pequeño collar de bolas, su proceso, su estructura y los resultados y evidencias que de este proceso he extraído. Con este semicierre final termina esta construcción que como he dicho, queda abierta para seguir añadiendo bolas a mi collar del asesoramiento, pues queda mucho camino por explorar todavía y muchas prácticas que abordar. 

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