6. Conclusiones desde la cima

6. Conclusiones desde la cima

Última actualización de en Antía Prado

Aunque el proyecto de Gustáve Eiffel se ajustaba a los requisitos del concurso, y como tal fue el ganador, cuando se aceptó construir su torre, se hizo sin mucho entusiasmo y con intención de levantar un monumento temporal. Así empecé yo los primeros días de construcción de mi torre también, esperando un aprobado que me iba a costar cuatro meses de trabajo; pero, después de ese tiempo, las tecnologías de mi vida volverían a ser las redes sociales y el ordenador.

Ahora me doy cuenta lo equivocada que estaba… Que, sin duda, todo lo que se nos pretendía enseñar no tiene fecha de caducidad, y sus utilidades a nuestro futuro ejercicio profesional son infinitas. Porque no se nos ha formado para trabajar con las nuevas tecnologías, sino en ellas. Lo que me llevo con más fuerza es la necesidad de una formación en Competencia Digital, ya no sólo para trabajar nosotros en el aula sino también para incidir en el desarrollo integral de nuestros alumnos: habilidades para gestionar la información, capacidad crítica para saber filtrar datos, medios y herramientas para dar rienda suelta a su creatividad, la interacción y el trabajo cooperativos en plataformas online como Stellae…

Y todo esto lo veo ahora desde la cima de mi Torre Stellae. Nació como un mástil de hierro forjado en un montón de piezas sueltas, inconclusas, confusas y deformes. Y finalmente se ha convertido en un faro que ha guiado mi proceso de iniciación en la Competencia Digital. Rompe el cielo, ofreciendo una panorámica de en lo que puede convertirse el aprendizaje cooperativo; y las vistas que ofrece conforman un entramado de conceptos e ideas interconectados entre sí bajo el hilo conductor de la Tecnología Educativa. Y así quedarán, perdurarán en el tiempo, imponentes como la Torre Eiffel.

 

“Mirada, objeto, símbolo, la torre es todo lo que el hombre pone en ella y que todo es infinito. Espectáculo mirando y mirando, edificio inútil e irreemplazable, mundo familiar y símbolo heroico, testigo de un siglo y monumento siempre nuevo, objeto inimitable y sin cesar reproducido, es el signo puro, abierto a cada tiempo, a todas las imágenes y a todos los sentidos, la metáfora sin freno; a través de la torre, los hombres llevan esta gran función de la imaginación, que es su libertad, ya que ninguna historia, por muy sombría que sea, jamás pudo quitársela”. Roland Barthes, (1964). La Tour Eiffel.