2. Los primeros chapoteos

2. Los primeros chapoteos

Última actualización de en Beatriz Pena Alonso

Tirase al mar sin saber nadar con seguridad tiene parte de peligro y parte de locura, por eso es necesario ir entrando poco a poco, mojándose los piés, con confianza pero sin prisa. La prisa, un concepto que parece contrario al proceso de evolución tecnológica. Cada día los avances son más inminentes, y quien no corre con estos se queda atrás, muy atrás. Precisamente de esta idea hablaba en mi entrada Los retos de la educación en la modernidad líquida, en donde analizando las palabras de Bauman conseguía transmitir la sensación de que el mundo se centra hoy en el consumismo y en el hecho de que el conocimiento debe avanzar lo más rápidamente posible, sin quedarse mucho tiempo en una misma etapa de aprendizaje, pues la nueva visión social no concibe el quedarse parados, el ir poco a poco. Equipararse a este proceso sería como convertirse de la noche a la mañana en un medallista olímpico de natación, y eso era imposible para mi persona, y para cualquier otra que nunca antes hubiese deambulado por las entrañas del mundo tecnológico.

Por eso necesitamos ir poco a poco, probando, chapoteando en la orilla. No sin recelo empecé yo a chapotear con la Tecnología, transmitiendo desde un principio aquello que más podía estar influyendo en mi resistencia a su conocimiento: el hecho de que la tecnología convierte a las personas en seres dependientes y atados a su manejo. Esta idea cobraba sentido tanto en mi entrada Una mirada a la tecnología como en la sucesiva La tecnología en el cine: "Wall-e", a través de las cuales dejé florecer una opinión bastante negativa de cara al uso excesivo de los aparatos electrónicos, poniendo el foco de interés el la absorción que ejercen las tecnología en las personas, impidiendo que estas se den cuenta de lo que les rodea.  

Como tenía una visión tan contraria a este hecho, las noticias que comencé plasmando se dirigían, como es lógico, a la crítica. Critiqué que la tecnología arrastrase al oscuro fondo del mar a las personas, como un remolino. A mi, por supuesto, también me gustaba el agua que la tecnología nos ofrecía...¿quién era yo para rechazar la comunicación via telefónica con el resto del mundo? Aún así, me gustaba encontrar un punto de apoyo en aquellas noticias que nos exponían como víctimas de lo tecnológico, como en El Síndrome de la Llamada Imaginaria y la Nomofobia, patología causada por el miedo a estar sin el dispositivo móvil y a perder la conexión con las personas en todo momento.   

Demasiada negatividad para querer aprender a nadar en la tecnología, ¿verdad? Fue complicado, es cierto, porque como comentaba en el post Consumir - Colaborar - Producir: ¿dónde me ubico?, nunca antes me había convertido en productora, nunca había empleado las tecnologías como medio para aportar nada relevante o ingenioso que pudiese ser útil a los demás. Aprender a mantenernos a flote en la tecnología se trataba de convertirse en prosumidores, personas capaces de realizar un proceso de elaboración y curación de contenidos mucho más avanzado, con el fin de transmitir conocimientos sobre temas afines a la materia, ayudando a otros a chapotear para adentrarse en la tecnología, y eso no era tarea fácil.