3.3.- La colaboración

3.3.- La colaboración

Última actualización de en Dani Fernández Blanco

Al igual que existen diferentes realidades educativas existen diferentes culturas profesionales. Es decir, los centros educativos son concebidos como construcciones culturales, por lo que cada uno de ellos tiene una cultura profesional propia.

En este sentido, un elemento importante que forma parte de la cultura de cada centro es el tipo de organización y las relaciones existentes entre los diferentes profesionales, es decir, las culturas profesionales.

Hargreaves (1996) distingue cuatro modelos de cultura profesional:

- El modelo del individualismo fragmentado: que define una cultura que tiene su expresión en el trabajo aislado, en solitario y privado. Los profesores no comparten ideas ni recursos, ni intercambian experiencias sobre la práctica docente. El único medio de interacción entre ellos son charlas informativas celebradas en espacios ajenos al centro.

- El modelo de balcanización: caracterizado por el enfrentamiento entre profesores que compiten entre sí para buscar posiciones privilegiadas y de independencia de los demás grupos. Apenas existe comunicación y, a veces, se originan conflictos debido a la distribución de espacios, tiempos y recursos.

- El modelo de la colegialidad forzada: supone un funcionamiento individualista pero, por presión administrativa externa, se obliga a los profesores a trabajar en equipos para introducir innovaciones prefijadas desde fuera. Una vez terminadas estas reuniones los profesores vuelven a realizar un trabajo individual.

- El modelo de colaboración: se refiere a la asociación de personas unidas por vínculos de ideas, perspectivas, creencias y metas para que los objetivos comunes sean más valorados que los particulares de cada individuo. En los centros con este tipo de cultura se priman valores tales como la interdependencia, la apertura, la autonomía, la participación y la comunicación, todo esto en un marco de colegialidad y de colaboración con las demás personas.

En relación a estos modelos de cultura profesional, este mismo autor afirma que (1996) el individualismo constituye una rémora importante a la hora de conseguir que el centro funcione como una organización que, como tal, ha de dar respuestas coherentes y globales a muchas de las facetas de su funcionamiento.

Por este mismo motivo es necesario fomentar en los centros educativos una cultura de colaboración entre los diversos profesionales que trabajan en ella, pero no solo trabajando en equipo en situaciones puntuales, sino mediante la reflexión, el diálogo y el trabajo crítico.