UNA PROFESIÓN CUANTO MENOS PARADÓGICA

        “La enseñanza es una profesión paradójica. De todos los trabajos que son o que aspiran a ser una profesión, sólo de la enseñanza se espera que cree las habilidades y capacidades humanas que deben permitir a individuos y organizaciones sobrevivir y tener éxito en la sociedad del conocimiento actual. Al mismo tiempo se espera de los docentes que mitiguen y contrarresten muchos de los inmensos problemas que crean las sociedades del conocimiento, tales como un consumismo excesivo, una pérdida del sentido de comunidad y la ampliación de las brechas entre ricos y pobres.”

Andy Hargreaves

       Esta profesión “paradógica” como afirma Hargreaves implica que el profesorado, en primer lugar, tenga una serie de habilidades y características personales que faciliten el desempeño de esta profesión y, en segundo lugar, que se reconozca así mismo con sus cualidades y habilidades y con sus puntos débiles para facilitar el reconocimiento de los demás hacia el mismo, facilitando la creación de su identidad profesional como docentes. Tarea que no resulta fácil debido a la situación tan dura que viven el profesorado, en la que se cuestiona todo lo relacionado con ellos pero, al mismo tiempo se les responsabiliza de los cambios y las transformaciones que debe tener la sociedad, pues se espera del profesorado más que de otra profesión, entrando en un paradoja con respecto a esta profesión: la enseñanza es una de las profesiones más importantes para la sociedad pero, a la vez es también la más desvalorizada de todas, provocando entre el profesorado un sentimiento negativo frente a su labor profesional, lo que se conoce como malestar docenteentendido como «el conjunto de consecuencias negativas que afectan a la personalidad del profesor a partir de la acción combinada de condiciones psicológicas y sociales en que se ejerce la docencia» (Esteve, 1987)

 

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