Dani Pregal

Estudiante de toda ciencia y de ninguna en concreto

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2.2 La confluencia entre orientación y asesoramiento (Análisis) del texto de Rodríguez Romero

Tras leer el artículo de Mar Rodriguez Romero sobre la confluencia entre el asesoramiento y la orientación la autora expone de un modo increíblemente nítido el sentido del distanciamiento y la innegalbe conexión entre ambas prácticas. A partir de su estudio realizare una pequeña reflexión en el sentido más literal de la palabra, confrontando las diferencias y analizando las similitudes de ambas prácticas que parecen precisamente un mismo nexo reflejado en dos realidades muy diferentes.

La orientación sin duda parte de forma ganadora si fuese menester medir el reconocimiento de sus expertos, debido sobretodo al conjunto de competencias que se le reconoce de forma neta a la orientación, que ha hayado un hueco profesional, legitimando su práctica sobre todo al encontrar institucionalmente una exigencia de profesionales diferenciados del maestro.

Sin embargo esto no es ni mucho menos una ventaja, pues estas mismas características enmarcan la orientación como disciplina  dentro de un cierto hermetismo en cuanto a su epistomología básica y a las prácticas que de ella se derivan y que a su vez conceden al asesoramiento un cierto mátiz de libertad.

La principal diferenciación de ambas prácticas parte de su mayor similitud, ya que parten de un proceso de apoyo, de consejo, de ayuda ante una demanda externa. En ambos casos como señala la autora tanto asesoramiento como orientación tienen un nexo en torno al desarrollo de “tácticas supervisoras” que tienen como objetivo el reforzamiento de los procesos de identidad. La diferencia a la que aludo estriba en que la orientación realiza una intervención directa a diferencia de la indirecta del asesoramiento.

El asesor trabaja con el profesorado en una relación horizontal, es decir, no hay una diferencia de estatus; en el otro extremo, el orientador actúa directamente con el alumnado en muchos casos obviando al profesor en el proceso de intervención o manteniendo con el una relación jerárquica en la que el profesor “es instruído” por el orientador.

El resultado ha sido que la orientación ha restado durante años importancia al valor intrínseco del profesorado mientras que el asesoramiento ha establecido cauces en los que su labor se dignifica de manera significativa.

La autora propone así mismo el cambio de roles, de trato con los colegas profesionales así como el cambio en las modalidades epistemológicas para acercar ambas prácticas.

No tiene sentido para el asesor diferenciarse como profesional del profesor, mientras que la orientación que si que está diferenciada debería mantener un estrecho vínculo con el profesorado y mejorar sus relaciones para obtener un feedback positivo y conseguir que el trabajo en ambas disciplinas (el que concierne al conocimiento experto, restando importancia al termino experto por sus connotaciones), de lugar a una serie de intervenciones donde orientador y asesor difuminen la barrera que les separa para trabajar con el docente y el alumnado de un modo coordinado y donde se valore y se tenga en cuenta la figura del profesor, se valore su experiencia y su importancia a la hora de emitir su juicio en los procesos de intervención, buscando una solución a los problemas más realista y duradera, basada en la cooperación.